miércoles, 4 de marzo de 2026
Aves migratorias
domingo, 8 de febrero de 2026
Once and never more
sábado, 17 de enero de 2026
Donde voy
Ahí a donde voy va la magia
Va la estrella de Esperanza
Van sus sueños y los míos.
Ahí a donde voy, voy yo, entera.
Saboreo cada momento como si fuese
El último bocado de un gran festín.
Soy turista en mi propia vida,
Me desgarro los disfraces,
Me sumerjo en los mares
Y vuelvo limpia
Con la sal de los anhelos pasados.
Fui una niña-adulta, un alma vieja
Perdida entre libros viejos y su polvo
el tiempo pasó y me encontré
adulta-niña, saliendo de un libro
al compás de nuevas curiosidades.
Ahí a donde voy va la magia
La estela de luciérnagas
La música de baile
Donde voy
Me siguen
las hormigas y los charcos,
Los desvelos
De clavadistas
En pláticas profundas
Y mares de copas
Y copas de árboles que se mecen en la noche.
A donde voy
va mi sombra por delante.
No me sigue,
La persigo yo,
Porque me lleva
Atreves de mis miedos.
Me guía por el bosque denso
al encuentro de la bruja,
La loca
Y La ninfa.
A la casita que se enciende
En la luz de mis ojos.
Nos hacemos una y las noches de
viernes 13
bailamos juntas
hasta que amanece.
Quizás extraño, te extrañe
El gato de Edimburgo
Lucerna
Diente de león
Te tome entre mis manos como una niña
Con azúcar en los ojos y un deseo en el corazón.
Soplé sobre tu rostro como antiguo presagio
Y tus cabellos despeinaron la ventisca.
Como pájaros
Montando el telón de la tarde
Te me escapaste entre los dedos,
Llevando al cielo mi deseo.
lunes, 12 de enero de 2026
Haunted houses never entered
EL ABISMO
I
¿Cuán profundo es el abismo,
ese al que todos caen sin notarlo?
¿Cuán profundo será?
¿Él lo habita realmente?
¿Conmueve su alma tanta oscuridad?
II
¿Puedes escuchar sus voces,
pájaro de la caverna?
¿Sus retorcidas súplicas?
¿Sus gritos, ave de rapiña,
puedes escucharlos?
Tú, a quien llaman "Dios",
a quien claman "salvación",
¿puedes escucharlos?
Yo creo que sí…
E impaciente aguardas su caída,
para devorarlos.
III
El perfume del abismo es grato…
tiene esencia de tentación
y te llama con su dulce aliento:
“¡Verás a Dios!, ¡Verás a Dios!”
Y mientras caes,
no hay ángel ni consuelo que se apiade.
Al tocar fondo rezarás de nuevo:
“¡Veré a Dios!, ¡Veré a Dios!”
Pero las alas que baten no son de ángel,
y entre la sinfonía de gemidos,
escuchas a los buitres devorarte.
IV
Estar en el borde, mirar hacia abajo,
empaparte del dulzor de su aroma,
con el sabor que envuelve su mito.
Te deslumbra la luz cegadora,
blanca, pura, bella…
y escuchas cantos que te llaman
como voces seductoras de sirenas.
Disfrutas el sueño:
nubes esponjosas atenúan tu caída,
y un alado omnipotente
te sonríe desde las alturas.
Tentadora oferta…
Miras abajo.
Y en el fondo,
que no alcanzan tus ojos,
un animal hambriento
aletea entre las sombras.