lunes, 17 de noviembre de 2014
Lola yel pirata 1/2/3
“Era una hermosa mañana soleada pero de viento frío, tan frío que calaba hasta los huesos. No sólo era el viento, era una sensación de incertidumbre que permeaba la piel aún cuando todo a su alrededor parecía radiante.”
¡Pinche Lola! Hasta lo más jodido se vuelve poesía en su cabeza flotante y lo más tedioso es causa de exquisita reflexión. Te sigo leyendo: “así es el sol del invierno, picante, delicioso sobre el cuerpo exaltado y tembloroso de desvelo que no encuentra consuelo erizado en la ráfaga gélida que le acompaña...” O sea, ¡no mames!
La noche anterior (aunque sabía, sabía y no puede hacerse la inocente) Dolores tomó camino “al encuentro con un hombre tan enigmático como una esfinge envanecida en su acertijo...” Sí, estás en lo correcto, se refiere a un tipo fanfarrón, creído, narcisista… como los que le gustan. Pirata lo llamó (oiga usté esa mama…) por el piercing en la oreja y la pinta de ratero… que bien pudo robarle un par de sueños diría ella, blandiendo su espada de sonrisa frágil y empuñadura de versos, ja-ja,ja-ja, ja, ja. “De él no conocía nada más que su poder magnético”. O sea, le gustaba un chingo pero nunca hablaron más de dos palabras y aunque eran tan distintos, en la cabeza flotante de Lolita parecía “sinergia”… ¿No, no te suena?... Ok, replanteo: creía que se parecían. “Era ante todo un intrigante desconocido, atrevido…”, eso sí, ¿crees que la primera vez que tomaron un café la invitó a vivir con él, sin conocerla ni un poco? Atrevido y pendejo, ¿qué tal que Lola le hubiera dicho que sí? Y yo creo que de inicio le gustó porque Lola es mensa, pero buena, digo, está buena. “Un atractivo teatro de sombras” como esos en que tu papá hacía un ¿perrito?, que sólo distinguías con muy buena imaginación... ¿entiendes la metáfora? ¿no?... ok, algún día quizás.
“A su lado me sentía más revuelta que en el vértice del Maelström y él no daba pista para bien o para mal”. Esa Dolores, no podía decir nada más que estaba insegura… tenía que poner a prueba tu cultura y la mía esgrimiendo a Poe. Bueno, si no has leído ese cuento, es sobre un remolino, te va a gustar. “Podía ser profundamente enigmático…” o simplemente poco comunicativo y ya sabes, por algo dicen que la curiosidad… y déjame decirte que a Lola le encantan. Sin embargo, “una fuerza incontrolable”, como todas las que te llevan a caer en las peores pendejadas, “se apropió de mi cabeza y me arrastraba hacia él.” Y fue a verlo, aunque ya sabía, sabía y no puede hacerse la inocente; fue aunque recordaba las palabras de su madrina Hada, que al enterarse de la mala suerte que había tenido en los últimos años, le sugirió una limpia y la invitó a llamar en cualquier momento del día o noche si empezaba a pensar en “tonterías”. Y pobre Hada si la bruta de Lola le hubiera tomado la palabra, pues con una de diez que flotara en su cabecita, la madrina seguiría ocupada.
“¿Tonterías?” Obviamente Hada, la madrina, pensaba que la loca de Lola estaba al borde del suicidio… y hubiera sido natural pensar en eso después de tan mala racha, pero las nubes que adornaban su cabecita decían “amoour” porque “all you need is faith… all you need is faith, faith. Faith is all you need”. (Sé que me saqué a 30 seconds to Mars de la manga, pero no escuches mucho a los Beatles o te llenarán la cabeza de pendejadas: I am he, and you are me, and blahdada and we are all togeather… ¿eso qué?) La tonta idea de amor nuevo, fresco, puro, bello que empezaba a surgir con el tal “pirata” (no hay nada como el original) aunque lo sabía, sabía y no puede hacerse la inocente. Por algo el amor y la muerte aparecen siempre relacionados… ¿Teos y Tanatos? bueno algo por el estilo... aunque creo que eso más bien tiene que ver con el sexo… pero ese es otro tema: sexo vs. amor, sexo = amor… mucho, mucho rollo. Volviendo al amor y la muerte, hasta hay una película de Woody Allen con ese nombre “Amor y Muerte” (no de mis favoritas, por cierto, sale Hugh Jackman, no que Hugh Jackman esté nada mal). Y la pinche Lola con su cabeza flotante se preguntaba fingiendo ingenuidad para sí misma “¿será esto una de esas tonterías?” e incluso “Hay muchas formas de suicidio, ¿será esta una de ellas?”, ni quien se lo crea. Te juro wey, que ni ella se lo creyó. “¿Le hablaré, le hablaré a mi madrina ahora mismo?” Lo hubiera hecho, sólo por esa vez. Todo hubiera sido mejor… estar parada al borde de un puente hubiera sido más romántico y menos estúpido de lo que acabaría por hacer. Todo porque aquella necia fuerza le dictaba, y no cualquier tipo de necedad, terca la muy pendeja “¡No! Cualquier experiencia, ya sea bella o mordaz es una prueba de vida.” Prueba de vida mis huevos. Las pendejadas sólo prueban la pendejez.
Luego, aunque fuera por los signos debió dejar de flotar un poquito antes. Llegando al restorán argentino les tomaron la orden:
- Un vacío en su punto para compartir con la señorita.
Y bueno, estaban pasando las peores escenas de “El asesino dentro de mí” durante la cena. Alguna campanita debía sonar en su cabecita nebulosa.
Sentaditos uno al lado del otro sin por eso estar juntos, ciegos los dos, cada cual con su propia historia, cada cual con su objetivo oculto pero presupuesto… no podían ser más cliché. Cada uno en su discurso atropellado, interrumpido por la transmisión de la T.V. (escenas horribles, ¡tienes que creerme!, ver a Jessica Alba ser desfigurada a golpes… es algo traumático), ininteligible el uno para el otro.
Luego a la cama seca, de tacto temeroso, ¿profundo?, raro… ¿incomunicación?, ¿películas porno en la cabeza? ¿alguna de Alfred Hugecock? Esas son algo vintage… a mí me encantan tipo Harry Puter y el prisonero ¿Sacabán, Teatascabán?, ya no me acuerdo bien. ¿Películas religiosas, quizás? “La pasión de Cristo” ¡pinche Mel Gibson Gore!… ¿porno-religiosas? “El beso negro de Judas” con la participación especial de Jesus Fucking Christ… ¿falta de práctica?, ¿demasiadas expectativas?, ¿simples inseguridades? Yeah. We’ll – never – knooow... pero era cierto que encontrarían "ese frío-calor tan confuso, esa incertidumbre tan odiosa como soberana de lo que puede y no puede poseerse…" Luego vieron la última de Hannibal, ésa en la que no sale Anthony Hopkins (digo que todo iba mal) y pasaron “un sueño tortuoso”, sin contacto, sin abrazos… “raro para quien no acostumbra dormir solo, común para quien despacha a sus conquistas sin pasar la noche”. ¿Quién era quién?, ve tú a saber. Un baño de trámite a la mañana siguiente. Desayuno fuera: Vips. Todo, todo, todo mal.
Entre los hot cakes y el café, se le ocurrió a la tiernísima Dolores Del Aire, disparar como tema de sobremesa:
“Quiero verterme en ti. Puedo verterme entera, si puedo encontrar en ti un recipiente.”
Y al delinear esas palabras… que nadie dice en un ambiente tan trivial, vaya, que nadie dice nunca, ¿qué es esa mamada de verterse? ¿Por qué no ir con el más común y comprensible “enamorarse”? En fin, podía obviarse que estaba estúpidamente “vertida”, sin incentivo alguno, sin recipiente de sus pasiones... o sus pendejadas. ¡¿A quién se le ocurre pensar que hay algo de espíritu en la carne, man?! Es taaan mainstream. ¿Hipster yo? No wey, pinches hipsters ¡los odio!
Y obviamente él no esperaba ese balón, o al menos creyó que podía evadirlo. Parecía baleado por la pregunta, con el huevo a medio atragantar, ya no pirata, sino el zombi de un pirata que pasó en coma los últimos años de su vida, wey. Despertó desconcertado y sólo pudo preguntase:
- Em… Mh, mh, ¿se dice verterse o vertirse? Eje-je…
Ok, voy a decir que es una pregunta pendeja, no por lo que pensó Lola, que obviamente fue “¿escuchó una palabra de lo que le dije?” porque evidentemente la respuesta a esa otra pregunta pendeja es: ¡Sí, wey, escuchó U-NA palabra de lo que dijiste!: “verterme”. Pero eso no es el punto, sino que el doctísimo Sr. Lacónico/pirata/hipster/cabrón sobre todas las cosas “con K mayúscula”, estaba tratando de corregir la ortografía en una declaración amorosa “equivocadamente”. Take it bitch!
Como si lo anterior no hubiera sido suficiente cabronería para una vida y media, (y no te atrevas a corregirme, que si la palabra cabronería no existe, ya la inventó alguien en algún lugar de México… por cierto, otra película mh rara, pero divertida… sale Johnny Depp) aderezó su eminente respuesta con:
- Yo… no sé lo que siento.
¿Más cliché que eso?, ni “no eres tú, soy yo,” wey. Esaa… es la versión metrosexual de “estoy confundida”. Pero el pequeño huequito que dejó su estocada en el corazón de la estúpida de Lolita (estúpida de cariño) no fue suficiente, terminó el “a fondo” con… (ok, sorry, me emocioné con la esgrima):
- No siento nada.
Me acuerdo que para esta última afirmación Lola, un poco paralizada encontró tres posibles explicaciones: 1) es un zombi, 2) es un psicópata, 3) problema severo del sistema nervioso. Dos no sería raro, wey. Dolores ama a los psicópatas casi por defecto. Recuérdame al final de esta historia que te de una lista de características de la psicopatía que me encontré en la página del Discovery Channel y ten cuidado, están entre nosotros y son más de los que crees. Si te llegas a topar con uno, por favor… preséntaselo a Dolores. ¿Número uno? Zombi era algo más nuevo, pero igualmente emocionante, como en “Mi novio es un Zombi” o algo por el estilo. Personalmente prefiero a los vampiros u hombres lobo, pero urge aclarar: no a los de Crepúsculo, porque las paredes oyen, especialmente la cuarta (tú sabes, wey) y alguien podría estarme grabando en este instante… no quiero que se me malinterprete y corra por el twitter que soy fan de los Cullen... aunque la canción de la penúltima peli está súper corny, love it ¿No? “…I have died every day waiting for you. Darling don’t be afraid, I have loved you for a thousand years, love you for a thousand more…” Mh, ¿no te suena? Ash, ¡sal de tu caparazón de vez en cuando!
Ahora, tres: Problema severo del sistema nervioso. Seamos sinceros, eso sí es algo demasiado raro e inaceptable, que de probarse cierto, Lola tendría que excusarse de la siempre original manera: no eres tú, soy yo… reformulada a las circunstancias.
Yo, me voy más por el zombi, aunque bien podía ser un tipo X: lacónico/engreído/hipster/cabrón suena a un tipo X… o un zombi… ¿alien? Uh, ese estaría chido… y nadie en su sano juicio, podría haber esperado más de un zombi, o un tipo X para el caso.
De un alien sí se espera mucho más ¿o sea, cero telequinesis? ¡Por dios!, ¿de qué me estás hablando? Ok, dime si no era evidente. La teoría de tipo X tenía lógica, pero sonaba confuso en la mente flotante de Lola.
Mh… regresando a lo de alienígena. Esa nunca se le ocurrió a Dolores, pero hablo sólo por hablar. Seguro los aliens son más chidos... ya sabes, te abducen en Tepoztlán mientras estás fumando mota y esas cosas. Bueno, ¿en qué iba? Ah. Luego, al tiempo que el pirata volvía en sí tras la muerte y el largo periodo de coma, habló de sus ocupaciones (iconoclastas de ideas distintas al trabajo, a su importante trabajo). Habló de distancia-frontera de sus emociones, que tiempo atrás pareciera promesa (Seee, en la forma de hablar mamona se parecían un chingo). Se vio tan propio, que aunque Dolores captó el mensaje, y le escoció el intestino, su mente flotante lo tomó leve: “Sí, es muy difícil, ahora no puede… quizás después”.
… ¿Problema severo del sistema nervioso? A lo mejor, yo qué sé. El tipo X/antes pirata recibió instantáneamente un mensaje de texto, informándole que iba tarde para reponer una clase y tendría que acortar el desayuno. Psicópata no, me queda clarísimo, o hubiera usado la excusa de ir tarde para regresar las pelis como en American Psycho (esa película sí me gusta, la verdad y no, no he leído el libro).
“Por más que me aferraba a la magia del teatro, presencié el cambio entero de la escenografía y llovió entre mis pequeñas nubes. Un sí o un no hubieran sido suficientes, era todo lo que esperaba en realidad, pero hubieran sido igualmente inútiles.”
Drama, drama, drama queen. Aunque el dolor de Dolores dolía en el extremo superior izquierdo del hígado, (problemas gástricos, pobre, la neta) no le acabó de caer que no habían amores puros por nacer, que entre besos estuvo siempre sola, la profunda vacuidad del “vacío para compartir” y el trágico destino de ver junto a él sólo películas horrendas (suficiente para matar cualquier relación por más larga y más buena).
Lola, Lolita, de cabeza flotante aunque no tan hueca, sintió frío y la ráfaga le perteneció por un instante. Ya sé… lees algo y se te pega. “Me elevé, como tantas veces, de la tierra... perdida en mis pensamientos. Tonta, tontita pero no ingenua, sabia, sabía, sabía en el fondo, siempre lo supe y aposté por la experiencia. Quizás derramé una lágrima intramuscular y me dije -pendeja, no hubieras venido… le hubieras llamado al Hada madrina para que te frenara o al menos cerrado la bocota por seguir levitando- “(está bien, esas últimas son mis palabras, excepto…
levitando, esa sí dice aquí... bueno, te da una idea. Recordó entonces una frase de su poeta favorito (un tal Valdés de la Campa que sólo conocen en su casa): “Volar es ir de prisa hacia la muerte.”
A ver, efecto de eco, por favor, voy a repetir sólo una vez:
“Volar es ir de prisa hacia la muerte-erte-erte-erte.”
¿A poco no suena bonito, misterioso?, ¿eh? Y además tiene razón. Te dije que el amor y la muerte…, pero no me haces caso. Bueno… buena, dolida, dolorida Dolores guardó las nubes en su mochila, vació parcialmente de helio la cabeza y rió por reír, no tanto por lo cómico de la situación, que en realidad lo era, jajajaja, a mí me mata de risa, jajaja, tampoco por el golpe de helio que seguro la hizo hablar chistoso, jajaja ¡M-h, mh! (limpiando garganta) si no por lo mismo que te cagas de risa en las malas películas de terror, las que son innecesariamente, asquerosamente sangrientas… ¡Ay! ¿Tú no?, ¿No me digas que te asustan de verdad? ¿Sueñas feo? Jaja. Bueno, conozco a mucha gente que le hacen reír, quizás sí, estamos todos bien pinche enfermos. Yo digo que es normal, es un impulso que elimina la tensión, sólo eso.
Estaban entonces en el auto. No, no es otra versión del Zodiaco, ni un slasher, aunque en este punto que odias tanto a este pobre par de pendejos… quizás al zombi menos… (por identificación) sería agradable ver un machete entrando por la ventana y salpicando su sangre por todo el parabrisas… Esa bien podría ser una peli de viernes 13 o de Robert Rodríguez (y porque puedes tener la osadía de quedarte con cara de “?” al escuchar el nombre Robert Rodríguez te doy una pista: Machete, Sin City). Dah, he estado hablando de Lola en presente, por si no te has dado cuenta, lo que quiere decir que aún está viva y es más, ¡dios nos libre! podría existir una secuela.
El caso es que estaban frente a la estación “delineando ese adiós que si bien, era esperado en algún momento… no se sabía tan último” lo que demostraron inútiles mensajes de texto posteriores… ¡Demet bitches, tengan algo de dignidad, entiendan a la primera! Bueno, fue una corta y última despedida. Él estaba por emigrar a Cabo y ella se iría de puntitas a la chingada. Lugares cálidos los dos.
En la radio, el locutor comentaba:
- … Usted está escuchando lo mejor del jazz. El día de hoy, una hermosa mañana soleada pero de viento frío son las…
- ¿Eso qué…? “Una hermosa mañana soleada pero de viento frío…”
Lola pensaba del 1/2/3 que se sentaba al volante: “es un tipo muy elitista, con un sentido considerablemente crítico en todos los aspectos”
(dígase de pinche mamón, no puede dejar de viborear ni al tipo del radio) y trató de disolver la crítica por un instante:
- Es verdad, así son los días soleados del invierno. El sol es picante y el viento helado.
Pero el 2/3/1… no lo dejaría ir:
- Pero… como que no viene al caso decirlo en la radio.
Y Lola cabeza flotante, terca como ya sabes, tam-poco lo dejaría ir:
- Una hermosa mañana soleada pero de viento frío… me gusta. Podría ser el inicio de un cuento.
Y ya, me hartaron los dos, ¡carajo! Entonces llegó Leatherface con su moto-sierra y………… no los mató, te dije que no era un slasher.
Es una historia de amor. ¿De amor? ¿sexo? ¿Amor vs. Sexo? ¿Sexo = Amor? ¿Amor y muerte? I don’t know, man.
El caso es que Leatherface iba por ahí, matando a los hipsters en la nueva secuela de Masacre en Texas, cuando se decidió a tomar un Winter break y vacacionar en D.F. Justo bajaba del camión con su moto-sierra, cuando el dichoso auto que tocaba lo mejor del jazz, por poco lo atropella. Bastó una mirada entre el conductor y el casi atropellado para que los sentimientos amorosos florecieran como jazmines perfumados. Ahora viven en Baja. Tienen una casita con vista al mar y les gusta perseguir en su barquito a las ballenas. Adoptaron a un par de niñas güeritas y son una pareja… peculiar pero muy amorosa. Lola se enamoró de la moto-sierra y les ha dado mucho por eso de las labores comunitarias. Juntas han construido ya decenas de casas para los damnificados de huracanes e inundaciones. Pero es en invierno cuando se la pasan verdaderamente bomba. Celebran su aniversario cortando los arbolitos de navidad. Yo voy cada año a comprar el mío y me encanta verlas tan contentas. Ya ves, hasta los más mensos pueden reivindicarse.
Todos fueron felices para siempre. Ta-rán.
¿Te gusta? ¿No? Yo amo este final. Es mejor que el verdadero anyways.
Ash, ¿quieres el final tonto, el de verdad tonto?
Bueno… me recuerda a un par de películas de Woody Allen (Annie Hall y Celebrity con Keneth Branagh), hay este chiste que nunca me saco de la cabeza: La comida en este lugar es malísima… y viene en tan pequeñas porciones. Así es en las palabras de Lola: “Una hermosa mañana soleada pero de viento frío podría ser el principio de un cuento o el putísimo final de esta lamentablemente breve y estúpida historia.”
Amanecer
El amanecer era azul, verde, era morado, rosa, rojo, amarillo y en el fondo, entre las nubes, el sol despuntaba de forma extraña; parecía más una luna gigante con un brillo frío que no se adueñaba del paisaje y sin embargo, irradiaba pintando el cielo de colores. Por debajo de él, una nube oscura tronaba, combatía con otra y entre los morados pintaban de rayos un horizonte distante.
Ella nunca despertaba a esa hora y tampoco lo había hecho ese día, más bien le cayó la mañana en vela, como tantas veces, sin embargo, jamás había visto el alba tan sorprendente. La necesidad de un cigarro la llamó a la terraza, como si Zeus cantara con su voz ronca sobre sus urgencias. Los ojos se adelantaron al cuerpo y la visión era tan esplendorosa, que la ansiedad se disipó y contempló con devoción la belleza que pensaba extinta. Cuando la chispa de la finitud asechó su cabeza, la urgencia se transformó en otra.
- Omar, por favor, pásame la cámara.
- Nooo, hace frío ahí afuera.
- ¿Frío?
No lo había sentido hasta ese momento. Era verdad, estaba helando, pero el cuerpo temblaba tan estremecido por la imagen que no cedía un brazo para otro escalofrío.
Necesitaba la cámara ahora. No era el deseo de retratar una imagen perfecta, era anhelo de capturar un instante de su vida, de congelarlo para revivirlo infinitamente… como te hubiese gustado congelar la sensación del primer beso, del justo instante en que viste tus ojos reflejados en otros y entendiste que estabas enamorado, del mismo modo que quisieras guardar en un cajón accesible las manos de tu madre, para ser confortado cuando más lo necesites, como me gustaría coleccionar el aleteo de una mariposa, el día más bello del verano, las lágrimas de mi mejor amigo, el primer contacto luminoso con la vida.
Ella quería salvar esa visión, que sus ojos no se atrevían a abandonar un segundo, pues sabía que a un momento de desviar la mirada, se perdería para siempre; pero no sólo perdería la imagen, si no la sensación fugaz, fantástica y tónica de que todo, a partir de ese instante estaría bien.
No Vacancy
No recordaba de dónde venía ni lo que había sido antes. Me sentí como al despertar dentro de un sueño.
Estaba en un lugar tan conocido como extraño. Me acosaba la sensación de haber estado ahí millones de veces, pero todo lo que veía me parecía tan raro, como la calle donde jugabas cuando eras niño, revisitada unos treinta años más tarde.
Era de noche y un resplandor parpadeaba en la acera cercana.
Yo no era yo. No tenía ojos ni oídos y sin embargo veía y escuchaba. No tenía un cuerpo humano, pero sentía y pensaba como tal. Es más, pensaba en ti.
Tenía la sensación de pertenecer a algo más grande. Era parte de una flor, pero no como aquellas que desprenden enervantes aromas. Era parte de una flor tan frágil, que con el leve silbido del viento, fui arrancada de su tallo, y comencé a volar. Fui una sola espora de diente de león deslizándome sobre las corrientes.
Sin voluntad alguna me elevé hasta quedar de frente a una ventana iluminada. Para mi sorpresa tú estabas ahí, bañado de luz, sentado en el centro de una enorme habitación vacía, mirando hacia la ventana.
Quise detenerme a espiarte, pero empecé a caer tan lentamente como los paracaidistas que veíamos agrandarse en el cielo desde el jardín en Tequesquitengo. A modo que descendía, fui descubriendo cientos de ventanas idénticas a la tuya, pero las luces estaban apagadas. Bien pudiera todo el mundo haber estado dormido, pero más bien, me dio la impresión de que todas las habitaciones estaban vacías y sólo tú habitabas el penthouse de aquel enorme edificio.
Casi llegando al piso vi a un par de personas acercarse a la entrada. Echaron un ojo dentro, miraron hacia arriba y se marcharon sin entrar, tocar o decir nada.
Un viento amigo me impulsó de vuelta a tu ventana. Escuché unos golpes rítmicos, te pusiste de pie y abriste la puerta.
-Señor, ¿Todo bien? ¿Se siente cómodo en nuestras instalaciones? ¿Qué le parece nuestro servicio? ¿Desea prolongar su estadía? Déjeme comentarle que es el mejor huésped que hemos tenido jamás y es un deleite tenerle con nosotros, es por eso que deseamos hacer su estancia confortable y si le hace falta algo, por favor, no dude en hacérmelo saber, que personalmente me haré cargo de cualquier cosa que necesite.
- Quisiera hablar con la dueña para el asunto de la luz. Me gustaría que el edificio completo estuviera siempre iluminado.
¿Qué clase de petición era esa? Imaginé que te mandarían por un tubo, pero la voz del otro lado de la puerta se apresuró a decir:
- Señor, faltaba más. Haberlo dicho antes. Yo soy la dueña y el edificio entero está a su disposición.
Por más que hubiera deseado seguirlos espiando, me arrastró una ventisca hasta la punta del edificio y todo fue claro. En lo alto parpadeaba un letrero iluminado con neón: ALAS’ HEART HOTEL. No Vacancy.
Todo el edificio se encendió de un momento a otro.
Abrí los ojos, como quien despierta dentro de un sueño. No recordaba de dónde venía ni lo que había sido antes. Estaba recostada sobre tu pecho, el que sentía un lugar tan conocido como extraño. Me acosaba la sensación de haber estado ahí millones de veces, pero todo lo que veía me parecía tan raro, tan perfecto. Yo no era yo. Era alguien mucho más iluminada. Tenía la sensación de pertenecer a algo más grande, una sensación de destino.
Estaba en un lugar tan conocido como extraño. Me acosaba la sensación de haber estado ahí millones de veces, pero todo lo que veía me parecía tan raro, como la calle donde jugabas cuando eras niño, revisitada unos treinta años más tarde.
Era de noche y un resplandor parpadeaba en la acera cercana.
Yo no era yo. No tenía ojos ni oídos y sin embargo veía y escuchaba. No tenía un cuerpo humano, pero sentía y pensaba como tal. Es más, pensaba en ti.
Tenía la sensación de pertenecer a algo más grande. Era parte de una flor, pero no como aquellas que desprenden enervantes aromas. Era parte de una flor tan frágil, que con el leve silbido del viento, fui arrancada de su tallo, y comencé a volar. Fui una sola espora de diente de león deslizándome sobre las corrientes.
Sin voluntad alguna me elevé hasta quedar de frente a una ventana iluminada. Para mi sorpresa tú estabas ahí, bañado de luz, sentado en el centro de una enorme habitación vacía, mirando hacia la ventana.
Quise detenerme a espiarte, pero empecé a caer tan lentamente como los paracaidistas que veíamos agrandarse en el cielo desde el jardín en Tequesquitengo. A modo que descendía, fui descubriendo cientos de ventanas idénticas a la tuya, pero las luces estaban apagadas. Bien pudiera todo el mundo haber estado dormido, pero más bien, me dio la impresión de que todas las habitaciones estaban vacías y sólo tú habitabas el penthouse de aquel enorme edificio.
Casi llegando al piso vi a un par de personas acercarse a la entrada. Echaron un ojo dentro, miraron hacia arriba y se marcharon sin entrar, tocar o decir nada.
Un viento amigo me impulsó de vuelta a tu ventana. Escuché unos golpes rítmicos, te pusiste de pie y abriste la puerta.
-Señor, ¿Todo bien? ¿Se siente cómodo en nuestras instalaciones? ¿Qué le parece nuestro servicio? ¿Desea prolongar su estadía? Déjeme comentarle que es el mejor huésped que hemos tenido jamás y es un deleite tenerle con nosotros, es por eso que deseamos hacer su estancia confortable y si le hace falta algo, por favor, no dude en hacérmelo saber, que personalmente me haré cargo de cualquier cosa que necesite.
- Quisiera hablar con la dueña para el asunto de la luz. Me gustaría que el edificio completo estuviera siempre iluminado.
¿Qué clase de petición era esa? Imaginé que te mandarían por un tubo, pero la voz del otro lado de la puerta se apresuró a decir:
- Señor, faltaba más. Haberlo dicho antes. Yo soy la dueña y el edificio entero está a su disposición.
Por más que hubiera deseado seguirlos espiando, me arrastró una ventisca hasta la punta del edificio y todo fue claro. En lo alto parpadeaba un letrero iluminado con neón: ALAS’ HEART HOTEL. No Vacancy.
Todo el edificio se encendió de un momento a otro.
Abrí los ojos, como quien despierta dentro de un sueño. No recordaba de dónde venía ni lo que había sido antes. Estaba recostada sobre tu pecho, el que sentía un lugar tan conocido como extraño. Me acosaba la sensación de haber estado ahí millones de veces, pero todo lo que veía me parecía tan raro, tan perfecto. Yo no era yo. Era alguien mucho más iluminada. Tenía la sensación de pertenecer a algo más grande, una sensación de destino.
jueves, 10 de julio de 2014
Cirugía de corazón
Tras una extenuante cirugía de corazón, despierto. Se me va saliendo de a poco la anestesia del cuerpo, siento frío, tiemblo toda; tengo reseca la boca, la entrepierna, los lacrimales.
- No puedo más. - Dije, y escuché el sonido del desgarre. El músculo atrofiado aumentó su ritmo a tal grado que parecía a punto de estallar en cualquier momento.
El doctor se apresuró a remendar el órgano que él mismo rasgó unos segundos antes por descuido. Reunió ilusiones de distintos colores, lazos, parches de besos, polvo de constelaciones, pelos de pegaso, grapas de acero valyrio, lágrimas centelleantes, promesas, caricias dulces, ojos de niño, miradas puras, acusaciones, súplica, negación, sonrisas, reclamos, compasión, una pizca de fe… como instrumentos que darían pie al procedimiento. Después de usarlos todos con una maestría que sólo él pudiera poseer.
- Listo. El corazón ha quedado como nuevo. – Dijo con cierta admiración de sí mismo.
- Pero, ¿por qué me duele? – Pregunté.
- Ya late con normalidad, el procedimiento fue exitoso. Es normal que sienta algunas molestias por un rato. – Sonrió, con esa sonrisa que calma las mareas, que expulsa las tormentas, que nace como flor en medio del asfalto y es promesa de toda maravilla. Esa sonrisa de cuyo brillo intenté ocultarme tras una puerta, pues es ella la que cura cada estocada, que refresca cada quemadura, que me eleva por encima de mí y luego es la misma que me engaña y me quema cínica, que me tira y me sangra.
El corazón está ahora convaleciente, late firme pero dolorido… No tengo fuerzas. En cada sutura entoné un grito, me defendí a muerte, pero sané. Sé que en cada reconstrucción se cortan las partes gangrenadas y al final, se va encogiendo este corazón mío sin más remedio.
lunes, 10 de febrero de 2014
Supernova
Sí, necesité escribirlo.
No pude frenar mi mano que se vierte caudalosa sobre el papel, del mismo modo que se vertieron sus besos sobre mis labios.
No puedo callar la forma en que me mueve esa mirada que penetra las cosas, que las atraviesa, que descubre vida en cualquier parte.
Él es la aguja en el pajar: lo que no se encuentra a simple vista ni se tiene la constancia de buscar y aquí está, lo veo frente a mí, lo siento romper contra mi pecho como un mar ignoto, tan hondo y apacible... me posee en su vaivén sin reclamarme siquiera.
Y estuvimos él y yo... bailando el vals del abismo, él y yo montando cometas, él y yo meditando en el bosque, conectados con la tierra.
Él paracaídas, mago, parasubidas extraordinario. Él, nudo de constelaciones. Él, parca de ojos verdes y mirada de santo. Él, oso, ballena, nutria, grifo, vikingo... yo, dama del bosque.
Él atardecer rojo, violeta, interminable. Él, contenido luminoso del rayo.
Él en quien puedo creer; quien me hace amar la flor sin cortarla. Él, tan finito como eterno.
Él mi supernova.
Él génesis y apocalipsis. Papalote sensible al viento, libro abierto, empero escrito en una lengua que no domino por completo. Me siento libre entre sus brazos. No me pierdo, me encuentro.
Y aunque me conmueva como la mariposa de alas rojas, translúcidas como vitrales de una iglesia... jamás me atrevería a aprisionarlo, pues como un león es más bello en su hábitat salvaje. Es fugaz y perfecto en su huida.
Quisiera tocar su centro luminoso y que en mí encuentre si no una flecha, al menos una astilla de esta sensación que me franquea.
Él, país de maravillas; tan cielo como precipicio, a partir de hoy es todo, es nada. Es polvo de estrella.
domingo, 9 de febrero de 2014
Música es tu boca calma, la voz de su gesto es la más dulce, que sin sonar, habla.
Música lenta es tu mirar taciturno, los ojos que no me miran y me atraviesan,
su lanza luminosa que me encuentra translúcida, es toda calor y toda melodía.
La verdadera belleza no se toca, como no se toca el color o el perfume de la rosa;
como no se toca el brillo de la luciérnaga o el canto de los grillos y empero,
se siente como una ola poderosa que rompe sobre tu cuerpo y de la misma manera
puede moverte, sacarte de balance, impulsarte sin importar tu resistencia...
o ahogarte con su implacable fuerza.
Así tu belleza no se toca y es por ello más perfecta.
Tiene el valor implícito de lo que no puede comprarse o poseerse, como ridículo es aquél que compra una estrella, pues su luz indescifrable sólo pertenece al firmamento, a los ojos que la encuentran cada vez que la miran.
La belleza es de todos y no es de nadie.
Te pertenece cuando la admiras, evocas, la creas y luego... la pierdes, sin perder por ello sus llagas florecidas, las cicatrices perfumadas que hieren los ojos, la lengua, el oído y los curan para siempre.
Tu belleza no puede poseerse, pero es más mía que tuya,
porque es a mí y no a ti a quien ha dejado estas heridas sagradas que aún florecen en el jardín de mi mente.
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