miércoles, 4 de marzo de 2026

Aves migratorias



Sentada en las raíces del sauce que se erguía al borde del abismo, cansada de volar, apoyó su espalda desnuda sobre el tronco. Su piel tenía aroma a canela y miel, era nívea, tatuada de distancias. El sauce se estremeció a su tacto, dejando caer algunas hojas. 

Su voz encontraba remanso en la canción desvanecida en un recuerdo de infancia que nunca sucedió. 
A sus espaldas, desaparecía el rubor celeste entre montañas.  

Le encantaría tener raíces, pensó, un lugar al cual volver; pero sus pies estaban despegados de la tierra por un par de centímetros y por más que los regara cada día, jamás arraigaban. 

Sus antepasados fueron nómadas también y aunque no podía evitar moverse del monte a la llanura, de la selva a la sabana, luchaba por sembrar y probar el fruto alguna vez.
Pronto se iría de nuevo.

El frío del anochecer estremeció su piel, como lo hiciera la brisa marina en aquel faro desolado, donde el búho lloraba y el mar ebrio rompía en la penumbra.
Recordó ese temblor de maravilla. 

Nunca había saboreado la sal transpirada por el cuerpo de un marinero, jamás se había sentido atravesada por el golpe de un latido al fundirse con el suyo. 
Lo miraba indescifrable. Tan sólo fantaseaba con echar sus extremidades sobre él y dejarlas crecer como enredaderas.

Él, bello lunático de sal y de fulgores, contemplaba las fauces de la noche, hirviendo en deseo. Quien viera la luna tan fijamente debiera llamarse loco. 

Sus ojos perdidos sobre la palidez del dragón de plata no parpadeaban.

Él sólo pensaba en no encallar, seguir navegando por el nudo del mundo. 
Aunque ella le encantaba con sus canciones a medio aprender, con sus rizos volando como gaviotas portadoras de presagios, le espantaba, porque tenía los ojos verdes de tanto follaje. 

Quería huir, dejarse arrastrar por un huracán desconocido y perderse. 
No sabía estar quieto (las olas van siempre a alguna parte). Su sangre tenía algo de timón, mástil y vela. 
No era el capitán fantasma del Holandés Errante, pero consideraba un castigo menor surcar los siete mares sin tocar el puerto. 

Ella buscaba su mirada. Deseaba ahogarlo en su cabello, olas de pasto pelirrojo y pinchar el ojo del dragón-luna que lo hipnotizaba, para cegar a la noche de una vez por todas. 

Él temía perderse en ella, ella perderlo. La diferencia entre los dos es que él nunca intentó ser algo que no era. 

Mientras ella soñaba con raíces, él soñaba con velas preñadas por el viento. 
Pero ¿qué se hace ante el destello evanescente que provoca el choque de dos almas vagabundas? 

El marinero pareció escuchar su deseo y apartó los ojos de la luna por un instante. La miró y tras besarle la frente, desgarró el silencio con voz firme: 
—Somos aves migratorias…

Y ella sintió arder las raíces, el árbol y el nido que había construido en su mente. El fuego trepó por su garganta y se quedó callada, el humo nubló sus ojos. 
Siempre estuvo destinada a partir, pero esa vez, aún más que las otras, el viento le dolía en las alas. 

Migrar estaba en su naturaleza y aun así, no conocía el desapego. Su sextante era Melancolía. Su horizonte, un corazón roto que extrañaba los aires del sur mientras volaba hacia el norte.

El recuerdo se desvaneció cuando la luna irrumpió en su horizonte sonrisa burlona. Se levantó del árbol cuando sintió a la penumbra devorando el recuerdo.

 Estiró sus alas y miró al sauce extender sus ramas hacia ella, por última vez. 

Escuchó como un eco distante la voz grave del marinero repitiendo para sí:
—Somos aves migratorias. —y lo vio hacerse a la mar, dejando cenizas en su pecho.

Luego ella echó a volar también con el dejo amargo de la nostalgia. 
Le costaba comprender que sus raíces, siempre estuvieron en el cielo. 

domingo, 8 de febrero de 2026

Once and never more

I loved him once, like a song on the radio,
on a station I tuned in by mistake.

It made my head sway and my hands stomp on the steering wheel,
with the window — and my heart — wide open,
my hair undone
on the road trip of my soul.

As I drove past my fears,
not looking into the rearview mirror,
the song sounded like an anthem 
and my spirit rolled free.

I pictured myself on the road forever,
chasing endless sunsets,
and sunrises through the hills,
and I forgot I was on the road right then.

As the final chord drew near,
I waited for the announcer to say its name out loud,
But I passed a threshold
and the only thing I heard was static dripping like rain. 
Its name forever lost.

Many times I tried to find it,
the tune that kept playing, 
looping in my dreams.
It haunted me for months 
until one day, 
I simply forgot.

Like that song of perfect freedom,
I loved him once, and never more.


sábado, 17 de enero de 2026

I
Entre el jazz y un poema
bailé 
Cómo niña pequeña.

Sentí tanto y tanto miedo
Porque tuve lo que quise
Y no fue lo que quiero.

II
Quería encayar
en mar de cabellos, 
romper ola en su costado
Y fue cierto,
Pero quería encontrarme
Y me acabé perdiendo;
Quería la luna
Y me ahogué en su reflejo.

III
Me dan miedo los eclipses
Porque no puedo con las ganas de mirar el sol
Y mis ojos se llenan de pájaros 
Negros. 

IV
Entre dos naves de piel perfecta,
Fundé mi iglesia.
Fui amada
Fui amor,
Amé, 
Amén.

V
Solo de guitarra improvisando un poema
Y en compás de tres 
Fuimos himno
hasta que fuimos silencio.


Soy nómada, libre, poeta
Soy ráfaga y suspiro
Llovizna y tormenta
Nunca quise ser
El pájaro que canta en una jaula.

Nunca quise no caer en tentación 
Pero me detuvo el Dios de mi madre,
El juicio ajeno,
La sentencia de puta
Que determina el tipo de Santa que no puedo ser. 


Quiero una vida auténtica 
Y preciosa
Con los puntos sobre la ies 
Donde de miedo
No ser yo
Por sobre el que dirán 
Donde tome 
Las mieles del destino
Del sexo
Del amor profundo
En el enlace de mentes
De cuerpos
De espíritus vibrantes
Armoniosos
En lo bello
En lo puro y entregado.




Donde voy

Ahí a donde voy va la magia

Va la estrella de Esperanza

Van sus sueños y los míos.

Ahí a donde voy, voy yo, entera.


Saboreo cada momento como si fuese 

El último bocado de un gran festín.

Soy turista en mi propia vida,

Me desgarro los disfraces,

Me sumerjo en los mares

Y vuelvo limpia

Con la sal de los anhelos pasados.


Fui una niña-adulta, un alma vieja

Perdida entre libros viejos y su polvo 

el tiempo pasó y me encontré

adulta-niña, saliendo de un libro

al compás de nuevas curiosidades. 


Ahí a donde voy va la magia

La estela de luciérnagas 

La música de baile


Donde voy

Me siguen 

las hormigas y los charcos,

Los desvelos 

De clavadistas 

En pláticas profundas 

Y mares de copas

Y copas de árboles que se mecen en la noche.


A donde voy 

va mi sombra por delante.

No me sigue,

La persigo yo,

Porque me lleva

Atreves de mis miedos.


Me guía por el bosque denso

al encuentro de la bruja, 

La loca

Y La ninfa.


A la casita que se enciende 

En la luz de mis ojos.

Nos hacemos una y las noches de 

viernes 13

 bailamos juntas

hasta que amanece.


Quizás extraño, te extrañe

Quizás vuelva en un parpadeo 
a donde las luces hacen temblar mi alma. 
Quizás huya 
en un parpadeo a donde la felicidad clama. 
Quizás estos desvelos de llanto y expectativa 
se vuelvan mariposas en un bordado de sueños.

Quizás no estés conmigo 
pero te lleve en la maleta de mano. 
Quizás me lleve a mi misma, 
ilusionada de ver tantas estrellas.

Quizás muera 
atropellada por una manada de bicicletas salvajes, 
perseguidas por el tiempo, 

Quizás vuelva y vuelva a ser yo misma 
sin los agobios del hubiera.
Quizás mi sonrisa dure un verano 
en el que esté enamorada 
y al otoño se caiga del árbol como una hoja seca, 

Pero será ahí, pero seré yo y no tendré miedo.
Estaré ahí, acompañada de un incendio de poemas, 
de rieles que van a casa y casa es siempre el calor de los amigos.

Quizás cierre los ojos y amanezca en un mundo nuevo.
Quizás te extrañe y los cabellos blancos de mi madre, 
sus dulces besos y los tuyos.

Quizás extrañe meter mi lengua en tu aretito, 
encaramarme en tu espalda por las noches, 
ser un pretzel carnívoro entre piernas.

Quizás un día me revuelque la nostalgia 
por los juegos con Nico, los rizos de Luluberto,
El raúl de Raven, 🐦‍⬛ los lengüetazos ásperos de Naní, 

Quizás extrañe todo cuanto conozco, 
pero tal vez, solo tal vez, estaré ahí,
Durmiendo en tus insomnios,
escribiendo tus mañanas 
y deje de extrañarme tanto a mí.


El gato de Edimburgo



En la marina quieta,
Donde embarcan los cruceros,
En el mar sin riscos
ni viento en los cabellos
Donde ninguna historia épica comienza
Ni hay pastizales esmeralda de ensueño

Con los pies cansados como los sueños,
Entre macetas de peonias 
Nos sentamos derrotados
A comer un sandwich de pollo.

Otro par de románticos decepcionados 
A la orilla del canal silencioso
Decidió consolar 
El gato de Edimburgo

Acarició nuestras vidas
Con el pelo más suave que la pradera,
Negro como si leyera
En mí Lo bruja, 
La escoba bajo el brazo que me tenía levitando.

Quizás atraído por el pollo
Vino como un amigo a rescatar la tarde, 
Trajo el presente de su confianza
con modales dignos de los altos lores 
y en agradecimiento le di todo el pollo que quisiera.

Lamió nuestra mano, 
se echó en mi regazo por un rato
Lo escudé de un perro transeúnte
Y lo creyeron mío,
Porque mío fue por un instante.

Luego se echó entre las flores a 
Lamerse las patas,
A disfrutar del sol
Cercano en la distancia
se dejó admirar
Por mis ojos hambrientos de belleza.

Luego se fue
Como cada bendito instante
Sin decir adiós,
arañando por siempre la memoria.


Lucerna

Lucerna es un camino de fresas y escaleras de hierba 
Caricia de abejas y sus flores en los tobillos. 
Es la risa de una niña y su curiosidad prodigiosa.
La forma en que descubre el pecho del mundo 
y lo comparte como un portal al corazón arrítmico del cielo, 
que palpita asíncrono 
entre La Paz de la montaña y la prisa de la vida.

Charcos de estrellas, 
el lago y el río lavan las manos del Pilatus, 
desvanecen sus culpas en la estela de cisnes, 
bajo el sol penetrante del corpus Christi. 

Las  promesas se hacen luciérnagas y se dejan caer al estrépito del aullido 
con que el lobo en la montaña desgarra la noche.
Lucerna es un paraíso de relojes, de vacas pastando sombra, 
de puentes de madera que cantan los arrullos de la muerte 
sobre la danza de reflejos en el agua. 

la marea de hierba rompe contra la muralla 
de un monasterio de árboles 
que elevan sus vísperas en el canto de aves y campanas

Y me voy como la golondrina 
que hace su nido en el campanario de un templo, 
esperando volver
al clamor de las campanas.


Diente de león


Te tome entre mis manos como una niña

Con azúcar en los ojos y un deseo en el corazón.


Soplé sobre tu rostro como antiguo presagio

Y tus cabellos despeinaron la ventisca.


Como pájaros

Montando el telón de la tarde


Te me escapaste entre los dedos,

Llevando al cielo mi deseo.


lunes, 12 de enero de 2026

Haunted houses never entered



Limerence piercing the night
with the hope of eternal sunshine:
firework wishes fall apart through my eyes
like shooting stars
in the rainbow colored sky.

Andersen’s stories highlight
the darkness of an enchanted
fairy tale
A three way dance forever written
between my shadow, my reflection and myself.

I dreaded that first robin though,
waving his wings and leaving in the thrills of summer,
The stolen song
from a soulful nightingale
who wept for its own captivity
 And the beauty of every weeping willow tree,
Caressing the skin of foreign lakes.

Remember, remember the 5th of November
Was a forbidden anthem,
between the sweetness of his childhood memories
and my long-forgotten dreams.

I found in his sparkling eyes the yearnings of my youth, 
no so long ago, 
but felt like three lifes already lived and wasted:
a camper around the world,
under a heavy coat of stars,
the sexy perfume of freedom—
and a shared sip of poison
In the red room of compromise.

But there are always spiders,
Sphinxes guarding
portals of magic gardens,
poems written with red-rose ink
stolen from the nightingale’s chest
The crushed daisy  song, 
the dreams of I should and should not.

His hand lingered next to mine,
untouched divine space,
like God and Adam’s
platonic heaven
in Saint Peter’s dome.

Tívoli was the stop of my daydreams
and nightmares—
the Tarot sun and the tower,
the arcade and the roller coaster—
Stars aligning
At the wrongest of time.

Haunted houses never entered
will haunt me forever.
In the darkness I wonder
what shadows may have glittered.

I fear the pixie’s dream of madness,
and the empty swing at the Scottish cemetery—
because I shouldn't and want them so.

And how to make peace
with these rags of skin
that still desire
everything and more?:

The crown and the magic wand,
the rom-com and the Russian novel,
the roots and the clouds,
the peace and the stormy weather.

I want to be a little bit lost
until I find myself,
in a quest for the quest,
to point at a star and follow 
without ever feeling the need
Of getting somewhere.

I want to stop and smell the roses,
salute the ducks in a pond anywhere,
and write as I go,
in between plumes and feathers—
to be the poet and the poetry
all the same.


EL ABISMO


I

¿Cuán profundo es el abismo,

ese al que todos caen sin notarlo?

¿Cuán profundo será?

¿Él lo habita realmente?

¿Conmueve su alma tanta oscuridad?

II

¿Puedes escuchar sus voces,

pájaro de la caverna?

¿Sus retorcidas súplicas?

¿Sus gritos, ave de rapiña,

puedes escucharlos?

Tú, a quien llaman "Dios",

a quien claman "salvación",

¿puedes escucharlos?

Yo creo que sí…

E impaciente aguardas su caída,

para devorarlos.

III

El perfume del abismo es grato…

tiene esencia de tentación

y te llama con su dulce aliento:

“¡Verás a Dios!, ¡Verás a Dios!”

Y mientras caes,

no hay ángel ni consuelo que se apiade.

Al tocar fondo rezarás de nuevo:

“¡Veré a Dios!, ¡Veré a Dios!”

Pero las alas que baten no son de ángel,

y entre la sinfonía de gemidos,

escuchas a los buitres devorarte.

IV

Estar en el borde, mirar hacia abajo,

empaparte del dulzor de su aroma,

con el sabor que envuelve su mito.

Te deslumbra la luz cegadora,

blanca, pura, bella…

y escuchas cantos que te llaman

como voces seductoras de sirenas.

Disfrutas el sueño:

nubes esponjosas atenúan tu caída,

y un alado omnipotente

te sonríe desde las alturas.

Tentadora oferta…

Miras abajo.

Y en el fondo,

que no alcanzan tus ojos,

un animal hambriento

aletea entre las sombras.