sábado, 17 de enero de 2026

I
Entre el jazz y un poema
bailé 
Cómo niña pequeña.

Sentí tanto y tanto miedo
Porque tuve lo que quise
Y no fue lo que quiero.

II
Quería encayar
en mar de cabellos, 
romper ola en su costado
Y fue cierto,
Pero quería encontrarme
Y me acabé perdiendo;
Quería la luna
Y me ahogué en su reflejo.

III
Me dan miedo los eclipses
Porque no puedo con las ganas de mirar el sol
Y mis ojos se llenan de pájaros 
Negros. 

IV
Entre dos naves de piel perfecta,
Fundé mi iglesia.
Fui amada
Fui amor,
Amé, 
Amén.

V
Solo de guitarra improvisando un poema
Y en compás de tres 
Fuimos himno
hasta que fuimos silencio.


Soy nómada, libre, poeta
Soy ráfaga y suspiro
Llovizna y tormenta
Nunca quise ser
El pájaro que canta en una jaula.

Nunca quise no caer en tentación 
Pero me detuvo el Dios de mi madre,
El juicio ajeno,
La sentencia de puta
Que determina el tipo de Santa que no puedo ser. 


Quiero una vida auténtica 
Y preciosa
Con los puntos sobre la ies 
Donde de miedo
No ser yo
Por sobre el que dirán 
Donde tome 
Las mieles del destino
Del sexo
Del amor profundo
En el enlace de mentes
De cuerpos
De espíritus vibrantes
Armoniosos
En lo bello
En lo puro y entregado.




Donde voy

Ahí a donde voy va la magia

Va la estrella de Esperanza

Van sus sueños y los míos.

Ahí a donde voy, voy yo, entera.


Saboreo cada momento como si fuese 

El último bocado de un gran festín.

Soy turista en mi propia vida,

Me desgarro los disfraces,

Me sumerjo en los mares

Y vuelvo limpia

Con la sal de los anhelos pasados.


Fui una niña-adulta, un alma vieja

Perdida entre libros viejos y su polvo 

el tiempo pasó y me encontré

adulta-niña, saliendo de un libro

al compás de nuevas curiosidades. 


Ahí a donde voy va la magia

La estela de luciérnagas 

La música de baile


Donde voy

Me siguen 

las hormigas y los charcos,

Los desvelos 

De clavadistas 

En pláticas profundas 

Y mares de copas

Y copas de árboles que se mecen en la noche.


A donde voy 

va mi sombra por delante.

No me sigue,

La persigo yo,

Porque me lleva

Atreves de mis miedos.


Me guía por el bosque denso

al encuentro de la bruja, 

La loca

Y La ninfa.


A la casita que se enciende 

En la luz de mis ojos.

Nos hacemos una y las noches de 

viernes 13

 bailamos juntas

hasta que amanece.


Quizás extraño, te extrañe

Quizás vuelva en un parpadeo 
a donde las luces hacen temblar mi alma. 
Quizás huya 
en un parpadeo a donde la felicidad clama. 
Quizás estos desvelos de llanto y expectativa 
se vuelvan mariposas en un bordado de sueños.

Quizás no estés conmigo 
pero te lleve en la maleta de mano. 
Quizás me lleve a mi misma, 
ilusionada de ver tantas estrellas.

Quizás muera 
atropellada por una manada de bicicletas salvajes, 
perseguidas por el tiempo, 

Quizás vuelva y vuelva a ser yo misma 
sin los agobios del hubiera.
Quizás mi sonrisa dure un verano 
en el que esté enamorada 
y al otoño se caiga del árbol como una hoja seca, 

Pero será ahí, pero seré yo y no tendré miedo.
Estaré ahí, acompañada de un incendio de poemas, 
de rieles que van a casa y casa es siempre el calor de los amigos.

Quizás cierre los ojos y amanezca en un mundo nuevo.
Quizás te extrañe y los cabellos blancos de mi madre, 
sus dulces besos y los tuyos.

Quizás extrañe meter mi lengua en tu aretito, 
encaramarme en tu espalda por las noches, 
ser un pretzel carnívoro entre piernas.

Quizás un día me revuelque la nostalgia 
por los juegos con Nico, los rizos de Luluberto,
El raúl de Raven, 🐦‍⬛ los lengüetazos ásperos de Naní, 

Quizás extrañe todo cuanto conozco, 
pero tal vez, solo tal vez, estaré ahí,
Durmiendo en tus insomnios,
escribiendo tus mañanas 
y deje de extrañarme tanto a mí.


El gato de Edimburgo



En la marina quieta,
Donde embarcan los cruceros,
En el mar sin riscos
ni viento en los cabellos
Donde ninguna historia épica comienza
Ni hay pastizales esmeralda de ensueño

Con los pies cansados como los sueños,
Entre macetas de peonias 
Nos sentamos derrotados
A comer un sandwich de pollo.

Otro par de románticos decepcionados 
A la orilla del canal silencioso
Decidió consolar 
El gato de Edimburgo

Acarició nuestras vidas
Con el pelo más suave que la pradera,
Negro como si leyera
En mí Lo bruja, 
La escoba bajo el brazo que me tenía levitando.

Quizás atraído por el pollo
Vino como un amigo a rescatar la tarde, 
Trajo el presente de su confianza
con modales dignos de los altos lores 
y en agradecimiento le di todo el pollo que quisiera.

Lamió nuestra mano, 
se echó en mi regazo por un rato
Lo escudé de un perro transeúnte
Y lo creyeron mío,
Porque mío fue por un instante.

Luego se echó entre las flores a 
Lamerse las patas,
A disfrutar del sol
Cercano en la distancia
se dejó admirar
Por mis ojos hambrientos de belleza.

Luego se fue
Como cada bendito instante
Sin decir adiós,
arañando por siempre la memoria.


Lucerna

Lucerna es un camino de fresas y escaleras de hierba 
Caricia de abejas y sus flores en los tobillos. 
Es la risa de una niña y su curiosidad prodigiosa.
La forma en que descubre el pecho del mundo 
y lo comparte como un portal al corazón arrítmico del cielo, 
que palpita asíncrono 
entre La Paz de la montaña y la prisa de la vida.

Charcos de estrellas, 
el lago y el río lavan las manos del Pilatus, 
desvanecen sus culpas en la estela de cisnes, 
bajo el sol penetrante del corpus Christi. 

Las  promesas se hacen luciérnagas y se dejan caer al estrépito del aullido 
con que el lobo en la montaña desgarra la noche.
Lucerna es un paraíso de relojes, de vacas pastando sombra, 
de puentes de madera que cantan los arrullos de la muerte 
sobre la danza de reflejos en el agua. 

la marea de hierba rompe contra la muralla 
de un monasterio de árboles 
que elevan sus vísperas en el canto de aves y campanas

Y me voy como la golondrina 
que hace su nido en el campanario de un templo, 
esperando volver
al clamor de las campanas.