Ayer volví a soñar con una serpiente. Soñé que hippie estaba jugando con una, como cuando la encontré aquella vez... yo estaba acostada en un puff y sentí una serpiente subir por mi pierna pero no me movía, me quedaba muy quieta mientras la sentía recorrerme con espanto. De pronto vi a hippie comiendo una víbora negra. Ya le había quitado la cabeza y se la metía a la boca poco a poco, saboreándola. Sentía orgullo de mi pequeña gatita y lo salvaje que era. Cómo si fuera otra escena estaba cabalgando junto con una niña pequeña. Me reía y divertía mucho con ella. Luego estábamos cenando en una mesa grande y yo le contaba la historia de la bella y la bestia, intentando recordar diálogos de las escenas que hemos representando.
Luego veo a la misma niña en una habitación con un señor grande y feo de bigote, y creo que dos señoras o al menos una. El hombre tenía a La Niña en la cama, atrapando sus brazos la señora que recuerdo estaba sentada en frente en otra cama.
Sé que la van a prostituir por primera vez. Creo entender por qué estoy ahí, para tenerla contenta antes de... Entro al cuarto confundida y veo a los que están con ella, les digo que no está bien lo que van a hacer, pero no recuerdo cómo. Me dicen algo como que no me meta, que es bueno para ella, que ella lo quiere y le pregunto directamente a ella. Ella me dice, pues... es una forma de ganar dinero verdad? Puedo aprender, me podría ser útil después? Yo un poco desencantada, pienso que no le puedo mentir, que como están las cosas es muy probable que tenga que prostituirse después... asiento con la cabeza como si tuviera mucho sentido, no sé si verbalmente digo sí u ok, pero procedo a recoger una serie de palos, bates y objetos que estaban en la cama listos para ser usados contra ella y les digo muy cordialmente, nada más sin estos. Con permiso. Los adultos se echan a reír cínicamente, como si hubiera hecho la broma de su vida. Salgo pensando en el horror que le tenían preparado y se termina el sueño.
Hace muchos años que no soñaba con serpientes. Este es un poco distinto del resto de mis sueños, pero igualmente extraño.
Hoy soñé con un payaso. Recuerdo que Jimena necesitaba dos compañeros de viaje para alternar volante camino a veracrúz. Yo la estaba pensando porque nunca he manejado tanto tiempo y temía quedarme dormida. En el inter estaba yo en una tienda departamental gigante que pertenecía a riot games. Ahí trabajaba Julio, un amigo mío que hace tanto no he visto... y encontraba por la sección de ventiladores un perrito abandonado en un carrito. Lo llevaba muy cerca con un policía y aunque se reían de que me “molestara” por un perrito, encontraban al dueño inmediatamente. Me decía el dueño que estaba a su alcance visual y le había metido un susto al llevármelo. Que me fijara mejor la próxima vez. Luego platicaba con Julio y bajábamos una rampa eléctrica mientras le decía que me recomendara otra forma de ganar dinero con LOL que no fuera sólo el streaming... mientras me decía algunas cosas lo perdía y encontraba un bebé como de 2 años en un carrito. Miraba al rededor y no había nadie, así que me llevaba el carrito buscando un policía pero ahora no había ninguno cerca y recorría varios pisos y secciones del almacén con El Niño que tenía un chupón de flor azul, se lo quitaba y lo chupaba yo... le pregunté su nombre y me dijo “Lucian “ y pensé, si papá debe ser fan de LOL, a lo mejor me cae bien. Cuando por fin encontré una oficina y pedía ayuda. No era atención a cliente sino dónde programaban algunas cosas de los juegos. Les decía “se llama Lucian” y nos reíamos juntos. Me decían que iban a pasar un reporte y luego venían con la terrible noticia de que un payaso pensaba que le robé a su hijo y quería hacerme pagar. Me mostraron su foto y había hecho una edición entre su cara de payaso y la mía y me asusté mucho. Empecé a caminar con ellos por el almacén para darme cuenta que estaba siguiéndome. Me sentía muy mal, les decía que me estaba por dar un ataque de ansiedad, me mareaba. Luego me decían que el payaso había pedido algo personal mío. Pero habían podido negociar darle un código sonoro y lo guardaban en una como arpa de plástico verde cuadriculada, que multiplicaba la velocidad sonora según la cuadrícula en la que se tocara. Él quedaba complacido y se llevaba al Niño y el arpa...
viernes, 19 de enero de 2018
martes, 9 de enero de 2018
Llevo una semana en Bogotá y me la estoy pasando épico! Malas experiencias he tenido, pero he estado con mi gente y recuerdo después de un rato por qué es mi gente. He paseado y visto cosas lindas, cosas feas, pero lo mejor ha sido este quiebre en la rutina, este acercamiento con la familia que parece tan mía como suya y eso se siente raro, lindo en un sentido mágico-místico-rarísimo. A Robby lo asaltaron esta noche y me asusté un momento, pero debo confesar que unos segundos después estaba otra vez levitando en mi propio mundo... como si me faltara esa empatía a ratos buena, a veces maligna, que me quiebra en dos cuando algo le pasa a mis amigos... será la distancia?
Vi a Nubia y Pato y de verdad son cálidas como poca gente...
Tuve al menos 2 dejavú en la comida y mis hermanos dicen que tuvieron unos también. Dejavú colectivo o magia que sucede sólo en familia? Raro...
Me encanta verlos y sentirme tan orgullosa de ellos. Los amo. Sé que nuestro mundo se ha desarrollado distante, pero sí hay algo genial que pasa en mí cuando los dos están a mi lado.
Me encanta Bogotá. Podría vivir acá un rato... ahora me queda la espina de viajar más con ellos. Siento un nuevo aire de cambio, algo de inspiración... la curiosidad que tanto me hacía falta.
Vi a Nubia y Pato y de verdad son cálidas como poca gente...
Tuve al menos 2 dejavú en la comida y mis hermanos dicen que tuvieron unos también. Dejavú colectivo o magia que sucede sólo en familia? Raro...
Me encanta verlos y sentirme tan orgullosa de ellos. Los amo. Sé que nuestro mundo se ha desarrollado distante, pero sí hay algo genial que pasa en mí cuando los dos están a mi lado.
Me encanta Bogotá. Podría vivir acá un rato... ahora me queda la espina de viajar más con ellos. Siento un nuevo aire de cambio, algo de inspiración... la curiosidad que tanto me hacía falta.
viernes, 5 de enero de 2018
Llevo en Bogotá 3 días y esta es la segunda vez que lloro. Como que acá no es común este tipo de exabruptos emocionales y me dan más ganas de tenerlos. No por el capricho pero por la necesidad de vaciar esta sensación de inadecuación social, donde me siento a ratos como en casa, a ratos como intruso... como que mi gente no es tan mi gente y existe un juicio de mi persona que ya había sobrepasado entre mis inseguridades más básicas... y ahora hay que repasar por ahí una vez más. Me gusta conocer un poco a Juli, pero no tengo mucho contacto con nadie más, como que los tíos son reservados en general, amables, con un atisbo de sangre caliente que parecen guardar para el desacuerdo... yo qué se...
Bogotá es bonito, me gusta que al fondo de las calles se puede ver el campo, verde por todos lados. Me gustan sus paredes y calles de ladrillo... me gusta el acento que a poco de estar aquí se acostumbra el oído. Me gusta qué hay gente linda y amable. Los vendedores parecen venderte el alma entera envuelta en una serie navideña a la mitad de la noche... pero si no ven clara tu intención de comprarla, te dejan colgando como hoja seca en el vendaval del otoño... sola, tirada, muerta de frío. Y duele más... esa amabilidad luego desprecio es lo más duro que he tenido que tolerar sin acostumbrarme a que me ilusionen y me quiebren el corazón a cada rato. Y se rompe sí, y nadie se da cuenta, y cómo que da vergüenza aceptarlo, la cantidad de influencia que un extraño pueda tener en tí... en tu disfrute o repulsa tan variable de un instante a otro.
Pues no estoy sola nunca y no he fumado, tomado, desvelado, reclamado mi espacio y son 3 días. Sé que es poco como para estar ansiosa, pero empiezo a sentirme en ese modo atrapado, que me da hasta en mi propia casa cuando no puedo optar por hacer algo, cualquier cosa que se me venga en gana... cómo salir o bañarme o dormir nada más porque sí, cuando se me antoja.
Todavía nada grave, pero va un poco... crece-decrece como una depresión bipolar que se balancea entre el éxtasis y el abismo...
Lloro porque me gana la emoción, porque soy mala para reprimir el dolor o el miedo. Son cosas que aún no he aprendido a ocultar y no he visto el beneficio en hacerlo. Podría parecer más fuerte pero no lo soy y prefiero no andarme con engaños. Soy frágil, ni modo. No quiero aparentar ser fuerte, cuando en esos aspectos no soy una mujer crecida... soy una niña pequeña y no necesito hacerla crecer por impostura.
Bogotá es bonito, me gusta que al fondo de las calles se puede ver el campo, verde por todos lados. Me gustan sus paredes y calles de ladrillo... me gusta el acento que a poco de estar aquí se acostumbra el oído. Me gusta qué hay gente linda y amable. Los vendedores parecen venderte el alma entera envuelta en una serie navideña a la mitad de la noche... pero si no ven clara tu intención de comprarla, te dejan colgando como hoja seca en el vendaval del otoño... sola, tirada, muerta de frío. Y duele más... esa amabilidad luego desprecio es lo más duro que he tenido que tolerar sin acostumbrarme a que me ilusionen y me quiebren el corazón a cada rato. Y se rompe sí, y nadie se da cuenta, y cómo que da vergüenza aceptarlo, la cantidad de influencia que un extraño pueda tener en tí... en tu disfrute o repulsa tan variable de un instante a otro.
Pues no estoy sola nunca y no he fumado, tomado, desvelado, reclamado mi espacio y son 3 días. Sé que es poco como para estar ansiosa, pero empiezo a sentirme en ese modo atrapado, que me da hasta en mi propia casa cuando no puedo optar por hacer algo, cualquier cosa que se me venga en gana... cómo salir o bañarme o dormir nada más porque sí, cuando se me antoja.
Todavía nada grave, pero va un poco... crece-decrece como una depresión bipolar que se balancea entre el éxtasis y el abismo...
Lloro porque me gana la emoción, porque soy mala para reprimir el dolor o el miedo. Son cosas que aún no he aprendido a ocultar y no he visto el beneficio en hacerlo. Podría parecer más fuerte pero no lo soy y prefiero no andarme con engaños. Soy frágil, ni modo. No quiero aparentar ser fuerte, cuando en esos aspectos no soy una mujer crecida... soy una niña pequeña y no necesito hacerla crecer por impostura.
martes, 12 de diciembre de 2017
Despertó con un espantoso nudo en la garganta, con una carcajada atorada en el pecho, con un movimiento en el estómago que pone la piel de gallina (la gente dice que es bonito, osan llamarlo mariposas... pero son termitas las hijas de su re*€¥%#& madre!!!, sí duele y duele feo!) con unas ganas de llorar porque pasó la mosca, que no se quitan con nada, aunque llore y llore (alguien le dijo que "sus ojos son el mar"... pues /&%$# madre, se le ponchó el ojo derecho!). A la mitad del sollozo más desesperado, aparece una risa psicótica para hacerle sentir más bipolar de lo que es en realidad, y cómo loca, siente inmaterial el mundo que le rodea (flota, sí, ¿o es el mundo el que se mueve?) el universo es poco a poco más chicloso, tanto que siente ahogarse entre arenas movedizas de dulce de leche. No es rico, pero sí. La vida es gris y nada le importa... y luego todo brilla, pero le hace llorar, porque no puede alcanzar su resplandor. Siente ansiedad y miedo y se pone rara como niña insegura, con miedo de ser regañada, miedo al rechazo sí, pero no al rechazo en sí mismo por el dolor del ego, sino a estar sola con toda la culpa... que el sentimiento pase al plano racional y no puedan perdonarla por sentirlo, a ser mala por comparación y estar sola con las consecuencias... es impotente. Puede, es bien capaz de cortarle una pierna al sentimiento, tirarlo en el mar (que le queda en el ojo izquierdo) y amarrarlo de una piedra. Guardarlo en una cajita y no mostrárselo a nadie, dejarlo empolvarse en un rincón secreto y si lo hace... se esfumará del todo en unos 3 años, volverá a sentir algo como en 5... y aunque el tiempo ahora pasa más rápido es muy mala callando cosas, se le escapa por el gesto y grita por las noches a modo de insomnio. La emoción es un pájaro rebelde, voluntarioso, hace lo que se le da la gana y nunca se posa donde se espera, donde "debe". Y es rebelde ella también, porque se niega a ser un cordero abandonado a su suerte. Quisiera dar voz a lo que siente, manipular la balanza de su destino. Le espanta amordazarlo hasta la asfixia, exiliarlo como a un bandido porque el maldito viene siempre fuera de tiempo... porque aunque duela (en el cuerpo, no sólo en la cabeza), aunque se confunde y obsesiona, la centra y le da foco. La llena de una energía maniática que la vence, la desmadra y le da valor para lanzarse al abismo nuevamente.
jueves, 12 de octubre de 2017
Volver a Terapia
Volver a terapia es siempre un consuelo... es como el pensadero de Dumbledore, como un confesionario donde no hay penitencia... ¿o sí? Bueno, sí hay una enorme penitencia: un nudo de emociones por desenredar, un mundo de pensamientos que dejar ir.
Si tengo un mecanismo de defensa es la racionalización, es cuestionarlo todo y buscar la explicación más razonable a todo, tratar de explicarme hasta por qué me cuestiono en el momento que cuestiono...
No sé vivir sin ese escudo... es mi defensa de la locura, de sentir demasiado profundamente los dolores. Dejarlo ir es perder el orgullo que me da la fuerza, es sentirme indefensa y con una necesidad desesperada de ser amparada por alguien más que yo misma, es perder el impulso casi instintivo de proteger a todos los que me rodean y exigir esa protección que nunca tuve.
Ir a terapia nuevamente es volver a estar confundida, darme cuenta de que todo lo que creí resolver más bien lo he dejado pendiente y he puesto capas y capas de cosas por hacer, gente y animales por proteger o entretenimiento encima de mis heridas para no sentirlas supurar.
Los absolutos no existen y mi búsqueda de certeza ha sido implacable... yo soy Tomás, el discípulo escéptico, el que no puede creer sin ver por miedo de ser engañada otra vez, por miedo de que se me cuente la historia más bonita para protegerme del dolor. Siempre he preferido el dolor a la incertidumbre, a la duda... después de un tiempo las historias bonitas me resultan dudosas y aunque sean ciertas, las vivo con terror de descubrir su falsedad... ya la espero con anticipación para amortiguar la caída.
Y sí, todo esto es racionalizar mis emociones, es filtrarlas por medio de la comprensión racional...
Pero ¿quién soy si pierdo la razón?
¿Qué dolores pueden sobrevenir al abrir la puerta de la vulnerabilidad? ¿Qué clase de persona sería si dijera todo lo que siento? Si de por sí siento un chingo y es abrumador para la gente que me rodea, o les importa un comino.
Sí, mi penitencia es el miedo.
He sido siempre incapaz de meditar, de poner la mente en blanco.
Si no tuviera el filtro de la razón estaría metida en millones de sectas religiosas... hubiera ido ya a cincuenta juntas de los testigos de Jehová, practicaría espiritismo, santería y vudú... sería creyente de las hadas y los chaneques... recorrería las calles de noche en busca de un vampiro, le escribiría a Josh Turner para invitarlo a salir y me demolería que no respondiera mis mensajes... sufriría ataques de ansiedad hasta sus últimas consecuencias... no sé, quizás es el miedo el que habla, pero ahí también estoy racionalizando.
Sólo no sé cómo parar. Me encantaría probarlo, perder un poco el control (sólo un poco xp)...
En fin, tengo esperanzas y eso es raro... ir a terapia otra vez es como creer en el espiritismo, es creer, tener fe nuevamente y eso, a pesar del miedo es conectar de algún modo con todo lo mágico, esotérico, misterioso, divino y ese es mi consuelo.
Si tengo un mecanismo de defensa es la racionalización, es cuestionarlo todo y buscar la explicación más razonable a todo, tratar de explicarme hasta por qué me cuestiono en el momento que cuestiono...
No sé vivir sin ese escudo... es mi defensa de la locura, de sentir demasiado profundamente los dolores. Dejarlo ir es perder el orgullo que me da la fuerza, es sentirme indefensa y con una necesidad desesperada de ser amparada por alguien más que yo misma, es perder el impulso casi instintivo de proteger a todos los que me rodean y exigir esa protección que nunca tuve.
Ir a terapia nuevamente es volver a estar confundida, darme cuenta de que todo lo que creí resolver más bien lo he dejado pendiente y he puesto capas y capas de cosas por hacer, gente y animales por proteger o entretenimiento encima de mis heridas para no sentirlas supurar.
Los absolutos no existen y mi búsqueda de certeza ha sido implacable... yo soy Tomás, el discípulo escéptico, el que no puede creer sin ver por miedo de ser engañada otra vez, por miedo de que se me cuente la historia más bonita para protegerme del dolor. Siempre he preferido el dolor a la incertidumbre, a la duda... después de un tiempo las historias bonitas me resultan dudosas y aunque sean ciertas, las vivo con terror de descubrir su falsedad... ya la espero con anticipación para amortiguar la caída.
Y sí, todo esto es racionalizar mis emociones, es filtrarlas por medio de la comprensión racional...
Pero ¿quién soy si pierdo la razón?
¿Qué dolores pueden sobrevenir al abrir la puerta de la vulnerabilidad? ¿Qué clase de persona sería si dijera todo lo que siento? Si de por sí siento un chingo y es abrumador para la gente que me rodea, o les importa un comino.
Sí, mi penitencia es el miedo.
He sido siempre incapaz de meditar, de poner la mente en blanco.
Si no tuviera el filtro de la razón estaría metida en millones de sectas religiosas... hubiera ido ya a cincuenta juntas de los testigos de Jehová, practicaría espiritismo, santería y vudú... sería creyente de las hadas y los chaneques... recorrería las calles de noche en busca de un vampiro, le escribiría a Josh Turner para invitarlo a salir y me demolería que no respondiera mis mensajes... sufriría ataques de ansiedad hasta sus últimas consecuencias... no sé, quizás es el miedo el que habla, pero ahí también estoy racionalizando.
Sólo no sé cómo parar. Me encantaría probarlo, perder un poco el control (sólo un poco xp)...
En fin, tengo esperanzas y eso es raro... ir a terapia otra vez es como creer en el espiritismo, es creer, tener fe nuevamente y eso, a pesar del miedo es conectar de algún modo con todo lo mágico, esotérico, misterioso, divino y ese es mi consuelo.
domingo, 1 de octubre de 2017
El amor es algo confuso para mí. Lo que siento es extenso y me vuelve loca o me centra... me da motivos para vivir o me los quita... es bueno y malo, egoísta y desinteresado, torpe y no aprende, cambia, es distinto cada vez pero es eterno e inclusivo, se agranda cuanto más gente amo y nunca dejo de amar a quien tocó mi vida aunque fuera una sola vez y extraño siempre en futuro... no extraño lo que era sino lo que pudo ser.
Hay historias que no se materializan por miedo a arruinar ese futuro imaginario.
"Para siempre"existe en el instante que en el amor se abre un hoyo negro y puedes sentir el infinito, como si se tejiera una nueva hebra en el universo de vidas paralelas donde existe y es tangible todo lo que planeamos... los hijos que deseamos, las aventuras submarinas, el viaje en auto a Argentina, la noche dentro de 10 años en ese hotel de París y sería encantador juntar las mil vidas que me faltan para cumplir todas esas esperanzas, para decidir quedarme con cada una de las personas que amo... y probablemente arruinar todas esas historias con el cáncer de la expectativa.
Vivimos en una sociedad en que lo correcto es tener relaciones monógamas en serie, donde se tiene que elegir a una sola persona y mandar al diablo al resto, haciendo de cuenta que nunca existió un pasado amoroso (o peor aún un presente con otras personas) y que nadie más es ya parte de tí ni modeló alguna o varias partes de tu vida ; esto para no intimidar a la gente y que no se mortifiquen tratando de cumplir tus expectativas (a los hombres les preocupan más no cumplir las sexuales, a las mujeres las intelecto-emocionales) que siendo francos, ahí están y estarán siempre (arruinando cada una de tus relaciones) aunque no hayas estado nunca con alguien más... aunque pienso que entre más relaciones tienes, las expectativas van a la baja en lugar de lo contrario.
El amor es tan grande y tan distinto... creo que como pensaban los griegos, habría que llamarlo de diferentes maneras según su tipo.
Nunca he creído que se puede amar sólo a una persona. Amo a ese hombre bello que con sólo sonreír me hace el día, amo a mi hermano de pensamiento, que me cuestiona y me revuelve la cabeza durante meses; amo a quien me enseña, amo a quien me escucha y hasta a veces me entiende, amo al que con sólo su voz produce extraordinarias vibraciones en mi cuerpo... pero el amor no conlleva posesión.
No necesito que canten sólo para mí o sonrían sólo cuando estoy presente. Puedo amar sin necesitar, puedo amar sin desear, puedo amar sin celar, puedo amar y desear y no querer poseer, porque al final la historia es más amplia cuando queda inconclusa.
No creo que se puede elegir a quién amar, pero sí puedes elegir con quién compartir la vida... normalmente alguien que obviamente amas, te guste, admires y lo más importante: te aguante con tu locura evidente (porque ¿quién te aguantaría con tu locura secreta?), alguien a quien aguantas con su locura evidente (idem.) y pese a todo encuentren afinidad en su manera de vivir. Suena poco apasionante, pero no es un mero trámite, es lo más difícil del mundo
... Y por eso existen los amoríos, porque son historias inconclusas, bellas, efímeras en su eternidad, sin tener que elegir a la persona para compartir la vida, porque no hay afinidad en la forma de vivir o mutuo aguante, pero eso no quiere decir que no haya amor.
La gente se pone muy punk con este tema, a veces hasta yo salto, porque sé que causa dolor, pero entiendo (porque he estado en los dos lados de la moneda) que es un dolor del ego. Uno cree que es algo que tiene que ver con su desempeño o la mera maldad de la pareja, cuando en realidad tiene que ver más con la pareja y la tercera persona.
Sí estoy justificando la "infidelidad", porque la entiendo y creo que en la sociedad que vivimos, donde ser honesto es sinónimo de ser malo... es la opción que pone en menos riesgo el proyecto de pareja. De hecho, creo que la fidelidad se debe al proyecto de la pareja y en lo demás es egoísta querer que alguien sólo cante para tí o sólo sonría cuando estás presente... es inseguridad también... maldito cáncer de la expectativa...
Digo, en un mundo ideal estas cosas se hablan, existen relaciones abiertas, poliamorosas... pero en el real, la mayoría de la gente es conservadora porque siente menos inseguridad, porque no tiene que mortificarse en llenar expectativas para conservar el proyecto.
Y bueno, uno puede empezar diciendo "mi sueño sería tener una relación poliamorosa donde viviéramos todos juntos en comunidad... con mucho, mucho amor..." y aunque ya lo saben, no quiere decir que puedan aceptarlo. De hecho es sólo un ideal porque en la práctica sería imposible... al menos con gente guapa, sensata, simpática y con un modo de vida afín...
En el mundo ideal el amor sería y se le dejaría ser... pero siempre hay alguien (no sé quién) regulando incluso en mi cabeza, cómo, cuándo y por qué deberíamos amar, si este o el otro es amor verdadero o no, bueno o malo y ni hablar, el mundo ideal existe sólo en ese hoyo negro donde el infinito es tangible...
Digo que el amor me confunde y me tropiezo... soy torpe, a veces caigo. No he aprendido todavía y viendo cómo vuela el tiempo no sé si aprenda algo en la vida que me queda...
Hay historias que no se materializan por miedo a arruinar ese futuro imaginario.
"Para siempre"existe en el instante que en el amor se abre un hoyo negro y puedes sentir el infinito, como si se tejiera una nueva hebra en el universo de vidas paralelas donde existe y es tangible todo lo que planeamos... los hijos que deseamos, las aventuras submarinas, el viaje en auto a Argentina, la noche dentro de 10 años en ese hotel de París y sería encantador juntar las mil vidas que me faltan para cumplir todas esas esperanzas, para decidir quedarme con cada una de las personas que amo... y probablemente arruinar todas esas historias con el cáncer de la expectativa.
Vivimos en una sociedad en que lo correcto es tener relaciones monógamas en serie, donde se tiene que elegir a una sola persona y mandar al diablo al resto, haciendo de cuenta que nunca existió un pasado amoroso (o peor aún un presente con otras personas) y que nadie más es ya parte de tí ni modeló alguna o varias partes de tu vida ; esto para no intimidar a la gente y que no se mortifiquen tratando de cumplir tus expectativas (a los hombres les preocupan más no cumplir las sexuales, a las mujeres las intelecto-emocionales) que siendo francos, ahí están y estarán siempre (arruinando cada una de tus relaciones) aunque no hayas estado nunca con alguien más... aunque pienso que entre más relaciones tienes, las expectativas van a la baja en lugar de lo contrario.
El amor es tan grande y tan distinto... creo que como pensaban los griegos, habría que llamarlo de diferentes maneras según su tipo.
Nunca he creído que se puede amar sólo a una persona. Amo a ese hombre bello que con sólo sonreír me hace el día, amo a mi hermano de pensamiento, que me cuestiona y me revuelve la cabeza durante meses; amo a quien me enseña, amo a quien me escucha y hasta a veces me entiende, amo al que con sólo su voz produce extraordinarias vibraciones en mi cuerpo... pero el amor no conlleva posesión.
No necesito que canten sólo para mí o sonrían sólo cuando estoy presente. Puedo amar sin necesitar, puedo amar sin desear, puedo amar sin celar, puedo amar y desear y no querer poseer, porque al final la historia es más amplia cuando queda inconclusa.
No creo que se puede elegir a quién amar, pero sí puedes elegir con quién compartir la vida... normalmente alguien que obviamente amas, te guste, admires y lo más importante: te aguante con tu locura evidente (porque ¿quién te aguantaría con tu locura secreta?), alguien a quien aguantas con su locura evidente (idem.) y pese a todo encuentren afinidad en su manera de vivir. Suena poco apasionante, pero no es un mero trámite, es lo más difícil del mundo
... Y por eso existen los amoríos, porque son historias inconclusas, bellas, efímeras en su eternidad, sin tener que elegir a la persona para compartir la vida, porque no hay afinidad en la forma de vivir o mutuo aguante, pero eso no quiere decir que no haya amor.
La gente se pone muy punk con este tema, a veces hasta yo salto, porque sé que causa dolor, pero entiendo (porque he estado en los dos lados de la moneda) que es un dolor del ego. Uno cree que es algo que tiene que ver con su desempeño o la mera maldad de la pareja, cuando en realidad tiene que ver más con la pareja y la tercera persona.
Sí estoy justificando la "infidelidad", porque la entiendo y creo que en la sociedad que vivimos, donde ser honesto es sinónimo de ser malo... es la opción que pone en menos riesgo el proyecto de pareja. De hecho, creo que la fidelidad se debe al proyecto de la pareja y en lo demás es egoísta querer que alguien sólo cante para tí o sólo sonría cuando estás presente... es inseguridad también... maldito cáncer de la expectativa...
Digo, en un mundo ideal estas cosas se hablan, existen relaciones abiertas, poliamorosas... pero en el real, la mayoría de la gente es conservadora porque siente menos inseguridad, porque no tiene que mortificarse en llenar expectativas para conservar el proyecto.
Y bueno, uno puede empezar diciendo "mi sueño sería tener una relación poliamorosa donde viviéramos todos juntos en comunidad... con mucho, mucho amor..." y aunque ya lo saben, no quiere decir que puedan aceptarlo. De hecho es sólo un ideal porque en la práctica sería imposible... al menos con gente guapa, sensata, simpática y con un modo de vida afín...
En el mundo ideal el amor sería y se le dejaría ser... pero siempre hay alguien (no sé quién) regulando incluso en mi cabeza, cómo, cuándo y por qué deberíamos amar, si este o el otro es amor verdadero o no, bueno o malo y ni hablar, el mundo ideal existe sólo en ese hoyo negro donde el infinito es tangible...
Digo que el amor me confunde y me tropiezo... soy torpe, a veces caigo. No he aprendido todavía y viendo cómo vuela el tiempo no sé si aprenda algo en la vida que me queda...
lunes, 17 de abril de 2017
Áticos y Sótanos
Sueños de áticos y sótanos... de fantasmas. Es como mi nuevo sueño recurrente. Siempre que estoy ahí es un lugar familiar, mi casa (aunque rara vez vivo en ella), una casa que ha estado en mi familia por generaciones y es enorme, llena de habitaciones, escaleras, últimamente puentes... y tiene algún cuarto secreto. El ático o el sótano. Varía según el sueño si es un cuarto subterráneo o es el lugar más alto de la casa, pero es secreto. Yo sé de su existencia como un legado, pero poca gente sabe que está ahí y sé que hay algo importante dentro: un secreto maravilloso, un misterio y casi siempre hay fantasmas. Algunas veces es una casa en la montaña, a la mitad del bosque y da mucho miedo ir ahí de noche. Algunas veces hay un pasadizo en el que uno tiene que arrastrase por debajo de la casa para encontrar la entrada. Los fantasmas dan miedo, pero normalmente son amigables al fin de cuentas, son familiares que nunca conocí, gente admirable pero con grandes perturbaciones que murió y yo me siento empática con ellos, en algunos casos quiero salvarlos o protegerlos, o quedarme con ellos por siempre... a veces cantan. Me encanta sentir que no me da miedo lo que a otros aterra y siempre me siento inquieta por ir a esos lugares aunque sienta esa adrenalina de que todo puede salir mal. El penúltimo que tuve fue más terrorífico. La casa en la montaña tenía un ático y había algo más terrible ahí que en los otros sueños. Me daba miedo estar en esa casa. Creo que los fantasmas estaban en toda la casa, ya no en el ático y tuvimos que irnos, pero algo olvidé y tuve que volver aunque era de noche.
Esto me recuerda algo que sí me pasó y que me marcó en la infancia. Salí de casa de mi tío Fausto, era una casa grande y con escaleras ciertamente... había estado jugando y cuando fue hora de irnos olvidé algún juguete. Mi mamá y su esposo estaban estacionados a la vuelta de la esquina y se les hizo fácil mandarme por él. Creo que nunca había ido sola a ninguna parte. Caminando por la calle había una mujer con una apariencia extraña, tenía un maquillaje muy marcado de rubor, muy delgada y estaba hablando (sola al parecer), pero como me habían educado y no la escuché bien, le pregunté "¿Mande?" y la mujer me aventó con una fuerza impresionante contra la pared y no sé qué gritó muy cerca de mí. Yo estaba aterrada, pensé que a lo mejor era un robachico y no volvería a ver a mi mamá. Grité "mamá" con todas mis fuerzas, pero ella no me escuchó. Salió la sirvienta de mi tío y me rescató. No recuerdo si la auyentó o cómo fue, pero volví por mi juguete y todo bien, pero el terror de ese encuentro me hizo sentir que era inútil gritar por ayuda o pedir ayuda a mi mamá, o gritar de hecho...
El caso es que tenía que volver a la casa y la cosa que olvidé estaba en el ático. Creo que era un libro. Cuando llegaba al ático tenía que escalar por unas vigas y cuando estaba en lo más alto estaba escrito algo sobre Satanás en la viga que estaba parada. Algo tipo "Salve Satán" o parecido, pero eran unas palabras en latín, creo que me desperté y lo busqué en google en todos los idiomas posibles, pero no existían las palabras. Había un libro de magia y sentía verdadero horror.
No recuerdo mucho más, pero me remite un poco a lo que Jordi me dijo: que fui una bruja en otra vida y todavía tengo lazos con Satán por cierto pacto y debo liberarme...
No es que lo crea como tal, pero es raro que en cierta parte irracional de mí, tiene algo de sentido.
Esto me recuerda algo que sí me pasó y que me marcó en la infancia. Salí de casa de mi tío Fausto, era una casa grande y con escaleras ciertamente... había estado jugando y cuando fue hora de irnos olvidé algún juguete. Mi mamá y su esposo estaban estacionados a la vuelta de la esquina y se les hizo fácil mandarme por él. Creo que nunca había ido sola a ninguna parte. Caminando por la calle había una mujer con una apariencia extraña, tenía un maquillaje muy marcado de rubor, muy delgada y estaba hablando (sola al parecer), pero como me habían educado y no la escuché bien, le pregunté "¿Mande?" y la mujer me aventó con una fuerza impresionante contra la pared y no sé qué gritó muy cerca de mí. Yo estaba aterrada, pensé que a lo mejor era un robachico y no volvería a ver a mi mamá. Grité "mamá" con todas mis fuerzas, pero ella no me escuchó. Salió la sirvienta de mi tío y me rescató. No recuerdo si la auyentó o cómo fue, pero volví por mi juguete y todo bien, pero el terror de ese encuentro me hizo sentir que era inútil gritar por ayuda o pedir ayuda a mi mamá, o gritar de hecho...
El caso es que tenía que volver a la casa y la cosa que olvidé estaba en el ático. Creo que era un libro. Cuando llegaba al ático tenía que escalar por unas vigas y cuando estaba en lo más alto estaba escrito algo sobre Satanás en la viga que estaba parada. Algo tipo "Salve Satán" o parecido, pero eran unas palabras en latín, creo que me desperté y lo busqué en google en todos los idiomas posibles, pero no existían las palabras. Había un libro de magia y sentía verdadero horror.
No recuerdo mucho más, pero me remite un poco a lo que Jordi me dijo: que fui una bruja en otra vida y todavía tengo lazos con Satán por cierto pacto y debo liberarme...
No es que lo crea como tal, pero es raro que en cierta parte irracional de mí, tiene algo de sentido.
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