domingo, 23 de diciembre de 2018

No son las 3:33 porque me dormí como a las 2:45, son las 6:42 y tuve un sueño aterrador. Había un hombre que pescaba en una laguna pequeña frente a mi casa con un gato siamés atravesado como carnada. Lo veía y me daba horror, especialmente por Quién y Rayita que estaban libres por ahí. Tenía un compañero, que de la misma manera sumergía el cadáver de un gato una y otra vez en la laguna. A cierta hora, cuando empezaba a oscurecer se decían: “no pudimos pescar nada bueno, pues comeremos gato otra vez.”
Mientras hacían el ritual, temía que me vieran, una vez que me vieron temí que me hablaran. Me preguntaba qué pez tan grande esperaban atrapar con ese tamaño de carnada y pensaba que sólo era lógico si quisieran pescar un tiburón, pero en la laguna realmente no habían.
Terminando de pescar 🎣 o más bien, remojar un gato una y otra vez, recogían sus cosas y pasaban por mi terreno. Me daba miedo, pero alguien más les hablaba. No sé si mi papá o mi mamá o alguien más (Roberto? Neto?) Justo antes estaba soñando que platicaba con Neto sobre estructuras del animé y sus villanos, una discusión sobre quién iba a dormir en qué cama... en fin, no sé claramente quién era la otra persona, pero les hablaba. En ese momento veía a Quién y Rayita caminando por el pasto, mientras éstos traían el cadáver escurriendo.
Uno de ellos se quejaba de tener hambre, de tanto tiempo que no lograban pescar. Recuerdo compadecerme y ofrecerles algo diferente de comer. Éste, que tenía cabello largo y barba me decía que ya no recordaba el sabor de las verduras con cierta melancolía y eso me emocionaba, lo compadecía y quería recordarle el sabor de las verduras.
El otro decía sentirse muy apenado y nada más nos agradecería un espacio en la cocina para cocinar su gato. Debo admitir que en ese punto me daba curiosidad cómo diablos preparaba un gato de comer y mientras yo hacía una preciosa ensalada caprichosa, veía al hombre poniéndole todas las especias al gato, lo que me daba la idea de ofrecerles pollo, a lo que uno me decía que estaría bien y el otro que no me preocupara.
De pronto estaba cocinando para este tipo que me daba terror, con la emoción de preparar algo tan rico que se olvidara de matar gatos. Él comía de todo y al final me pedía que le preparara un baño de tina que le caería muy bien... y que le preparara la cama, cada vez más invasivo. Ya no recuerdo cómo fue, pero de estar cenando en el jardín entraba a la cocina y empezaba a buscar algo con qué defenderme. Veía unas tijeras y me las ponía en la espalda entre el pantalón y la sudadera. Él entraba empujando la puerta abatible cuando todavía no cubría las tijeras y sentí miedo de que me cachara. Empezaba a jactarse de algo y decirme que yo qué podría hacer? Y agarraba un cuchillo pequeño, el de la fruta, con buen filo y le cortaba el borde de la nariz. Él se quejaba de lo filoso del cuchillo, pero se seguía acercando de modo amenazante y le enterraba las tijeras, pero seguía riendo, como retándome pero sin defenderse y con el cuchillito le cortaba los dos ojos y lo echaba. Cuando el otro se retiraba, veía que tomaba té de una tetera y dentro de la tetera estaba Quién con el cuello pelado y la lograba sacar y revivir, pero desperté muy agitada. Y al revisar la hora me encuentro con mensajes amenazantes de un tal Carlos que me ha mensajeado “hola te invito a salir” los últimos dos meses por redes sociales y yo no le contesté. Ahora me escribió que si chingo a mi madre porque soy su ligue de pueblo... y no sé qué tanta hostilidad. Voy a intentar dormir y luego veo si bloqueo al susodicho.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Estoy en casa de Liz y reí como hacía años que no lo hacía. Esta semana ha sido un re descubrimiento   De mis amores, de mí, de todos y todo lo que vibra en mi corazón y sentía sepultado... aquello que temía haber perdido. Me siento feliz, renovada, agradecida. Siento hoy que dejar un mundo para habitar otro no es carecer de raíces, haberlo perdido todo, sino me hace parte de los dos y ambos parte de mi. Quisiera habitar más mundos. Llenarme de el universo entero y expandir mi amor. Agradezco  infinitamente esta oportunidad de compartir el aire con seres tan libres, tan delicados y complejos, tan reales y tan de fantasía. Los amo, casi podría decir que demasiado y me encantaría tener una vida entera para dedicarle a cada uno de ellos.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Accidente Charlestón

Son las 3 de la madrugada, como siempre que me despierto así. Mientras dormía sentí agitarse mi respiración, tenía miedo... me repetía “respira profundo” una y otra vez desde la conciencia; era esta ansiedad que ya estoy tratando con antidepresivos leves, que había disminuido haciéndome pensar que estaba al fin “curada”. Y viene un día como hoy en que escucho mis pensamientos abrirse como lata de refresco, dejando salir el gas, trayendo descompresión y ¿por qué no?, un poco de  desesperación ... se agolpan a salir como burbujas sin control todas las emociones contenidas de horas, días, semanas atrás... para juntarse catastróficamente en un solo trago que sabe picante y se atora en la garganta, como si tuviera miedo de resbalar suavemente y se detuviera a 20 uñas, porque es el maldito trago que, como yo, sufre una crisis existencial y mientras todos los demás tragos disfrutan deslizándose, este siente que al llegar al estómago y mezclarse con los jugos gástricos perderá su identidad, aquello que le permite identificarse como trago y es de hecho una forma de muerte.
No todas las emociones que me desbordan son malas. De hecho hay una enorme ilusión. Siento amor bello, intenso, deseo de crear nuevos proyectos y miedo de no llegar a realizarlos...
En mi sueño ansioso mezclaba una sensación de libertad, ilusión, charlestón y la muerte atravesada, pasándose por el arco del triunfo todo ese anhelo, no dejándolo ser.
Con la voz semiconsciente rezo entre ensoñaciones, digo: “dios, permíteme suficiente vida para hacer esto”, pero se mezcla con un sentimiento de culpa, de indignidad, de no deber pedir para mí. Pido perdón por mis faltas, por mi egoísmo, luego mis oraciones se difuminan con un segundo plano donde escucho música divertida de rock?, me visto para cantar algo de los 20s, tengo una pluma en la cabeza, guantes largos y una sonrisa grande. Veo a Mikel del otro lado de la calle y lo amo. Quiero correr, cruzar la calle hacia él y pasa el accidente. No es a mí, no soy yo en el sueño, pero hay siempre la amenaza.
Aún dentro del sueño reflexionó la sutil similitud con la otra Ana...
[En un viaje a Durango con el Coro de Cámara nos invitaron a una cena y me quedé especialmente con dos recuerdos: el delicioso Mezcal que me dieron a probar y el viejito de la casa, que me parecía tan familiar. Al principio de la velada, cuando nos presentamos, me tomó de la mano fuerte y me dijo: “Ana, Ana... Bolena, Ana... Karenina, Ana Frank...”, quizás para enmarcarme entre Anas famosas, pero en mi corazón sonó a maleficio, porque fueron los nombres de Anas trágicas, condenadas, incomprendidas, Anas que murieron jóvenes; flores frágiles arrancadas de raíz]
Veo entonces a la mujer que corre cruzando la calle, feliz, emocionada, un poco divertida de pensar que el peligro quedó atrás y no puede ver que el metrobús a toda velocidad la espera más adelante.
 [La situación me recuerda una tarde curiosa en que intentaba explorar las creencias de mi amante, quien gustaba de consultar el orácilo del I Ching  y como Edward Bloom, se me ocurrió divertido preguntar cómo iba a morir. La respuesta fue muy extensa y ambigua, como todos los oráculos, y aunque me apena aceptarlo, muchas veces la tengo en cuenta, por supuesto, medio borrada y a conveniencia pero decía algo así: En el mejor momento de mi vida, cuando haya conquistado el éxito voy a sortear un gran peligro y cuando sienta que lo he superado por completo, miraré hacia atrás, quizás regodeándome por un momento y entonces... sucederá mi muerte. Siempre pensé que sería un accidente de auto o una enfermedad como el cáncer, pero claro que esa descripción puede adaptarse a cualquier cosa. Puede ser incluso una muerte metafórica o literal. Puedo mirar hacia atrás como un recuerdo, como un remordimiento o simplemente mirar el retrovisor.... puede ser fácilmente cualquier cosa y de hecho, miro hacia atrás todo el tiempo. Soy de naturaleza nostálgica y me fascina encontrar en el pasado la felicidad. A veces pienso positivo y encuentro que esta predicción me promete un clímax, y eso significa que hay algo más intenso y bello aún por vivir; pero cuando se apodera de mí el duende pesimista, temo conocer mayor felicidad o éxito del que poseo porque me acercaría inevitablemente al odioso final. De un modo inconsciente me ha hecho sentir enorme ansiedad sobre los momentos intensos y conmovedores de mi vida, me obliga a debatir internamente entre buscar o no ese clímax y rehuír al gran éxito... pero si los oráculos fueran verdad, como en la tragedia de Edipo, busque o no, huya o no, pasará lo que tenga que pasar.
Este semestre tuve una experiencia conmovedora como maestra. Tuve el mejor grupo que alguien pueda desear. Hicimos en jueves temáticos travestismo, héroes, pijamas, halloween... hicieron juegos de mesa y composiciones de trabajo final. Los hice y me hicieron abrazar nuestro potencial, pude a través de ellos emocionarme nuevamente por mi labor, por mi vida. Los amo y los voy a extrañar intensamente. La última clase me dejó el sabor de “nunca será mejor que esto” y hasta ese instante recordé que terminaron su ciclo conmigo y no volverán a ser mi grupo... Me abrazaron, me dijeron que mi clase era su clase favorita y fui tan feliz, que juré en ese instante me caería un rayo y terminaría con mi vida, porque ¿qué chingados sigue de eso?
Hace unos seis meses, cuando comenzaba mi crisis de ansiedad generalizada vi la serie Merlí y me daba paz, me hacía saber que ese es el tipo de docente que he buscado ser siempre... alguien que trascienda el aula y provoque curiosidad no sólo por una materia, sino por la vida. Cuando estaba viendo el final, me dio tal ansiedad que casi me desmayo. “Eso que quiero hacer lleva a la muerte”, sentí, a dejar de ser una vida para pasar a ser un símbolo en la vida de otros... un poco como es Meri Blunno para mí, quien no lo supo, pero me llevó a encontrar la llave del candado en mi mente. Con lo que aprendí, con esa curiosidad renovada, pude escapar de la casa de mi padre, entender que tenía derecho a dejarlo y estar en desacuerdo. Me salvó la vida en cierto sentido y ni siquiera al final pude agradecerle, pero si le dije que la amaba... el caso es que Meri para mí es una santa, es un símbolo de fuerza, de lucha, de libertad, de poder femenino, pero también de su costo. Pocas veces es sólo una mujer bella, de carácter endemoniado, madre de mi amigo, sensual, sexual, con sus errores, humana... La mártir y hermosa Santa Meri será siempre en mí luz, la llama.
Pero no me partió un rayo. Sigo viva hoy y no sé para qué, para seguirla cagando me imagino... pero “you have to loose to know how to win” o algo así dice Steven Tyler y "dream on".
En fin. Ya es de mañana y hablando con mi madre sobre el accidente que presenciamos, dice que todos tenemos nuestra raya, mejor morir rápido que lento y me mostró una bella tarjeta que obsequiaron mis padres como detalle cuando nací y dice: ¿Para qué vine al mundo? Ustedes son el motivo. ¿Cuál es mi misión? Entre ustedes la encontraré. Y en verdad creo que más allá de nuestros fines y sueños egoístas, venimos para el servicio de otros. Mi misión... no tengo ni puta idea.]
Anoche fui a comprar un vestido para el show de Año Nuevo en el que voy a cantar un repertorio estilo Nueva Orleans. (¡Este evento me tiene súper emocionada! Primero, porque voy a cantar un género distinto a lo clásico y la expectativa me refresca, me encanta poder expresarme mucho más libremente, de forma más juguetona y segundo, porque el pianista que me invitó es Lalo Ibarra y es invidente. Parece absurdo, pero el hecho de que sea invidente me llena de una felicidad profunda, porque por primera vez en toda mi carrera, sé que si me invita es porque verdaderamente le gusta mi voz, porque es puro oído y cómo me vea carece de importancia)  En lugar del vestido encontré una blusa con flequillos que parecía perfecta y llena de emoción caminaba de vuelta a casa de mi madre, cuando el cansancio de los pies nos desvió hacia una cafetería. El sonido de las sirenas (que siempre me recuerda a la canción de Pearl Jam) atravesó mi ingenua felicidad por un instante y vi por insurgentes el metrobús con el vidrio estrellado. Un choque pensé, cuando más adelante en el mismo carril me topé con la imagen de algo, que fuera alguien alguna vez... en un charco de sangre y tal como hiciera en la película de dos noches atrás, dije “¡Ay No!” Ente sollozos y me tapé los ojos. Mi mamá me protegió como si fuera una niña. Me abrazó y me señaló al otro lado de la calle un arbolito de navidad 🎄 “mira las lucesitas, no voltees hacia allá”. Lloré y recé por el cuerpo, por el conductor del metrobús que se veía muy angustiado, o al menos el tipo que vi dentro del metrobús se veía angustiado... no se si era el chofer, porque afortunadamente no vi cuando pasó, pero temí por mi, por mi ansiedad. Me pregunté, como dijo mi psiquiatra la última vez que platicamos: ¿qué es realmente lo que no quieres ver cuando te cubres los ojos?¨ Y las respuestas desbordaron mi cabeza. Traté de no entrar en pánico, de dejarlo pasar y pude. Me tomé un chocolate caliente con rosca de reyes, platiqué con Bobby y seguí un poco como si nada, hasta que apoyé la cabeza en la cama y como sabes, tu mente completa los pedazos faltantes de una imagen y la recrea a veces peor de lo que fue... con filtros que cambian de tono la sangre, saturando su color escarlata o ensombreciéndolo hasta que puedas ver reflejado en él el brillo de las lucesitas del árbol de  navidad y quise saber qué pasó en realidad. Busqué en las noticias y los hechos son: mujer de casi 40 años cruzó corriendo la calle y parecía librarse de los coches y no vio el metrobús que la atropelló.
Ayer crucé por ahí al menos tres veces. Tengo casi 40 años... en mi sueño estoy vestida para bailar charlestón y corro emocionada para abrazar a Mikel, se agita mi respiración, soy feliz, escucho Dixieland a lo lejos... es otra vida, es esta vida mezclada con la otra. Estoy apunto de llegar y pasa el metrobús atropellándome en otro cuerpo, con otras ilusiones, alguien que corre divertida y la ve cerca... se detiene, mira hacia atrás para regodearse un instante y luego no la ve más. Om mani padme hum. Requiem Aeternam.
Muero y al morir trasciendo todos mis amores... en esta vida no tuve alumnos, tuve hijos; no tuve amigos, tuve hermanos... si te conocí  y no te odié, te amaba. Si te odié fue porque te amaba también, pero no obtuve de ti esa calidez recíproca.
Si hoy me lleva el metrobús en mi último viaje quiero decir que no te amé menos por amar a alguien más, que lo que vivimos siempre fue especial para mi... como dije, soy naturalmente nostálgica y recuerdo en un altar cada momento que tuve la gracia de compartir contigo. Mis lunares son como tatuajes que representan los instantes que pudimos tener juntos, que sí tuvimos o tendremos en el laberinto de mi mente. Te amo de forma imperfecta, de forma egoísta, abstracta. Claro, no entiendo todo de ti y lo lamento. Te amo y está más presente en mí Ágape que Eros, aunque los siento convivir tantas veces como espinas del mismo zarzal.
Me encantaría tener suficientes vidas para conocer y comprender a fondo a los seres que amo, para compartir con ellos el resto de mi vida sin sentir que por ello abandono a todos los demás. A veces quisiera partirme en pedazos y darle un cacho de carne y sangre de mí a todos los que amo... más que como símbolo religioso, como símbolo de una parte de mi vida (que en el fondo pienso, era la verdadera intención de Jesús).
¿Qué es lo que no quiero ver entre fragmentos del accidente, las luces del árbol y el charlestón? Que sólo tengo una vida y que tengo que elegir (me pesa elegir) y por ende, descartar todo el resto de las opciones y me voy a morir innegablemente sintiendo que no viví lo suficiente, con sueños por cumplir. Dejaré atrás gente por la que no pude entregar mi vida... y es frustrante. ¡Fuck!
Es la 1 de la tarde y no sé si lo que no quiero ver es que sí quiero ver, es que sí tengo un poco de ese morbo que juzgo, que si no veo, imagino de todos modos. No quiero ver que es terrible, pero en el fondo no me importa tanto. Mírame, puedo seguir viva sin importar que Paul ya no está, sigoadelante sin Dexter y Choncha y Pablo y Liz y mi mamá y Mariana y Jimena, Fátima, Emmanuel, Mike y mi papá... unos más vivos que otros, pero igual me hacen falta; igual los vivo como si la distancia fuera una pequeña muerte y cada despedida es como un pequeño asesinato para mi.
No quiero pensar más por ahora, dar tantas vueltas me tortura. Quiero Charlestón, bailar, dejarme ir, lucesitas del árbol de navidad, cantar, un Año Nuevo renovado, más flow y menos límites, más acción y menos ansiedad. Quisiera aprender a vivir más cerca y con menos apego, poder amar y seguir conectada a la distancia... sin que casa adiós sea el símbolo de un asesinato o un suicidio.

domingo, 22 de julio de 2018

El duelo pendiente

  No he tenido el valor de hablar de lo de Paul, ni siquiera de permitirme verlo enteramente en mis pensamientos.
  Ahora pienso en su nombre y veo flashes de huesos sangrientos con su cabeza cortada encima, aún llevando puestos los lentes. Lo veo gritando aterrado, teniendo una agonía lenta y llena de miedo, de soledad, enfrentándose a la brutalidad inesperada que probablemente le llegó de alguien en quien confiaba. Veo esta imagen de los huesos o su rostro gritando desesperado cuando intento dormir, cuando pienso en abrir su Facebook, cuando hablo de mi ansiedad, cuando empieza la sensación de pánico en mi cuerpo.
  Estaba tan enojada con mi mamá por reducirlo todo al simple: "Seguro era gay y guapo, generó celos, envidia y un amante celoso..." y le dije muy claramente, con la indignación en la punta de la lengua: “lo dices por protegerte, por alejarlo y pensar que como tú no eres esto o lo otro no te puede pasar a ti", eso es lo que hace todo el mundo cuando culpa a las víctimas, tratar de des-afanarse, protegerse  y nunca imaginé que al no alejarlo, al no protegerme, vivo cada día con el terror de que pueda pasarme, de que pueda pasarte a ti también, de que pueda llevarse en su río de sangre la vida de todos los seres que amo.
  Realmente estaba tan desapegada de él por tantos años (en verdad hubo incluso un tiempo que no me acordaba de él, de la brevedad en que convivimos y fue mi crush), que todavía no me siento con derecho de sufrir tanto por esto... pero tenia que venir Paul a escribirme unos pocos meses antes de desaparecer y emocionarme intensamente al recordarlo. Sonreí con la idea de verlo, me visualicé (mientras me bañaba) platicándole mis años de vida desde la última vez que nos vimos, seleccionando las mejores historias, las mejores preguntas... pero al tratar de ponernos de acuerdo, los dos estábamos demasiado ocupados, los dos tardamos en responder una eternidad, hasta que la eternidad se impuso entre nosotros.
   El día que me enteré de su desaparición estaba probablemente jugando League of Legends con Roberto y en una pausa abrí el Facebook y vi uno de estos anuncios que siempre dan tristeza, pero uno no quiere ni leer bien porque incomodan. De principio no lo reconocí, luego leí su nombre y se me heló la cabeza. No podía creer que fuera cierto, pensé que era una mala broma y le escribí en Whatsapp: "wey, acabo de leer en FB que estás desaparecido, por favor contesta, dime que no es cierto" y tuve de verdad la esperanza de que me respondiera unos minutos más tarde haciéndome saber que era un malentendido. Me paré de la mesa y me fui a acostar y lloré y me retorcí de la pena. En mi mente hubo un instante en que fantaseé con tener poderes de Medium y lo vi, amarrado en un sótano lleno de materiales de construcción. Le hablé ahí, lo abracé, le pedí que me diera indicaciones de cómo encontrarlo. Tuve una visión muy rara de yo con mi familia preparando una sopa de pasta y de pronto, regresaba Juanito, mi gatito perdido y yo entendía que era un signo de que Paul regresaría a casa.
   Después de llorar y ensoñar con él y tener esta visión tan rara, decidí pararme de la cama, juntar a mi familia y preparar la sopa de pasta. Debo haber hecho sopa de pasta unas 5 veces esa semana y Juanito nunca regresó.
  Cada vez que pasaba por una casa con el tipo de ventanas que vi en mi ensoñación me detenía a ver si había algo raro ahí. Si veía a alguien con su color de cabello trataba de ver con detenimiento sus facciones, como si me lo fuera a encontrar afuera de una tienda... como quien va por los cigarros y nunca regresa.
  En las noches buscaba las noticias para saber si había aparecido. Encontré un archivo médico en internet que decía que sufrió depresión y llegué a pensar que pudo quitarse la vida. Vi noticias de la aparición de cuerpos no identificados que aparecieron colgados o ahogados en algún río.
  Al pasar unos meses y sin noticias de un cuerpo, lo imaginé a lo Chris McCandless, quemando su dinero y viajando libre hacia Alaska. Tuve esperanza y le decía a Bobby con orgullo, si no ha aparecido su cuerpo hasta ahora, tiene que ser porque está vivo.
  ¿Quién chingados podía pensar que a poca distancia de donde se le vio por última vez estarían sus huesos? Unos días antes de enterarme de que identificaron sus restos (unos cuantos huesos) sufrí un ataque de ansiedad por el problema que surgió entre dos queridos amigos en una obra que me costó un año de mi vida y una gran cantidad de estrés.
   Cuando supe lloré y me sentí estúpida, pero no quise ir al funeral, porque odio los funerales incluso de la gente que no es cercana... me atraviesan, me deshacen y estar ahí sola y desvelada entre tanta gente que era de verdad cercana a Paul, que de verdad fue parte de su vida y conocía sus gestos de memoria, me sentí indigna, miedosa, culpable por no haber hecho más que repostear su ficha de desaparición... No imprimí copias ni las llevé a los oxxos o al hospital general, porque parte de mi no tenía esperanza y me sentía estúpida. En dos días lo di por muerto, pero una parte menos cerebral y más humana quería tener esperanza y la esperanza es estúpida cuando te cae el balde de realidad en la cara. Cuando mi mamá me dijo que no existía Santa Claus fue una de las decepciones más fuertes de mi vida, pero no me enojé con mi mamá por engañarme, me enojé conmigo por creer. Hacer caso a la parte humana y pegar su foto me hacía vulnerable a esa decepción y no entendí que de todos modos lo era. Me sentí sola con un problema que no tenía derecho a llamar mío... pero lo era, lo es todavía.
   Me pregunté ¿cómo sanarme? ¿Cómo ayudar? ¿Qué se espera de mi? Y me vi como activista, llevando la causa a la comunidad gay, aunque no sé qué tan enterada estuviera su familia de su bisexualidad ni sé cómo vivió sus últimos años. No sé si pueda ser al fin de cuentas, un asesinato por su orientación sexual.
  Pensé en investigar exhaustivamente y encontrar por mi cuenta al asesino. ¿Cómo un asesino vive con lo que hizo? ¿Cómo es que esa persona está aún suelta en mi ciudad, disfrazado de un ciudadano corriente?
Me sentí tan inútil, porque incluso esas aspiraciones, esas grandes aspiraciones de intentar que su muerte tuviera un significado trascendente, de que en mi camino se haya puesto como un despertador para una lucha más grande que yo misma... venía en realidad del odio y la desesperación. Mi indignación más grande fue pensar lo azarosa e insignificante que es la vida, que al que obra bien no necesariamente le va bien, ni al que obra mal le toca "su merecido", al final todos nos sentimos buenos, justificamos todo "bien y mal" que hemos hecho y morimos de la misma manera estúpida, con dolor y miedo, solos en nuestro terrible proceso de desaparición, aunque todas las manos de nuestros seres queridos estén sobre las nuestras, no hay diferencia, no hay calma y es cada vez, en cada ser el martirio de Jesús expresado, un martirio doblemente devastador, porque no hay certeza de la resurrección.
  Para los demás, ¿qué es la muerte de Paul? Es un número más en la estadística, si es que les convino anotarlo. Para mí Paul ya no es ni siquiera Paul. Paul es la ansiedad, oscuridad, el temor de morir, de vivir en espera de la muerte (mía y de quienes amo) cada día y cada instante de mi vida; el temor de vivir y la culpa de estar viva cuando otros con mayores potenciales han sido arrebatados del aliento, de esto en donde todos estamos, que ya no sé si sirve o para qué, que me da placer, donde he sentido la pasión y la he visto en "los ojos niños" de otros, donde he amado a raudales pero de ¿qué ha servido?, si mi amor ha sido inútil, no ha sido capaz de salvar a nadie y si lo ha hecho, ha sido sólo por un tiempo... y en esta edad, en este punto que lo único que viene es más pérdida, siento la verdad que no vale "la pena".
  Y hasta hace poco decía: "para eso tenemos el corazón, para romperlo, porque con cada cicatriz se hace más grande", pero nunca pensé que podrían haber heridas que no sanan, que supuran y echan a perder las partes buenas. Pensaba también que "la pérdida significa haberlo vivido", pero ahora tengo duda de que esa experiencia realmente existiera fuera de una ficción bonita en mi cabeza y todas esas conexiones intensas se evaporarán también el día que muera. El día que muera yo y todos los que sentimos la vida y muerte de Paul, Paul no existirá más... su tránsito por esta vida no habrá significado nada fuera de más contaminación, menos agua y no mucho más.
  Quizás el día que supe sobre la muerte de Paul también jugué League of Legends. Hubo al menos dos años de mi vida que LOL podía animarme, distraerme, interesarme en la vida y dejar fuera lo inhabilitante del dolor. Me despertaba viendo videos de trucos para mejorar mis mecánicas, consciencia del mapa y cuando dormitaba, mis ensoñaciones eran con el stun de Morgana, la ulti de velkoz o de lux. Cuando murió Dexter, el perrito que era el amor de mi vida me deshizo por dentro un dolor inexplicable, pero al llegar la noche pude sacarlo de mi mente por un instante con la ternura de la voz de Neto y un juego. Es el juego como las drogas que no te quitan definitivamente el dolor pero si te hacen olvidar por un momento que todo lo que eres es un alma en pena. Que sin él tienes que enfrentar que te sientes perdida, que estás inconsolable y no que amar tanto es algo que implica un riesgo enorme...Perder  y perder la parte de ti que se iluminaba, que se sentía libre, feliz y llena de esperanza... es tener que aceptar el manto de la sombra y ver con dolor -en lugar de ilusión- las calles que recorríamos juntos, es aceptar que el amor nunca volverá a tener la misma forma y soñar a ratos, pero llena de dudas, con un más allá lleno de venturas, donde a lo mejor, si hay un Dios y es bueno, puedan volver a encontrarse. Y lo lloré mucho, lo extrañé, vi mi jardín vacío de su felicidad y fue un páramo árido ante mis ojos. No sé ahora por qué no puedo recordar lo bonito de su vida, de nuestra vida juntos... ahora sólo me queda la sombra de su muerte ante todo. Sólo lo imagino tieso al salir por la mañana de mi cuarto y la culpa de haberlo percibido algo triste la noche anterior y haberme quedado tranquila de que teníamos cita con el  veterinario por la mañana. Poco tiempo antes había muerto Hippie y desaparecido Juanito (mis gatos) todo mientras me fui tres días a la gira con el Coro de Cámara.
  Cuando estas cosas suceden misteriosamente siento paranoia. Por esos atisbos de paranoia temo intensamente desarrollar el problema que ha sufrido mi madre de sentirse perseguida por una secta y creer en diferentes momentos que todos participamos en ella. Mi paranoia no cree aún tener la certeza pero le da por la fantasía... que si un espanto, brujería, vecino maléfico... sobre todo porque son varios animalitos que es 5 años han llegado y desaparecido de mi vida. Puede ser también que el bosque es más salvaje y están expuestos a otros peligros o que hacia el final de su vida ellos han decidido venir a mi o que vienen a darme la lección de que no puedo salvar a todo el mundo y habrá muchas veces en las que necesitaré también ser salvada, quizás vinieron a salvarme por un momento , pero en lugar de quedarme con la lección adopté con mayor fuerza el terror de la pérdida y el desdén por la violencia con que la vida da y quita, la sensación creciente de su verdadera insignificancia y nuestro papel en este mundo como un actor que cree conmover a la audiencia con su más sincera entrega y al encender las luces descubre que el teatro siempe estuvo vacío.
Escuché en una entrevista con un asesino serial alguna vez, cómo intentaba hacer el “bien”, liberando a su víctima del posible sufrimiento que debería experimentar en esta vida y... aunque sea de forma atroz y violenta a veces me pregunto si tendría razón, si al final es mejor morir joven, sin tener que enfrentar la cantidad depérdidas que a partir de los 29 parecen venir una tras otra. A veces pienso que Jesús le sacateó al sufrimiento de perder a todos tus amigos, que hizo trampa cuando regresó a Lázaro porque no tuvo que vivir la profundidad del luto, ese corte en el canal de la conversación. Porque todos hablamos con Dios y con nuestros difuntos como si a través de la muerte se volvieran sensates... a veces pensamos que así también son algunos que están vivos... les hablamos en la mente pero no nos escuchan, mandamos buenos deseos y bendiciones como si pudieran realmente cambiar algo... voy a salir a pasear con mis perritas y seguiré escribiendo porque estoy como Ofelia en un río de lágrimas que no han salido y necesito desahogar. Esta ansiedad me abarca, me condena y claro, yo creo que he sido buena y no me la merezco, pero todos pensamos maravillas de nosotros mismos y quizás he sido injusta más de una vez, quizás... he hecho sólo lo que está en mis posibilidades, como el asesino de mi amigo y tú... y quizás cuando pare el dolor y el coraje pueda perdonarme, perdonarle, perdonarte o incluso aceptar nuestras sombras y comprender de verdad que no soy nadie para juzgarme, juzgarlo, juzgarte y en el fondo no hay nada que perdonar. Lo escribo y no deja escribir hacérsem e un nudo en el pecho me dan náuseas y miedo, pero quizás es parte de nuestra liberación. Continuará si Dios quiere...

viernes, 20 de julio de 2018

Hora de las brujas

Llevo un tiempo despertando a la hora de las brujas. Los últimos dos días han sido especialmente molestos porque he tomado pastilla, he hecho una cantidad de ejercicio impresionante y aún así nada parece ayudarme. Despierto llena de angustia con pensamientos ansiosos y no descanso lo que necesito. Hace un par de meses que sufro una severa crisis de ansiedad generalizada y no duermo tranquila. Hace dos semanas empecé con medicamento pero fuera de que al inicio de la noche sí caigo rendida sin insomnio, de todos modos he sufrido pequeños ataques de ansiedad al despertar más o menos a estas horas. 3am, la hora en que no puedes hacer nada, ni dormir, ni empezar tu día, ni tomar fotitos cools y subirlas en instagram.... #yodesesperada, #soyansiedad y #cuandonotengoansiedadsientotristeza... en resumen #estoyquemecargalachingada. Mi mente obsesivamente se encuentra con los mismos temas, veo la muerte ne todo y todos los que me rodean. Antes tenía este espíritu darqueto que pensaba en la muerte como algo romántico, mítico, distante y bello... no como algo que nos persigue a todos, no como eso que está a la vuelta de la esquina y no es bello, es doloroso, lleno de soledad, sufrimiento, angustia y frío; al menos así se han sentido los simulacros que he tenido y si me hubiera muerto de verdad, no me hubiera muerto serenamente, con aceptación, sin sufrimiento.
Ejercicio, pastillas, meditación y no encuentro la fórmula para salir de esta pesadilla y dormir aunque sea soñando fuckin pesadillas.
¿Qué es la vida humana? ¿Para qué vivimos? ¿por qué morimos? ¿cómo nos desapegamos? ¿cómo vivir con la muerte detrás sin que el terror te paralice? Son sólo algunas preguntas que vienen a mi mente a estas horas y a las que intento responder con diferentes filosofías, pero todavía nada me checa... preferiría vivir con la ignorancia de la muerte y disfrutar lo poco que hay por disfrutar en esta vida. Tengo miedo todo el tiempo y tengo miedo de tener miedo incluso cuando estoy haciendo algo "que me gusta" con gente que quiero. Tengo miedo de llegar a casa y enfrentarme con la noche, con la almohada. Estoy muy cansada y necesito salir de este agujero cuanto antes.

viernes, 19 de enero de 2018

Serpientes y payasos

Ayer volví a soñar con una serpiente. Soñé que hippie estaba jugando con una, como cuando la encontré aquella vez... yo estaba acostada en un puff y sentí una serpiente subir por mi pierna pero no me movía, me quedaba muy quieta mientras la sentía recorrerme con espanto. De pronto vi a hippie comiendo una víbora negra. Ya le había quitado la cabeza y se la metía a la boca poco a poco, saboreándola. Sentía orgullo de mi pequeña gatita y lo salvaje que era. Cómo si fuera otra escena estaba cabalgando junto con una niña pequeña. Me reía y divertía mucho con ella. Luego estábamos cenando en una mesa grande y yo le contaba la historia de la bella y la bestia, intentando recordar diálogos de las escenas que hemos representando.
Luego veo a la misma niña en una habitación con un señor grande  y feo de bigote, y creo que dos señoras o al menos una. El hombre tenía a La Niña en la cama, atrapando sus brazos la señora que recuerdo estaba sentada en frente en otra cama.
 Sé que la van a prostituir por primera vez. Creo entender por qué estoy ahí, para tenerla contenta antes de... Entro al cuarto confundida y veo a los que están con ella, les digo que no está bien lo que van a hacer, pero no recuerdo cómo. Me dicen algo como que no me meta, que es bueno para ella, que ella lo quiere y le pregunto directamente a ella. Ella me dice, pues... es una forma de ganar dinero verdad? Puedo aprender, me podría ser útil después? Yo un poco desencantada, pienso que no le puedo mentir, que como están las cosas es muy probable que tenga que prostituirse después... asiento con la cabeza como si tuviera mucho sentido, no sé si verbalmente digo sí u ok, pero procedo a recoger una serie de palos, bates y objetos que estaban en la cama listos para ser usados contra ella  y les digo muy cordialmente, nada más sin estos. Con permiso. Los adultos se echan a reír cínicamente, como si hubiera hecho la broma de su vida. Salgo pensando en el horror que le tenían preparado y se termina el sueño.
Hace muchos años que no soñaba con serpientes. Este es un poco distinto del resto de mis sueños, pero igualmente extraño.
Hoy soñé con un payaso. Recuerdo que Jimena necesitaba dos compañeros de viaje para alternar volante camino a veracrúz. Yo la estaba pensando porque nunca he manejado tanto tiempo y temía quedarme dormida. En el inter estaba yo en una tienda departamental gigante que pertenecía a riot games. Ahí trabajaba Julio, un amigo mío que hace tanto no he visto... y encontraba por la sección de ventiladores un perrito abandonado en un carrito. Lo llevaba muy cerca con un policía y aunque se reían de que me “molestara” por un perrito, encontraban al dueño inmediatamente. Me decía el dueño que estaba a su alcance visual y le había metido un susto al llevármelo. Que me fijara mejor la próxima vez. Luego platicaba con Julio y bajábamos una rampa eléctrica mientras le decía que me recomendara otra forma de ganar dinero con LOL que no fuera sólo el streaming... mientras me decía algunas cosas lo perdía y encontraba un bebé como de 2 años en un carrito. Miraba al rededor y no había nadie, así que me llevaba el carrito buscando un policía pero ahora no había ninguno cerca y recorría varios pisos y secciones del almacén con El Niño que tenía un chupón de flor azul, se lo quitaba y lo chupaba yo... le pregunté su nombre y me dijo “Lucian “ y pensé, si papá debe ser fan de LOL, a lo mejor me cae bien.  Cuando por fin encontré una oficina y pedía ayuda. No era atención a cliente sino dónde programaban algunas cosas de los juegos. Les decía “se llama Lucian” y nos reíamos juntos. Me decían que iban a pasar un reporte y luego venían con la terrible noticia de que un payaso pensaba que le robé a su hijo y quería hacerme pagar. Me mostraron su foto y había hecho una edición entre su cara de payaso y la mía y me asusté mucho. Empecé a caminar con ellos por el almacén para darme cuenta que estaba siguiéndome. Me sentía muy mal, les decía que me estaba por dar un ataque de ansiedad, me mareaba. Luego me decían que el payaso había pedido algo personal mío. Pero habían podido negociar darle un código sonoro y lo guardaban en una como arpa de plástico verde cuadriculada, que multiplicaba la velocidad sonora según la cuadrícula en la que se tocara. Él quedaba complacido y se llevaba al Niño y el arpa...

martes, 9 de enero de 2018

Llevo una semana en Bogotá y me la estoy pasando épico! Malas experiencias he tenido, pero he estado con mi gente y recuerdo después de un rato por qué es mi gente. He paseado y visto cosas lindas, cosas feas, pero lo mejor ha sido este quiebre en la rutina, este acercamiento con la familia que parece tan mía como suya y eso se siente raro, lindo en un sentido mágico-místico-rarísimo. A Robby lo asaltaron esta noche y me asusté un momento, pero debo confesar que unos segundos después estaba otra vez levitando en mi propio mundo... como si me faltara esa empatía a ratos buena, a veces maligna, que me quiebra en dos cuando algo le pasa a mis amigos... será la distancia?
Vi a Nubia y Pato y de verdad son cálidas como poca gente...
Tuve al menos 2 dejavú en la comida y mis hermanos dicen que tuvieron unos también. Dejavú colectivo o magia que sucede sólo en familia? Raro...
Me encanta verlos y sentirme tan orgullosa de ellos. Los amo. Sé que nuestro mundo se ha desarrollado distante, pero sí hay algo genial que pasa en mí cuando los dos están a mi lado.
Me encanta Bogotá. Podría vivir acá un rato... ahora me queda la espina de viajar más con ellos. Siento un nuevo aire de cambio, algo de inspiración... la curiosidad que tanto me hacía falta.