sábado, 17 de enero de 2026

El gato de Edimburgo



En la marina quieta,
Donde embarcan los cruceros,
En el mar sin riscos
ni viento en los cabellos
Donde ninguna historia épica comienza
Ni hay pastizales esmeralda de ensueño

Con los pies cansados como los sueños,
Entre macetas de peonias 
Nos sentamos derrotados
A comer un sandwich de pollo.

Otro par de románticos decepcionados 
A la orilla del canal silencioso
Decidió consolar 
El gato de Edimburgo

Acarició nuestras vidas
Con el pelo más suave que la pradera,
Negro como si leyera
En mí Lo bruja, 
La escoba bajo el brazo que me tenía levitando.

Quizás atraído por el pollo
Vino como un amigo a rescatar la tarde, 
Trajo el presente de su confianza
con modales dignos de los altos lores 
y en agradecimiento le di todo el pollo que quisiera.

Lamió nuestra mano, 
se echó en mi regazo por un rato
Lo escudé de un perro transeúnte
Y lo creyeron mío,
Porque mío fue por un instante.

Luego se echó entre las flores a 
Lamerse las patas,
A disfrutar del sol
Cercano en la distancia
se dejó admirar
Por mis ojos hambrientos de belleza.

Luego se fue
Como cada bendito instante
Sin decir adiós,
arañando por siempre la memoria.


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