domingo, 22 de julio de 2018

El duelo pendiente

  No he tenido el valor de hablar de lo de Paul, ni siquiera de permitirme verlo enteramente en mis pensamientos.
  Ahora pienso en su nombre y veo flashes de huesos sangrientos con su cabeza cortada encima, aún llevando puestos los lentes. Lo veo gritando aterrado, teniendo una agonía lenta y llena de miedo, de soledad, enfrentándose a la brutalidad inesperada que probablemente le llegó de alguien en quien confiaba. Veo esta imagen de los huesos o su rostro gritando desesperado cuando intento dormir, cuando pienso en abrir su Facebook, cuando hablo de mi ansiedad, cuando empieza la sensación de pánico en mi cuerpo.
  Estaba tan enojada con mi mamá por reducirlo todo al simple: "Seguro era gay y guapo, generó celos, envidia y un amante celoso..." y le dije muy claramente, con la indignación en la punta de la lengua: “lo dices por protegerte, por alejarlo y pensar que como tú no eres esto o lo otro no te puede pasar a ti", eso es lo que hace todo el mundo cuando culpa a las víctimas, tratar de des-afanarse, protegerse  y nunca imaginé que al no alejarlo, al no protegerme, vivo cada día con el terror de que pueda pasarme, de que pueda pasarte a ti también, de que pueda llevarse en su río de sangre la vida de todos los seres que amo.
  Realmente estaba tan desapegada de él por tantos años (en verdad hubo incluso un tiempo que no me acordaba de él, de la brevedad en que convivimos y fue mi crush), que todavía no me siento con derecho de sufrir tanto por esto... pero tenia que venir Paul a escribirme unos pocos meses antes de desaparecer y emocionarme intensamente al recordarlo. Sonreí con la idea de verlo, me visualicé (mientras me bañaba) platicándole mis años de vida desde la última vez que nos vimos, seleccionando las mejores historias, las mejores preguntas... pero al tratar de ponernos de acuerdo, los dos estábamos demasiado ocupados, los dos tardamos en responder una eternidad, hasta que la eternidad se impuso entre nosotros.
   El día que me enteré de su desaparición estaba probablemente jugando League of Legends con Roberto y en una pausa abrí el Facebook y vi uno de estos anuncios que siempre dan tristeza, pero uno no quiere ni leer bien porque incomodan. De principio no lo reconocí, luego leí su nombre y se me heló la cabeza. No podía creer que fuera cierto, pensé que era una mala broma y le escribí en Whatsapp: "wey, acabo de leer en FB que estás desaparecido, por favor contesta, dime que no es cierto" y tuve de verdad la esperanza de que me respondiera unos minutos más tarde haciéndome saber que era un malentendido. Me paré de la mesa y me fui a acostar y lloré y me retorcí de la pena. En mi mente hubo un instante en que fantaseé con tener poderes de Medium y lo vi, amarrado en un sótano lleno de materiales de construcción. Le hablé ahí, lo abracé, le pedí que me diera indicaciones de cómo encontrarlo. Tuve una visión muy rara de yo con mi familia preparando una sopa de pasta y de pronto, regresaba Juanito, mi gatito perdido y yo entendía que era un signo de que Paul regresaría a casa.
   Después de llorar y ensoñar con él y tener esta visión tan rara, decidí pararme de la cama, juntar a mi familia y preparar la sopa de pasta. Debo haber hecho sopa de pasta unas 5 veces esa semana y Juanito nunca regresó.
  Cada vez que pasaba por una casa con el tipo de ventanas que vi en mi ensoñación me detenía a ver si había algo raro ahí. Si veía a alguien con su color de cabello trataba de ver con detenimiento sus facciones, como si me lo fuera a encontrar afuera de una tienda... como quien va por los cigarros y nunca regresa.
  En las noches buscaba las noticias para saber si había aparecido. Encontré un archivo médico en internet que decía que sufrió depresión y llegué a pensar que pudo quitarse la vida. Vi noticias de la aparición de cuerpos no identificados que aparecieron colgados o ahogados en algún río.
  Al pasar unos meses y sin noticias de un cuerpo, lo imaginé a lo Chris McCandless, quemando su dinero y viajando libre hacia Alaska. Tuve esperanza y le decía a Bobby con orgullo, si no ha aparecido su cuerpo hasta ahora, tiene que ser porque está vivo.
  ¿Quién chingados podía pensar que a poca distancia de donde se le vio por última vez estarían sus huesos? Unos días antes de enterarme de que identificaron sus restos (unos cuantos huesos) sufrí un ataque de ansiedad por el problema que surgió entre dos queridos amigos en una obra que me costó un año de mi vida y una gran cantidad de estrés.
   Cuando supe lloré y me sentí estúpida, pero no quise ir al funeral, porque odio los funerales incluso de la gente que no es cercana... me atraviesan, me deshacen y estar ahí sola y desvelada entre tanta gente que era de verdad cercana a Paul, que de verdad fue parte de su vida y conocía sus gestos de memoria, me sentí indigna, miedosa, culpable por no haber hecho más que repostear su ficha de desaparición... No imprimí copias ni las llevé a los oxxos o al hospital general, porque parte de mi no tenía esperanza y me sentía estúpida. En dos días lo di por muerto, pero una parte menos cerebral y más humana quería tener esperanza y la esperanza es estúpida cuando te cae el balde de realidad en la cara. Cuando mi mamá me dijo que no existía Santa Claus fue una de las decepciones más fuertes de mi vida, pero no me enojé con mi mamá por engañarme, me enojé conmigo por creer. Hacer caso a la parte humana y pegar su foto me hacía vulnerable a esa decepción y no entendí que de todos modos lo era. Me sentí sola con un problema que no tenía derecho a llamar mío... pero lo era, lo es todavía.
   Me pregunté ¿cómo sanarme? ¿Cómo ayudar? ¿Qué se espera de mi? Y me vi como activista, llevando la causa a la comunidad gay, aunque no sé qué tan enterada estuviera su familia de su bisexualidad ni sé cómo vivió sus últimos años. No sé si pueda ser al fin de cuentas, un asesinato por su orientación sexual.
  Pensé en investigar exhaustivamente y encontrar por mi cuenta al asesino. ¿Cómo un asesino vive con lo que hizo? ¿Cómo es que esa persona está aún suelta en mi ciudad, disfrazado de un ciudadano corriente?
Me sentí tan inútil, porque incluso esas aspiraciones, esas grandes aspiraciones de intentar que su muerte tuviera un significado trascendente, de que en mi camino se haya puesto como un despertador para una lucha más grande que yo misma... venía en realidad del odio y la desesperación. Mi indignación más grande fue pensar lo azarosa e insignificante que es la vida, que al que obra bien no necesariamente le va bien, ni al que obra mal le toca "su merecido", al final todos nos sentimos buenos, justificamos todo "bien y mal" que hemos hecho y morimos de la misma manera estúpida, con dolor y miedo, solos en nuestro terrible proceso de desaparición, aunque todas las manos de nuestros seres queridos estén sobre las nuestras, no hay diferencia, no hay calma y es cada vez, en cada ser el martirio de Jesús expresado, un martirio doblemente devastador, porque no hay certeza de la resurrección.
  Para los demás, ¿qué es la muerte de Paul? Es un número más en la estadística, si es que les convino anotarlo. Para mí Paul ya no es ni siquiera Paul. Paul es la ansiedad, oscuridad, el temor de morir, de vivir en espera de la muerte (mía y de quienes amo) cada día y cada instante de mi vida; el temor de vivir y la culpa de estar viva cuando otros con mayores potenciales han sido arrebatados del aliento, de esto en donde todos estamos, que ya no sé si sirve o para qué, que me da placer, donde he sentido la pasión y la he visto en "los ojos niños" de otros, donde he amado a raudales pero de ¿qué ha servido?, si mi amor ha sido inútil, no ha sido capaz de salvar a nadie y si lo ha hecho, ha sido sólo por un tiempo... y en esta edad, en este punto que lo único que viene es más pérdida, siento la verdad que no vale "la pena".
  Y hasta hace poco decía: "para eso tenemos el corazón, para romperlo, porque con cada cicatriz se hace más grande", pero nunca pensé que podrían haber heridas que no sanan, que supuran y echan a perder las partes buenas. Pensaba también que "la pérdida significa haberlo vivido", pero ahora tengo duda de que esa experiencia realmente existiera fuera de una ficción bonita en mi cabeza y todas esas conexiones intensas se evaporarán también el día que muera. El día que muera yo y todos los que sentimos la vida y muerte de Paul, Paul no existirá más... su tránsito por esta vida no habrá significado nada fuera de más contaminación, menos agua y no mucho más.
  Quizás el día que supe sobre la muerte de Paul también jugué League of Legends. Hubo al menos dos años de mi vida que LOL podía animarme, distraerme, interesarme en la vida y dejar fuera lo inhabilitante del dolor. Me despertaba viendo videos de trucos para mejorar mis mecánicas, consciencia del mapa y cuando dormitaba, mis ensoñaciones eran con el stun de Morgana, la ulti de velkoz o de lux. Cuando murió Dexter, el perrito que era el amor de mi vida me deshizo por dentro un dolor inexplicable, pero al llegar la noche pude sacarlo de mi mente por un instante con la ternura de la voz de Neto y un juego. Es el juego como las drogas que no te quitan definitivamente el dolor pero si te hacen olvidar por un momento que todo lo que eres es un alma en pena. Que sin él tienes que enfrentar que te sientes perdida, que estás inconsolable y no que amar tanto es algo que implica un riesgo enorme...Perder  y perder la parte de ti que se iluminaba, que se sentía libre, feliz y llena de esperanza... es tener que aceptar el manto de la sombra y ver con dolor -en lugar de ilusión- las calles que recorríamos juntos, es aceptar que el amor nunca volverá a tener la misma forma y soñar a ratos, pero llena de dudas, con un más allá lleno de venturas, donde a lo mejor, si hay un Dios y es bueno, puedan volver a encontrarse. Y lo lloré mucho, lo extrañé, vi mi jardín vacío de su felicidad y fue un páramo árido ante mis ojos. No sé ahora por qué no puedo recordar lo bonito de su vida, de nuestra vida juntos... ahora sólo me queda la sombra de su muerte ante todo. Sólo lo imagino tieso al salir por la mañana de mi cuarto y la culpa de haberlo percibido algo triste la noche anterior y haberme quedado tranquila de que teníamos cita con el  veterinario por la mañana. Poco tiempo antes había muerto Hippie y desaparecido Juanito (mis gatos) todo mientras me fui tres días a la gira con el Coro de Cámara.
  Cuando estas cosas suceden misteriosamente siento paranoia. Por esos atisbos de paranoia temo intensamente desarrollar el problema que ha sufrido mi madre de sentirse perseguida por una secta y creer en diferentes momentos que todos participamos en ella. Mi paranoia no cree aún tener la certeza pero le da por la fantasía... que si un espanto, brujería, vecino maléfico... sobre todo porque son varios animalitos que es 5 años han llegado y desaparecido de mi vida. Puede ser también que el bosque es más salvaje y están expuestos a otros peligros o que hacia el final de su vida ellos han decidido venir a mi o que vienen a darme la lección de que no puedo salvar a todo el mundo y habrá muchas veces en las que necesitaré también ser salvada, quizás vinieron a salvarme por un momento , pero en lugar de quedarme con la lección adopté con mayor fuerza el terror de la pérdida y el desdén por la violencia con que la vida da y quita, la sensación creciente de su verdadera insignificancia y nuestro papel en este mundo como un actor que cree conmover a la audiencia con su más sincera entrega y al encender las luces descubre que el teatro siempe estuvo vacío.
Escuché en una entrevista con un asesino serial alguna vez, cómo intentaba hacer el “bien”, liberando a su víctima del posible sufrimiento que debería experimentar en esta vida y... aunque sea de forma atroz y violenta a veces me pregunto si tendría razón, si al final es mejor morir joven, sin tener que enfrentar la cantidad depérdidas que a partir de los 29 parecen venir una tras otra. A veces pienso que Jesús le sacateó al sufrimiento de perder a todos tus amigos, que hizo trampa cuando regresó a Lázaro porque no tuvo que vivir la profundidad del luto, ese corte en el canal de la conversación. Porque todos hablamos con Dios y con nuestros difuntos como si a través de la muerte se volvieran sensates... a veces pensamos que así también son algunos que están vivos... les hablamos en la mente pero no nos escuchan, mandamos buenos deseos y bendiciones como si pudieran realmente cambiar algo... voy a salir a pasear con mis perritas y seguiré escribiendo porque estoy como Ofelia en un río de lágrimas que no han salido y necesito desahogar. Esta ansiedad me abarca, me condena y claro, yo creo que he sido buena y no me la merezco, pero todos pensamos maravillas de nosotros mismos y quizás he sido injusta más de una vez, quizás... he hecho sólo lo que está en mis posibilidades, como el asesino de mi amigo y tú... y quizás cuando pare el dolor y el coraje pueda perdonarme, perdonarle, perdonarte o incluso aceptar nuestras sombras y comprender de verdad que no soy nadie para juzgarme, juzgarlo, juzgarte y en el fondo no hay nada que perdonar. Lo escribo y no deja escribir hacérsem e un nudo en el pecho me dan náuseas y miedo, pero quizás es parte de nuestra liberación. Continuará si Dios quiere...

viernes, 20 de julio de 2018

Hora de las brujas

Llevo un tiempo despertando a la hora de las brujas. Los últimos dos días han sido especialmente molestos porque he tomado pastilla, he hecho una cantidad de ejercicio impresionante y aún así nada parece ayudarme. Despierto llena de angustia con pensamientos ansiosos y no descanso lo que necesito. Hace un par de meses que sufro una severa crisis de ansiedad generalizada y no duermo tranquila. Hace dos semanas empecé con medicamento pero fuera de que al inicio de la noche sí caigo rendida sin insomnio, de todos modos he sufrido pequeños ataques de ansiedad al despertar más o menos a estas horas. 3am, la hora en que no puedes hacer nada, ni dormir, ni empezar tu día, ni tomar fotitos cools y subirlas en instagram.... #yodesesperada, #soyansiedad y #cuandonotengoansiedadsientotristeza... en resumen #estoyquemecargalachingada. Mi mente obsesivamente se encuentra con los mismos temas, veo la muerte ne todo y todos los que me rodean. Antes tenía este espíritu darqueto que pensaba en la muerte como algo romántico, mítico, distante y bello... no como algo que nos persigue a todos, no como eso que está a la vuelta de la esquina y no es bello, es doloroso, lleno de soledad, sufrimiento, angustia y frío; al menos así se han sentido los simulacros que he tenido y si me hubiera muerto de verdad, no me hubiera muerto serenamente, con aceptación, sin sufrimiento.
Ejercicio, pastillas, meditación y no encuentro la fórmula para salir de esta pesadilla y dormir aunque sea soñando fuckin pesadillas.
¿Qué es la vida humana? ¿Para qué vivimos? ¿por qué morimos? ¿cómo nos desapegamos? ¿cómo vivir con la muerte detrás sin que el terror te paralice? Son sólo algunas preguntas que vienen a mi mente a estas horas y a las que intento responder con diferentes filosofías, pero todavía nada me checa... preferiría vivir con la ignorancia de la muerte y disfrutar lo poco que hay por disfrutar en esta vida. Tengo miedo todo el tiempo y tengo miedo de tener miedo incluso cuando estoy haciendo algo "que me gusta" con gente que quiero. Tengo miedo de llegar a casa y enfrentarme con la noche, con la almohada. Estoy muy cansada y necesito salir de este agujero cuanto antes.

viernes, 19 de enero de 2018

Serpientes y payasos

Ayer volví a soñar con una serpiente. Soñé que hippie estaba jugando con una, como cuando la encontré aquella vez... yo estaba acostada en un puff y sentí una serpiente subir por mi pierna pero no me movía, me quedaba muy quieta mientras la sentía recorrerme con espanto. De pronto vi a hippie comiendo una víbora negra. Ya le había quitado la cabeza y se la metía a la boca poco a poco, saboreándola. Sentía orgullo de mi pequeña gatita y lo salvaje que era. Cómo si fuera otra escena estaba cabalgando junto con una niña pequeña. Me reía y divertía mucho con ella. Luego estábamos cenando en una mesa grande y yo le contaba la historia de la bella y la bestia, intentando recordar diálogos de las escenas que hemos representando.
Luego veo a la misma niña en una habitación con un señor grande  y feo de bigote, y creo que dos señoras o al menos una. El hombre tenía a La Niña en la cama, atrapando sus brazos la señora que recuerdo estaba sentada en frente en otra cama.
 Sé que la van a prostituir por primera vez. Creo entender por qué estoy ahí, para tenerla contenta antes de... Entro al cuarto confundida y veo a los que están con ella, les digo que no está bien lo que van a hacer, pero no recuerdo cómo. Me dicen algo como que no me meta, que es bueno para ella, que ella lo quiere y le pregunto directamente a ella. Ella me dice, pues... es una forma de ganar dinero verdad? Puedo aprender, me podría ser útil después? Yo un poco desencantada, pienso que no le puedo mentir, que como están las cosas es muy probable que tenga que prostituirse después... asiento con la cabeza como si tuviera mucho sentido, no sé si verbalmente digo sí u ok, pero procedo a recoger una serie de palos, bates y objetos que estaban en la cama listos para ser usados contra ella  y les digo muy cordialmente, nada más sin estos. Con permiso. Los adultos se echan a reír cínicamente, como si hubiera hecho la broma de su vida. Salgo pensando en el horror que le tenían preparado y se termina el sueño.
Hace muchos años que no soñaba con serpientes. Este es un poco distinto del resto de mis sueños, pero igualmente extraño.
Hoy soñé con un payaso. Recuerdo que Jimena necesitaba dos compañeros de viaje para alternar volante camino a veracrúz. Yo la estaba pensando porque nunca he manejado tanto tiempo y temía quedarme dormida. En el inter estaba yo en una tienda departamental gigante que pertenecía a riot games. Ahí trabajaba Julio, un amigo mío que hace tanto no he visto... y encontraba por la sección de ventiladores un perrito abandonado en un carrito. Lo llevaba muy cerca con un policía y aunque se reían de que me “molestara” por un perrito, encontraban al dueño inmediatamente. Me decía el dueño que estaba a su alcance visual y le había metido un susto al llevármelo. Que me fijara mejor la próxima vez. Luego platicaba con Julio y bajábamos una rampa eléctrica mientras le decía que me recomendara otra forma de ganar dinero con LOL que no fuera sólo el streaming... mientras me decía algunas cosas lo perdía y encontraba un bebé como de 2 años en un carrito. Miraba al rededor y no había nadie, así que me llevaba el carrito buscando un policía pero ahora no había ninguno cerca y recorría varios pisos y secciones del almacén con El Niño que tenía un chupón de flor azul, se lo quitaba y lo chupaba yo... le pregunté su nombre y me dijo “Lucian “ y pensé, si papá debe ser fan de LOL, a lo mejor me cae bien.  Cuando por fin encontré una oficina y pedía ayuda. No era atención a cliente sino dónde programaban algunas cosas de los juegos. Les decía “se llama Lucian” y nos reíamos juntos. Me decían que iban a pasar un reporte y luego venían con la terrible noticia de que un payaso pensaba que le robé a su hijo y quería hacerme pagar. Me mostraron su foto y había hecho una edición entre su cara de payaso y la mía y me asusté mucho. Empecé a caminar con ellos por el almacén para darme cuenta que estaba siguiéndome. Me sentía muy mal, les decía que me estaba por dar un ataque de ansiedad, me mareaba. Luego me decían que el payaso había pedido algo personal mío. Pero habían podido negociar darle un código sonoro y lo guardaban en una como arpa de plástico verde cuadriculada, que multiplicaba la velocidad sonora según la cuadrícula en la que se tocara. Él quedaba complacido y se llevaba al Niño y el arpa...

martes, 9 de enero de 2018

Llevo una semana en Bogotá y me la estoy pasando épico! Malas experiencias he tenido, pero he estado con mi gente y recuerdo después de un rato por qué es mi gente. He paseado y visto cosas lindas, cosas feas, pero lo mejor ha sido este quiebre en la rutina, este acercamiento con la familia que parece tan mía como suya y eso se siente raro, lindo en un sentido mágico-místico-rarísimo. A Robby lo asaltaron esta noche y me asusté un momento, pero debo confesar que unos segundos después estaba otra vez levitando en mi propio mundo... como si me faltara esa empatía a ratos buena, a veces maligna, que me quiebra en dos cuando algo le pasa a mis amigos... será la distancia?
Vi a Nubia y Pato y de verdad son cálidas como poca gente...
Tuve al menos 2 dejavú en la comida y mis hermanos dicen que tuvieron unos también. Dejavú colectivo o magia que sucede sólo en familia? Raro...
Me encanta verlos y sentirme tan orgullosa de ellos. Los amo. Sé que nuestro mundo se ha desarrollado distante, pero sí hay algo genial que pasa en mí cuando los dos están a mi lado.
Me encanta Bogotá. Podría vivir acá un rato... ahora me queda la espina de viajar más con ellos. Siento un nuevo aire de cambio, algo de inspiración... la curiosidad que tanto me hacía falta.

viernes, 5 de enero de 2018

Llevo en Bogotá 3 días y esta es la segunda vez que lloro. Como que acá no es común este tipo de exabruptos emocionales y me dan más ganas de tenerlos. No por el capricho pero por la necesidad de vaciar esta sensación de inadecuación social, donde me siento a ratos como en casa, a ratos como intruso... como que mi gente no es tan mi gente y existe un juicio de mi persona que ya había sobrepasado entre mis inseguridades más básicas... y ahora hay que repasar por ahí una vez más. Me gusta conocer un poco a Juli, pero no tengo mucho contacto con nadie más, como que los tíos son reservados en general,  amables, con un atisbo de sangre caliente que parecen guardar para el desacuerdo... yo qué se...
Bogotá es bonito, me gusta que al fondo de las calles se puede ver el campo, verde por todos lados. Me gustan sus paredes y calles de ladrillo... me gusta el acento que a poco de estar aquí se acostumbra el oído. Me gusta qué hay gente linda y amable. Los vendedores parecen venderte el alma entera envuelta en una serie navideña a la mitad de la noche... pero si no ven clara tu intención de comprarla, te dejan colgando como hoja seca en el vendaval del otoño... sola, tirada, muerta de frío. Y duele más... esa amabilidad luego desprecio es lo más duro que he tenido que tolerar sin acostumbrarme a que me ilusionen y me quiebren el corazón a cada rato. Y se rompe sí, y nadie se da cuenta, y cómo que da vergüenza aceptarlo, la cantidad de influencia que un extraño pueda tener en tí... en tu disfrute o repulsa tan variable de un instante a otro.
Pues no estoy sola nunca y no he fumado, tomado, desvelado, reclamado mi espacio y son 3 días. Sé que es poco como para estar ansiosa, pero empiezo a sentirme en ese modo atrapado, que me da hasta en mi propia casa cuando no puedo optar por hacer algo, cualquier cosa que se me venga en gana... cómo salir o bañarme o dormir nada más porque sí, cuando se me antoja.
Todavía nada grave, pero va un poco... crece-decrece como una depresión bipolar que se balancea entre el éxtasis y el abismo...
Lloro porque me gana la emoción, porque soy mala para reprimir el dolor o el miedo. Son cosas que aún no he aprendido a ocultar y no he visto el beneficio en hacerlo. Podría parecer más fuerte pero no lo soy y prefiero no andarme con engaños. Soy frágil, ni modo. No quiero aparentar ser fuerte, cuando en esos aspectos no soy una mujer crecida... soy una niña pequeña y no necesito hacerla crecer por impostura.


martes, 12 de diciembre de 2017

Despertó con un espantoso nudo en la garganta, con una carcajada atorada en el pecho,  con un movimiento en el estómago que pone la piel de gallina (la gente dice que es bonito, osan llamarlo mariposas... pero son termitas las hijas de su re*€¥%#& madre!!!, sí duele y duele feo!) con unas ganas de llorar porque pasó la mosca, que no se quitan con nada, aunque llore y  llore (alguien le dijo que "sus ojos son el mar"... pues chingada madre, se le ponchó el ojo derecho!). A la mitad del sollozo más desesperado, aparece una risa psicótica para hacerle sentir más bipolar de lo que es en realidad, y cómo loca, siente inmaterial el mundo que le rodea (flota, sí, ¿o es el mundo el que se mueve?) el universo es poco a poco más chicloso, tanto que siente ahogarse entre arenas movedizas de dulce de leche. No es rico, pero sí. La vida es gris y nada le importa... y luego todo brilla, pero le hace llorar, porque no puede alcanzar su resplandor. Siente ansiedad y miedo y se pone rara como niña insegura, con miedo de ser regañada, miedo al rechazo sí, pero no al rechazo en sí mismo por el dolor del ego, sino a estar sola con toda la culpa... que el sentimiento pase al plano racional y no puedan perdonarla por sentirlo, a ser mala por comparación y estar sola con las consecuencias... es impotente. Puede, es bien capaz de cortarle una pierna al sentimiento, tirarlo en el mar (que le queda en el ojo izquierdo) y amarrarlo de una piedra. Guardarlo en una cajita y no mostrárselo a nadie, dejarlo empolvarse en un rincón secreto y si lo hace... se esfumará del todo en unos 3 años, volverá a sentir algo como en 5... y aunque el tiempo ahora pasa más rápido es muy mala callando cosas, se le escapa por el gesto y grita por las noches a modo de insomnio. La emoción es un pájaro rebelde, voluntarioso, hace lo que se le da la gana y nunca  se posa donde se espera, donde "debe". Y es rebelde ella también, porque se niega a ser un cordero abandonado a su suerte. Quisiera dar voz a lo que siente, manipular la balanza de su destino. Le espanta amordazarlo hasta la asfixia, exiliarlo como a un bandido porque el maldito viene siempre fuera de tiempo... porque aunque duela (en el cuerpo, no sólo en la cabeza), aunque se confunde y obsesiona,  la centra y le da foco. La llena de una energía maniática que la vence, la desmadra y le da valor para lanzarse al abismo nuevamente.

lunes, 11 de diciembre de 2017

1 SANGRE SOBRE LA NIEVE


Los ruidos de la fiesta rebotaban por los rincones de la casa, aturdiendo la paz del invierno. Afuera, los caminos, los huertos y las copas de los árboles se vestían de blanco, pero adentro hacía un calor insoportable, entre el fuego de la chimenea y la transpiración amarga de la gente que comía y bebía amontonada en las mesas. 
Nadia luchaba por no estar ahí, intentaba navegar en las tormentas del pensamiento, pero el chasquido insoportable de dientes y cubiertos que generaban los comensales, unido a las carcajadas tan casuales como espeluznantes, la obligaban a salir del oleaje de sus cavilaciones y la hacían encallar, inevitablemente, en el  fango de su tortuosa realidad.
Nunca había coqueteado con el barranco y ahora llevaba dentro su semilla. Una mezcla de espanto y desesperación la recorrió de los pies a los dientes. Sabía que bastaba un golpe más entre copas, una sola sonrisa condescendiente, para perder el control de su garganta y verterse en un rugido.
Fantaseaba con aquella celebración desde que tenía trece años y sus amigas del colegio la llevaron tras los arbustos para espiar a Paolo bañándose en el río. Nunca había visto nada tan bello: su piel bronceada resplandecía bajo la luz del sol y su cabello castaño serpenteaba con el céfiro. Un clavado de aquél cuerpo perfecto bastó para cautivarla y, cuatro años más tarde, parecían cumplirse sus sueños. Se suponía que debía vivir feliz por siempre, con los labios vibrantes destilando dulzura; sin embargo, el dejo agrio de la pesadilla saturaba su gusto.
-        Te quiero para mí, serás mi esposa – le dijo aquel otoño, conmoviendo su ingenuidad antes de hacer el amor bajo un árbol calvo.
Cuando Paolo pidió su mano, el corazón niño parecía salir de su pecho.  Nadia creyó que se debía a la emoción, pero si hubiera descifrado la advertencia que dictaban sus latidos, en código Morse, no se habría apresurado a arrastrar la pluma sobre el papel, no se hubiera deshilado su alma al encontrarlo en la cocina, a escasas horas de su enlace, con la lengua atragantada en otra boca y las manos penetrando un escote ajeno.
Tomó a su madre del brazo, al momento que pasaba junto a la mesa.
-        Me siento indispuesta, quiero subir a descansar un minuto – le susurró, intentando ocultar su ansiedad.
-        ¡Pero si es el día más feliz de tu vida, no se te olvide que ésta es tu boda!
Al escuchar estas palabras, un velo cristalino enturbió sus ojos.
-        Sí, pero me duele la cabeza, quizás ha sido el champagne… Quisiera recostarme un momento. Bajaré antes del pastel.
-        Está bien, preciosa, no te demores – besó su frente y se marchó para atender a los invitados.
“El día más feliz de mi vida…”, repetía su cabeza enloquecida. “Si esto es lo más feliz que puedo ser, no quiero conocer el resto”.
Tomó discretamente el cuchillo que reposaba junto a la tarta y lo escondió entre los tules del vestido. Se dirigió hacia las escaleras y, cuando subía el primer escalón, la invadió tal repulsión por la casa y por todos los que festejaban en ella, que corrió a la salida, con la esperanza de refugiarse entre los vientos y escapar de su suerte.
Cuando atravesó la puerta, florecieron lirios de colores en la laguna que formaron sus ojos.
Marchó hacia lo alto del cerro y cuando se vio lejos de lo que conocía, dejó caer el cuerpo lánguido sobre la nieve.
El frío la rodeó con sus brazos paternales y por primera vez se sintió confortada. Su piel se erizó y comenzó a temblar entre sollozos. Fue un abrazo tan ceñido que la tentó a entregarse por completo.
Quería quedarse acurrucada para reposar sus penas, pero el canto lejano de unos lobos  inquietó su alma. Se llenó de miedo, como si aquella música sombría fuera un auspicio de muerte, pero nada podía aterrarla más que volver a la fiesta y ahogarse en el brillo embustero de aquellos ojos malditos.
Se puso en pie y comenzó a deambular sin rumbo, dejando a su paso una estela de llagas blancas sobre el hielo.
Se detuvo frente a un acantilado y miró el fondo por unos instantes. Todo abajo del monte se veía diminuto, a excepción del gélido mar, que pintaba de negro la costa. Los árboles simulaban ramitas de coliflor rodeando preciosas casitas de muñecas y desde ahí podía distinguir la suya, con la pequeña chimenea humeante que daba calor a la concurrencia.
Una melancolía inusual tocó su frente, mientras rememoraba las tardes compartidas con su madre junto al fuego. La señora zurcía, mientras Nadia ayudaba a terminar los bordados, y se comunicaban sin palabras, con un lenguaje encantador de sonrisas y miradas. “Ella es lo único que voy a extrañar: sus cantilenas desafinadas y sus caricias tiernas…”
Se quitó las zapatillas y las arrojó al vacío para ver cómo se encogían a la distancia. Nunca imaginó que se esfumarían por completo y se alejó por miedo a desaparecer también, aspirada por el poderoso aliento del vértigo.
Reanudó su caminata hasta encontrar lo que parecía una iglesia derruida. Casi no sentía las piernas y decidió parar un momento. Se sentó sobre una de las rocas caídas que se extendían por varios metros, formando un patrón que sólo podría distinguirse desde un terreno más alto, y su mirada se perdió persiguiendo el vaho que dibujaba cuervos y mariposas al deslizarse sobre la corriente de aire.
Tuvo la extraña sensación de haber estado ahí alguna vez, en un tiempo que superaba su memoria, o de pertenecer a ese espacio.
 “¡Qué bello lugar para descansar! Seguro en el verano se puede escuchar el romper de las olas sobre la playa y los gritos de las gaviotas fundidos con la brisa. Aquí me gustaría dormir por siempre.” Pensó.
 Sacó el cuchillo que había enredado en el vestido y lo recorrió con un dedo, sin apoyarse en el filo. Lo acercó a su muñeca izquierda y observó el reflejo de sus venas en el metal, luego lo llevó a su garganta y, sin poner fuerza, la acarició con el borde, de la parte baja del cuello hasta el mentón, como si intentara rasurar una barba imaginaria; por último, colocó la punta sobre su seno izquierdo, cuando sintió el lugar preciso, estiró los brazos frente a ella y  con un gran impulso los acercó a su pecho, pero al primer roce del fierro lo dejó caer, creando sólo un rasguño sobre su piel.
Puso saliva en su índice y lo pasó por la herida, intentando limpiarla, luego volvió a llevarse el dedo a la boca y al saborear su sangre salada pensó: “Necesito un momento. Lo haré con calma, encontraré el valor.”
Comenzó a cortar delicadamente las aplicaciones de perla que adornaban su vestido, intentando familiarizarse con el objeto. Permitió al dolor suspirar dentro de sus poros, rindiéndose a la experiencia placentera de su propia desdicha. Con cada centelleo que quitaba, parecía desplomarse un fragmento de su alma. 
Cuando terminó con los ornamentos, rasgó la cola. “Novia de la nieve, ésa seré”.
Recordó el esmero con que su madre confeccionaba su ajuar, sin permitir que nadie lo viera, y de la noche que entró a la recámara, cuidándose de no despertarla, para robar el velo unos minutos y lucirlo frente al espejo.
En un furor arrebatado se fue contra la gasa que aún colgaba de su cabeza, cortando accidentalmente uno de sus rizos.
Una ráfaga helada lo arrastró hasta el otro lado de las ruinas y, al verlo elevarse, recordó la voz de su abuela advirtiéndole por enésima vez sobre la terrible condena que podía acarrear el cabello perdido. Ella misma, desde que era una niñita, recogía la pelusa que quedaba en su almohada por la mañana o cualquiera que permaneciera en el cepillo y las peinetas, para incinerarla con la vela de noche; pues afirmaba que cualquiera que perdiera un cabello, estaría destinado a errar por toda la eternidad, buscando y recogiendo cada hebra de su desperdigada melena.
“Me quiero ir para nunca jamás regresar a esta tierra perversa.” Y se apresuró a buscarlo, cubierta de escalofríos.
Al levantarlo, removió un poco de la nieve que cubría el suelo y notó que había una inscripción.
Tomó uno de los harapos de la cola para sacudir la losa y, sólo entonces, comprendió que el lugar donde había estado sentada era una tumba y las ruinas pertenecían a un antiguo cementerio.
Intentó leer el epitafio, pero los bordes de las letras habían sido borrados con el tiempo y sólo pudo distinguir la palabra “olvidado”.
Se dirigió a otra de las lápidas y, al sacudirla, encontró lo que pareciera un nombre ilegible, seguido por la palabra “olvidado”. Así lo hizo con otras tres y fue lo mismo.
“¿Qué es este lugar?” se preguntaba, cuando en una de las paredes de lo que pudo haber sido una capilla, descubrió una inscripción parecida.
Se tardó un poco más en despejarla y parecía que faltaba un pedazo, pues se cortaban algunas palabras; sin embargo, la escritura era mucho más grande y clara:

“Bienvenido al cementerio de los olvid...
Nadie viene a limpiar nuestra tumb…
ni nos trae flores. Nuestros epitafios han…
cubiertos por la nieve durante tantos invier…
que las piedras mismas han olvidado nuestro nom…
Aquí yacen los muertos olvid…
y sólo aquél destinado al olvid…
puede pisar nuestro terreno”.

Empezó a nevar y las piedras ocultaron sus leyendas nuevamente. Nadia se quedó tan rígida, repasando mentalmente lo que acababa de leer, que daba la impresión de estar muerta. Los labios color índigo resaltaban de su rostro pálido y la piel de sus brazos había tomado un tono grisáceo. El ruido que generaban sus dientes al chocar entre ellos era el único signo vital manifiesto.
“Olvido, olvidados, olvidar, olvida, olvidada… olvidada… olvidada... olvid… ¡No quiero perderme!, quisiera morir, pero no sin alguien que me llore.” Desvariaba. “¿Cómo puede alguien perecer, sabiendo que la tierra misma ignorará que ha vivido? ¡No!, si muero aquí, nadie me guardará en su memoria. Cuando mamá se vaya, ninguno se acordará de mí. ¡Debo volver! Debo regresar y concebir. Un hijo genera permanencia y jamás olvida… Si me apresuro, llegaré antes de que oscurezca.”
Recogió los harapos de su ajuar. “Mi madre jamás me perdonará por lo que he hecho con el vestido”. Pensó iluminando su rostro con una risilla.
A pocos pasos del cementerio, escuchó un gruñido aterrador que resonó y creó eco en sus oídos. Dio una vuelta completa para adivinar su origen, cuando de pronto vio salir de entre los pinos a un lobo hermosísimo. Tenía el pelaje más negro que el carbón y los ojos del color del jade.
Se quedó estática, esperando que siguiera su camino, pero el animal no tenía intención de ir a ningún lado. Permanecieron mirándose sin romper el silencio o la distancia, hasta que el lobo comenzó a aproximarse, con un porte soberbio y andar pausado.
Nadia sintió hervir sus entrañas, pero no pudo evitar asombrarse de la majestuosidad de la bestia.  Cuando lo tuvo suficientemente cerca, extendió una mano para acariciarlo y al lobo no pareció molestarle. Su pelo era tan suave como el visón y después de un rato de sobar su cabeza, se agachó para abrazarlo, como lo hiciera con sus perros.
Sin aviso, el animal saltó a su pecho, provocando su caída, y un coro de aullidos penetró el ambiente. 
El sonido de aquel llanto tenebroso resucitó sus premoniciones. En cuanto Nadia intentó levantarse, la  fiera se lanzó contra su cuello, robándole un pedazo.  
Ella tomó el cuchillo, le dio una puñalada en el vientre y blandió el metal para ahuyentar al resto. El lobo negro se extravió chillando entre la bruma.
El dolor de Nadia era insoportable. Su sangre fluía como catarata y con su esfuerzo final se arrastró hacia el camposanto.
Rápidamente fue cercada por la jauría.
Arrojó el cuchillo lejos de su cuerpo. Ya no importaba la muerte o el olvido, sólo deseaba que terminara pronto su agonía.
Miró por última vez a su alrededor: La escarcha cubría las tumbas, muy parecida al velo de una novia, y se reconoció en aquel lugar, arropada por el frío.
Doce lobos se arrojaron sobre ella. Hicieron jirones los restos de su vestido y,  arrancando sus miembros, en poco tiempo la consumieron.
Donde yació Nadia, no quedó carne o trozos de hueso; sólo una mancha enrojecida desplegada sobre la nieve. El invierno consecuente, donde hubo sangre, creció una flor de Noche Buena.