martes, 23 de marzo de 2021

Los duelos ajenos

 Lo de Paul fue en 2017, ya es 2021 y ha pasado tanto... 4 años desde mi trastorno de ansiedad generalizada y poco a poco creo exorcizar el terror de perderlos a todos, aunque lo siento como un eco en la distancia que se hace más reverberante  en tiempos de Covid. A veces creo que entre más sola estoy, me vuelvo más inmune a la pérdida, luego sé que la pérdida es un mosquito asechando por la noche, nunca se sabe cuando te va a picar, pero si te va a picar preferirías que lo hiciera rápido y te dejara dormir, no que además viva zumbándote en el oído. 

Desde que Paul fue asesinado he perdido tanto, han pasado cosas peores. Diego, mi primo, el lindo y tierno Dieguito a quien le regalé cuando era niño "El ruiseñor y la rosa", con el que fui hacía unos meses a un rancho de cabras y nos lamentamos juntos de que mataran a los cabritos, presuntamente asesinó a mi tía Malena, su mamá y si la vida me ha zarandeado ha sido en el terreno de la fe y la confianza. Hay que decepcionarse un millón de veces para empezar a entender que hasta el diamante se rompe con la justa presión y lo que ves es la mitad de lo que es. No se puede confiar en nada ni nadie absolutamente, todos en el fondo nos sentimos buenas personas y justificaremos el peor de nuestros actos hasta engañarnos a nosotros mismos. Millones de preguntas me asfixian: ¿Qué es ser una buena persona? ¿Quién pone los límites? ¿la ley, la moral, la popularidad? Bien y mal son conceptos de normas y límites en las relaciones humanas, sólo eso. Si todos nacemos buenos ¿nacemos también egoístas? ¿la bondad y el egoísmo se llevan? ¿Qué es verdaderamente la justicia? Pero no volvió de lleno la ansiedad.

Vino la pandemia. Mi mamá se enfermó, no corrí a estar con ella cuando creí que la perdería y eso me persigue hasta ahora, ¿soy mala hija? ¿soy mala? Mi mamá estuvo ausente más de la mitad de mi vida, ¿eso me justifica ante mí, ante otros? Soy la hermana mayor y huyo a sentirme responsable de todos, pero me siento responsable de todos modos. Pero no volvió de lleno la ansiedad.

 Se suicidó Gabriel y aunque no es mío para velar, sigo transitando el duelo. Sí me ha rondado la ansiedad muchas noches, pero no como esa vez.

Me siento en un hilo, sobreviviendo.

Ha pasado tanto y lo de Paul todavía me deshace, ¿por qué? Hoy abrí facebook y el cartel de un muchacho que desapareció en Temixco vino a recordarme que Paul en 2017 desapareció en Temixco también y al temer por el destino de este joven,  me atreví después de años, a buscar noticias una vez más y encontré que su presunto asesino está detenido. No pude más que derramar mi alma sobre la almohada. En 2018 me desmayé literalmente, después de leer en Facebook una noticia sobre un cuate que asesinó a su amigo y lo descubrieron porque publicó sus condolencias antes de que se hubiera hecho pública la noticia y pensé en Paul, en el terror de que alguien cercano pudiera haberle hecho daño. Me dio un rush de adrenalina como si yo debiera hacer algo, descubrir a su asesino por mi propia cuenta y a la vez me pegó en seco la ansiedad de sentirme tan impotente. Sentí que aunque quisiera actuar no debía, porque yo no estaba en su grupo de amigos más cercano, porque hacer algo podría significar para los demás una falta de respeto, quererme apropiar de su dolor, y a la vez una culpa infinita por no estar haciendo nada, por vivir todo el proceso de su desaparición de forma pasiva, cuando en el perímetro de los hechos yo estaba realmente devastada y sigo. Quería voltear al mundo, ir a su funeral, pero no conocía a nadie ahí y los que estuvieron tiene más razones para sufrir que yo. No me sentía digna de estar.

Esta sensación de tener un luto a cuestas y no sentirte con derecho a atravesarlo se siente como la indefensión aprendida, peor que gritar bajo el agua, es como como cuando gritas ente la multitud y la gente te escucha pero no le importa. Me remite a esa sensación como cuando eres abusada y hay una parte instintiva  con ganas de morder y rasguñar a la persona que te está haciendo daño, pero tu mente argumenta que sólo será peor, que no tiene caso. Es desgastante, tú, como la gente, te preguntas ¿por qué no hice nada? y no tienes respuesta, sólo una sensación de ser impotente y diminuta, más capaz de aguantar que de enfrentar, porque el que aguanta sólo vive internamente con sus consecuencias, con su propio juicio; el que enfrenta tiene que vivir sus consecuencias externamente y exponerse además al juicio de todos. 

Me pasa también con Gabriel, pero no puedo, como otras personas más cercanas, hablar de eso, especialmente no con las personas más cercanas porque me pesa robarle lluvia a su nube negra. Nos pasó a todos, pero a ellos les pasó más, uno piensa. Tan irrespetuoso como hablar de tu terror a Covid con alguien que perdió a su familia a causa del Covid. 

Me recuerda al argumento "hay gente que lo está pasando peor que tú, hay gente que muere de hambre en África, ya, ya, sacúdete las lágrimas, sonríe, se feliz". Como si fuera tan fácil... 

Una cosa no niega la otra. Hay diferentes razones para que te lleve la chingada, pero cuando te lleva, te lleva. 

Uno como mujer tiene en la punta de la lengua todas las palabras que la gente ha usado para hacerte gaslighting toda tu vida, para hacerte gaslighting tú misma en tus momentos más vulnerables: Dramática, exagerada, seguro no sientes lo que sientes y estás namás queriendo llamar la atención, son tus caprichitos de siempre, patética, chillona, crees que alguien le importa, crees que el fantasma de Paul te va a visitar o acompañar cuando en vida te dejaba en visto los mensajes... estás incomodando a las personas con tus dramas, no te das cuenta? Luego miras hacia atrás y te das cuenta que has logrado ser más cruel contigo misma de lo que han sido quienes te hicieron daño. 

He querido ser buena toda mi fkn vida, no ser conflictiva, pedinche, ser responsable, ayudar a poner la mesa, no incomodar aunque yo esté exageradamente incómoda. No meterse en problemas, ha sido el más grande problema de todos.

¿Por qué a pesar de todo lo de Paul me pegó tanto?

Hay duelos no reconocidos, duelos que "no nos pertenecen" porque no nos sentimos dignos de sufrir por la perdida de alguien que no era tan cercano a nosotros y sin embargo impactaba nuestra vida, y su muerte, pese a no estar en nuestra "jurisdicción" nos afecta y a veces nos devasta, pero era "de alguien más", de alguien que queremos y era más cercano; en caso de Gabo Sel, y no sentimos el derecho a desmoronarnos porque número uno, somos el círculo de confianza de estas ´personas y tenemos que estar "bien" para ellos, número dos, vemos a estas personas aparentemente estoicas mantenerse en pie y no podemos pasar por más vulnerables que ellos, no podemos pedirles que nos consuelen por una pérdida que es más de ellos, aunque quizás no tomamos en cuenta que ellos, por tener más cercanía podrían tener más acceso a un cierre desde dentro, que nosotros en el perímetro; porque nosotros no nos damos espacio para expresar, porque no nos quedamos con nada físico que nos recuerde, nos sentimos con derecho a invocarlos en sueños, a charlar con ellos en la ducha, para nosotros sólo están perdidos, continúan perdidos. Los recordamos y nos conmueve pero no tenemos con quien compartirlo, es una voz bajo el agua y hay una culpa de mencionarlos,  como si alguien pudiera pensar que invocamos su ausencia para apropiarnos de su tragedia y darnos un negro matiz de importancia. Es raro pero el dolor, la tristeza, la ansiedad son socialmente rechazados, porque se entienden como chantaje emocional, y cuando no se justifica en la cercanía, el duelo es más lento, más conflictivo, se acaba negando ante los demás como los celos y gran parte de la ansiedad viene de una necesidad de no incomodar a los demás, de aguantar.

Me imagino que esto pasa también entre padres e hijos, hermanos mayores y menores, grupos de amigos, parejas vs. exnovios. ¿alguien más lo ha vivido?

sábado, 28 de septiembre de 2019

Sueño buscando pruebas

Hoy soñé con mi padre de una forma indirecta. Estaba irrumpiendo en su casa con mis hermanos,  husmeando, revisando sus cosas sin decir a nadie qué. Miraba sus fotos con detenimiento y encontraba un collage de varias fotos de mí como de 11 o 12 años y en una apenas se alcanzaba a distinguir, pero estaba desnuda. Arrancaba la foto y me la metía en el bolsillo. “A lo mejor esto basta, qué clase de padre guarda fotos de su hija preadolescente desnuda?” Pero sabía que había algo más. Pruebas. Estaba buscando algo. Al principio no le decía a nadie lo que buscaba y venían a mostrarme cosas curiosas o interesantes que se encontraban, yo les reprendía y les pedí que dejaran todo como lo habían encontrado, por miedo a que mi padre volviera y se enterara de que estuvimos ahí. Ellos me decían que entonces ya nos fuéramos. Yo le hacía un ademán a mi hermana como que se acercara en secreto y le decía que estaba buscando las pruebas. Ella me miraba como “ahora entiendo todo” y mientras yo seguía hojeando libros y cosas en un escritorio, ella sacaba un libro con el título Orfeo.  Luego para mi sorpresa vi una foto intima con Pablo, como si mi padre hubiera tomado la fotografía. Mi rostro estaba más relajado, me quedé más tranquila. Al final encontré también una de Pablo y yo, los dos vestidos como hombre en disfraces pintorescos. Pasé mi mano cubriendo la mitad de la cara de ambos y le pregunté a Mile, cuál de los dos es Pablo? Y pensaba que era yo Jajajaja, yo me reía muchísimo y reflexionaba en lo mucho que nos parecíamos. Luego decía, ya tengo lo que necesito, ya nos podemos irnos.
    Todos lo sabemos porque lo hemos sentido, pero pocos lo tenemos consciente y nos cuesta trabajo aceptar que las emociones no vienen de 1 en 1.
    El momento en que me enojo no siento una ira en su perfecto estado de pureza, quizás incluso lo que llamamos enojo es parte de un tejido compuesto de varias emociones. Cuando me enojo por algo, me siento triste también, me siento defraudada, enojada conmigo misma por anticipar algo que tenía esperanzas de que sucediera, pero percibía que no iba a suceder; es un enojo contra mí por colgar mis expectativas a la otra persona, pero eso no quiere decir que a la vez deje de sentirme enojada porque la otra persona no cumplió con esas expectativas y eso me hace sentir dolida, estúpida pero dolida. Pienso y en el momento que se asoma el pensamiento lo golpeo con un mazo porque lo odio y me odio por pensarlo, pero no puedo negar que existe: "si me amara de verdad haría el esfuerzo, sabría leer entre líneas, intuiría, porque he dicho de mil formas que esto era importante para mí" y mi reacción furiosa no viene en un grito, porque mi enojo nunca trata de imponerse alzando la voz, sino con un silencio.          Me alejo y azoto la puerta, dejo que las cosas griten por mí.  Cuando estoy encerrada, aislada, viene un sentimiento de culpa y ridiculez que me hace sentir como si estuviera en una cápsula del tiempo y quien soy en ese instante no es una mujer, sino una niña pequeña que está haciendo un berrinche y lo único que quiere es que su mami le diga que todo va a estar bien y que la quiere a pesar de todo.
    Cuando estoy feliz tampoco estoy feliz enteramente. Basta ver esos momentos en que la gente "llora de felicidad". La gente que llora de felicidad, llora porque se le desbordan las múltiples emociones en ese momento: Llora por la tristeza de saber que tenía tantas esperanzas pero poca fe de que eso pudiera sucederle, llora porque se siente tan bien y sabe que ese momento se va a terminar, siente que el momento es casi ireal y fugaz y teme olvidar cómo se sentía; llora por la culpa de recibir algo que siente, en el fondo, que no merece. Llora porque le recuerda los sufrimientos de su pasado y cuando  sus expectativas han sido rebasadas viene un poco de enojo también, el enojo de no haber tenido antes la oportunidad de cumplir sus sueños y de haber pasado por tanto sufrimiento antes de llegar ahí y nunca ha sido un llanto de felicidad, es también de tristeza, de culpa; tristeza por porque es delicioso y cuando termina te das cuenta que es sumamente breve, miedo porque no sabes si volverás a sentir algo como eso.
     Cuando nos sentimos felices por otros rara vez nos sentimos felices enteramente. Todas estas emociones son tabú, sólo debemos sentir las cosas buenas, sólo debemos alimentar esos sentimientos positivos y al reprimir los otros nos hacemos daño, nos generamos ansiedad, nos generamos el problema de no identificarnos con nosotros mismos al ser demasiado políticamente correctos.

lunes, 4 de febrero de 2019

Truly, Madly, Deeply gone for ever

Tuve un sueño extrañísimo con parásitos alienígenas, fantasmas, tráfico, casas con huecos en el piso y bichos extraños, una orgía mortal y mensajes del más allá.
No sé cómo empezar a contar la historia porque como todos los sueños no tienen un orden narrativo preciso, todo son fragmentos, que se vivían de forma muy emocionante, con miedo, ilusión, deseo, confusión y muchas preguntas. Las emociones son reales, los personajes y sus actos son en parte referencias, deseos, fantasías e invenciones aleatorias de mi subconsciente. Fueron fragmentos como de distintos sueños pero se hilan perfectamente en uno solo.

- Casa, hueco en el piso y el bicho:

Estaba con Rob y Neto en una casa maravillosa, muy parecida a la casa en que vivimos actualmente y me fascinaba. Estaba cerca de uno de mis dos espacios de trabajo, era luminosa, espaciosa y decorada a mi estilo. Habíamos pasado algunos días en ella para probarla antes de decidirnos a rentar. Yo me sentía convencida, pero ellos se sentían más inclinados a rentar algo más cerca del centro, así que la acordamos pasar en ella esa noche para hacer la prueba.
Desde la entrada me gustaba mucho menos, era más chica y oscura, tenía la alfombra sucia y rasgada, parecía tener decoración como de los 70's,  pero deliberaba en mi cabeza, tomando en cuenta que a ellos les gustaba más y argumentaban que estaba muy cerca de mi segundo punto de trabajo y sería más cómoda.
Me puse a explorar la casa, con la intención de encontrar secretos obscuros con los que armar mi caso contra sus argumentos y encontraba algunas rarezas. Abría un estante y aparecía un bicho como una cigarra gigante, con antenas y patas desproporcionadamente largas que la hacían ver como si bloqueara todo el interior del estante de una repisa a otra. Había libros dentro, pero en eso no ponía mucha atención, porque me pegaba un pinche susto y azotaba la puerta del estante. (Notas del soñante: maldita cigarra ¿será mi bloqueo de escritor?) Les contaba lo que había encontrado pero no me pelaban mucho. Despertaba aún con una sensación de incertidumbre, como cuando abres los ojos por la noche y no sabes dónde estás. En la mañana estaba sentada en el piso con Neto. Estábamos practicando el ritmo de cups y riendo mucho cada vez que nos equivocábamos. Yo miraba sus labios con deseo mientras él hablaba, nos acercábamos un poco y sentía deseos de besarlo. Muy adrede reposaba mi rodilla sobre la suyas mientras repetía el ejercicio. En alguna pausa me recosté sobre la alfombra y vi que en una de las rasgaduras atravesaba una luz tenue. Me asomaba y encontraba un espacio subterráneo con libros y otras cosas, como si alguien las hubiera olvidado en un sótano del que nadie nos habló o simplemente las hubieran metido a través del agujero (Un sótano con libros. ¿Otra vez mi bloqueo de escritor hablando?). Le decía a Neto que vinera a ver y al asomarse, por un momento se rosaban nuestros hombros y me estremecía como si me hubieran soplado sobre el cuello. Él no le daba mucha importancia y seguíamos practicando. Roberto bajaba por las escaleras y cuando lo sentía bajar me preguntaba si era peor quitar mi rodilla rápidamente de encima de la pierna de Neto y evidenciar mi sentimiento de culpa o dejarla y no darle gran importancia. Optaba por lo segundo y claro que se daba cuenta. Yo me sentía muy preocupada de incomodarlo, sentía que le iba a doler que antes él y yo practicamos cups y nos reímos juntos, que era "algo nuestro". Él se me acercaba con una cara de extrañeza y nos decía: "No me pueden negar que algo está pasado: se gustan, ¿por qué no me lo habían dicho?, primero que nada somos amigos ¿o no?, no se preocupen, por mí está bien. No repriman lo que sienten." Sus ojos reflejaban comprensión, aunque sus cejas los enmarcaban con un toque paternalmente severo. Yo sentía el ardor espantoso y escalofrío que te da cuando te cachan y no puedes negar lo que es obvio. Me llenaba la culpa y la vergüenza, pero a la vez el alivio de saber que lo peor había pasado y no era tan terrible. Descubrí hasta ese instante que el deseo era recíproco.  "¡Vamos!, no sean tímidos, bésense." Nos mirábamos con ternura, miedo, shock, belleza y una tensión sexual con el peso del mundo se descargaba cuando nuestros labios entraban en contacto. Me sentía rara, confundida y sumergida en la intensidad de ese beso, en la sensualidad de su aroma mezclado con el mío, la electricidad en el contacto de sus manos hundiéndose en mi cabello. Lo rodeé con mis piernas y hubo un momento en que me sentí suspendida en el aire, soportada enteramente por sus brazos.

-Orgía mortal:
    Nos abrazamos y lo miramos. Su rostro no parecía tan compasivo y paternal como antes. Tenía una sonrisa sospechosa. En eso abría la puerta y entraba Val, la chica que en verdad le gusta a Neto. Rob la llevaba frente a nosotros, la sostenía de la nuca y la besaba apasionadamente. Los celos se atragantaban en mi garganta, mezclados con deseo, gusto por él, por el modo en que el juego subió de nivel súbitamente, y la sombra del temor de perderlos a todos.
La llevó hasta la mesa del comedor y cuando la tenía recostada, con la boca abierta, deseosa... hizo una señal invitando a Neto a acercarse. Neto caminó hacia ella como sonámbulo y se hundió entre sus labios. Yo me quedé sentada en el piso, sola y adolorida. Cuando los dos la tocaban se me erizó la piel y pensé: "esto me gusta y me duele, me da miedo y lo deseo, me siento muy sola pero puedo tomar la decisión de ponerme en pie y atreverme a vivir todas mis fantasías o darme la vuelta y por miedo, celos, un toque de humillación, indignación... y excluirme de la experiencia".
Me puse en pie un poco tambaleante y me dirigí hacia la mesa. Me inundó el aroma de la madera. Mi lengua se abrió camino hasta la boca deVal, mis labios exhalaron sobre el nudo de pieles, podía respirar el aroma mezclado de sus deliciosos sudores, degustarlos, pero mi mente se sentía distante, deseosa pero insensible por los nervios. Miraba a un lado y notaba que Val había traído a unos amigos: un tipo gordito y barbón que se veía simpático, pero nada atractivo y otra chica nada especial. Cuando los veía acercarse a la mesa me preguntaba si los podíamos excluir, poner una regla de "sólo conocidos", pero me sentía apenada de marcar ese límite y hacerles sentir el rechazo. Quería que alguien más se los dijera, pero aunque sentí la incomodidad generalizada, nadie quiso decir algo. Yo no sentía toda la excitación que hubiera esperado de una situación como esa, pero seguí adelante.
De pronto, una pierna empezó a moverse sin control y escuché un grito. Todos nos separamos y vimos un animal muy parecido a una serpiente introducirse por el cuerpo de Val.
La chica desconocida dijo como si supiera algo "es un parásito de esos que trajeron los alienígenas" y empezó a cortar pedazos de la piel de Val, adivinando los movimientos del parásito para intentar atraparlo. Llegaba a su vientre y haciendo una incisión un poco mayor lograba sacarlo de la cola, cuando la cosa viscosa giraba la cabeza y se hacía camino a través de su brazo. Yo estaba inmóvil, confundida y aterrada. Por mi cabeza pasaba (prejuiciosamente) que ella debía traerlo, porque sabía qué era y por ser la única desconocida.
Nadie se atrevió a acercarse y comenzó a convulsionar, hasta caer muerta con los ojos abiertos.

- Tráfico extraño.
    Como si nada hubiera pasado estaba por cruzar la calle con Neto y él me sostuvo antes de ser atropellada en un carril central que iba en sentido opuesto. Pensaba que no me había acostumbrado aún a esa forma de tránsito y le decía (como si tuviera alguna relación lógica con el sentido de los autos): "Y yo que creí que el poliamor sería más sencillo".

- Mensajes del más allá.
Estaba en un cine viejo, con poca gente. No estaba viendo la película, buscaba a alguien. Me decían que debía ir al estacionamiento. Ya ahí me topé en un mostrador a una viejecita con rostro impaciente. "Aunque encuentres a quien buscas no puedes comunicarte con ellos si estás muerta" me decía.
"¿Estoy muerta?" "¿No recuerdas el parásito?" "Sí, pero mató a la otra chica, no a mi" "...no te engañes, tú eres la otra chica". Me sentía confundida pero todo hacía sentido. Surgían entonces más dudas "Pero... ¿si yo morí, entonces Val...? Recuerdo ver escenas fugaces de su cuerpo cortado, pero nunca supe qué pasó con ella."
Sin decir nada me miraba con unos ojos que explicaban todo. Val estaba muerta también. "Ellos no saben que estoy muerta, ¿cómo puedo decirles que mi cuerpo está en la cajuela y yo tengo el parásito?" "Hay una forma..." me decía.  "Puedes comunicarte por medio de canciones. Escribe dos títulos de esta lista, los que mejor describan tu mensaje y llegará a ellos". Me entregó un listado de canciones y encontré dos que según yo explicaban todo. Una que conocía y la otra que nunca había escuchado. El mensaje decía: Truly, Madly, Deeply/Gone forever.
Salía del lugar y descubría que el estacionamiento era un cementerio y caminaba hacia una neblina interminable. 

domingo, 23 de diciembre de 2018

No son las 3:33 porque me dormí como a las 2:45, son las 6:42 y tuve un sueño aterrador. Había un hombre que pescaba en una laguna pequeña frente a mi casa con un gato siamés atravesado como carnada. Lo veía y me daba horror, especialmente por Quién y Rayita que estaban libres por ahí. Tenía un compañero, que de la misma manera sumergía el cadáver de un gato una y otra vez en la laguna. A cierta hora, cuando empezaba a oscurecer se decían: “no pudimos pescar nada bueno, pues comeremos gato otra vez.”
Mientras hacían el ritual, temía que me vieran, una vez que me vieron temí que me hablaran. Me preguntaba qué pez tan grande esperaban atrapar con ese tamaño de carnada y pensaba que sólo era lógico si quisieran pescar un tiburón, pero en la laguna realmente no habían.
Terminando de pescar 🎣 o más bien, remojar un gato una y otra vez, recogían sus cosas y pasaban por mi terreno. Me daba miedo, pero alguien más les hablaba. No sé si mi papá o mi mamá o alguien más (Roberto? Neto?) Justo antes estaba soñando que platicaba con Neto sobre estructuras del animé y sus villanos, una discusión sobre quién iba a dormir en qué cama... en fin, no sé claramente quién era la otra persona, pero les hablaba. En ese momento veía a Quién y Rayita caminando por el pasto, mientras éstos traían el cadáver escurriendo.
Uno de ellos se quejaba de tener hambre, de tanto tiempo que no lograban pescar. Recuerdo compadecerme y ofrecerles algo diferente de comer. Éste, que tenía cabello largo y barba me decía que ya no recordaba el sabor de las verduras con cierta melancolía y eso me emocionaba, lo compadecía y quería recordarle el sabor de las verduras.
El otro decía sentirse muy apenado y nada más nos agradecería un espacio en la cocina para cocinar su gato. Debo admitir que en ese punto me daba curiosidad cómo diablos preparaba un gato de comer y mientras yo hacía una preciosa ensalada caprichosa, veía al hombre poniéndole todas las especias al gato, lo que me daba la idea de ofrecerles pollo, a lo que uno me decía que estaría bien y el otro que no me preocupara.
De pronto estaba cocinando para este tipo que me daba terror, con la emoción de preparar algo tan rico que se olvidara de matar gatos. Él comía de todo y al final me pedía que le preparara un baño de tina que le caería muy bien... y que le preparara la cama, cada vez más invasivo. Ya no recuerdo cómo fue, pero de estar cenando en el jardín entraba a la cocina y empezaba a buscar algo con qué defenderme. Veía unas tijeras y me las ponía en la espalda entre el pantalón y la sudadera. Él entraba empujando la puerta abatible cuando todavía no cubría las tijeras y sentí miedo de que me cachara. Empezaba a jactarse de algo y decirme que yo qué podría hacer? Y agarraba un cuchillo pequeño, el de la fruta, con buen filo y le cortaba el borde de la nariz. Él se quejaba de lo filoso del cuchillo, pero se seguía acercando de modo amenazante y le enterraba las tijeras, pero seguía riendo, como retándome pero sin defenderse y con el cuchillito le cortaba los dos ojos y lo echaba. Cuando el otro se retiraba, veía que tomaba té de una tetera y dentro de la tetera estaba Quién con el cuello pelado y la lograba sacar y revivir, pero desperté muy agitada. Y al revisar la hora me encuentro con mensajes amenazantes de un tal Carlos que me ha mensajeado “hola te invito a salir” los últimos dos meses por redes sociales y yo no le contesté. Ahora me escribió que si chingo a mi madre porque soy su ligue de pueblo... y no sé qué tanta hostilidad. Voy a intentar dormir y luego veo si bloqueo al susodicho.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Estoy en casa de Liz y reí como hacía años que no lo hacía. Esta semana ha sido un re descubrimiento   De mis amores, de mí, de todos y todo lo que vibra en mi corazón y sentía sepultado... aquello que temía haber perdido. Me siento feliz, renovada, agradecida. Siento hoy que dejar un mundo para habitar otro no es carecer de raíces, haberlo perdido todo, sino me hace parte de los dos y ambos parte de mi. Quisiera habitar más mundos. Llenarme de el universo entero y expandir mi amor. Agradezco  infinitamente esta oportunidad de compartir el aire con seres tan libres, tan delicados y complejos, tan reales y tan de fantasía. Los amo, casi podría decir que demasiado y me encantaría tener una vida entera para dedicarle a cada uno de ellos.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Diarios de Ansiedad: Accidente Charlestón

    Son las 3 de la madrugada, como siempre que me despierto así. 
    Mientras dormía sentí agitarse mi respiración, tenía miedo... me repetía “respira profundo” una y otra vez desde la conciencia; era esta ansiedad que ya estoy tratando con antidepresivos leves, que había disminuido haciéndome pensar que estaba al fin “curada”. Y viene un día como hoy en que escucho mis pensamientos abrirse como lata de refresco, dejando salir el gas, trayendo descompresión y ¿por qué no?, un poco de  desesperación... se agolpan a salir como burbujas sin control todas las emociones contenidas de horas, días, semanas atrás... para juntarse catastróficamente en un solo trago que sabe picante y se atora en la garganta, como si tuviera miedo de resbalar suavemente y se detuviera a 20 uñas, porque es el maldito trago, como yo, sufre una crisis existencial y mientras todos los demás tragos disfrutan deslizándose, este siente que al llegar al estómago y mezclarse con los jugos gástricos perderá su identidad, aquello que le permite identificarse como trago y es de hecho una forma de muerte.
    No todas las emociones que me desbordan son malas. De hecho hay una enorme ilusión. Siento amor bello, intenso, deseo de crear nuevos proyectos y miedo de no llegar a realizarlos...
    En mi sueño ansioso mezclaba una sensación de libertad, ilusión, charlestón y la muerte atravesada, pasándose por el arco del triunfo todo ese anhelo, no dejándolo ser.
Con la voz semiconsciente rezo entre ensoñaciones, digo: “dios, permíteme suficiente vida para hacer esto”, pero se mezcla con un sentimiento de culpa, de indignidad, de no deber pedir para mí. 
    Pido perdón por mis faltas, por mi egoísmo, luego mis oraciones se difuminan con un segundo plano donde escucho música divertida de rock?, me visto para cantar algo de los 20s, tengo una pluma en la cabeza, guantes largos y una sonrisa grande. Veo a Miguel del otro lado de la calle y lo amo. Quiero correr, cruzar la calle hacia él y pasa el accidente. No es a mí, no soy yo en el sueño, pero hay siempre la amenaza.
    Aún dentro del sueño reflexionó la sutil similitud con la otra Ana...

    En un viaje a Durango con el Coro de Cámara nos invitaron a una cena y me quedé especialmente con dos recuerdos: el delicioso Mezcal que me dieron a probar y el viejito de la casa, que me parecía tan familiar. Al principio de la velada, cuando nos presentamos, me tomó de la mano fuerte y me dijo: “Ana, Ana... Bolena, Ana... Karenina, Ana Frank...”, quizás para enmarcarme entre Anas famosas, pero en mi corazón sonó a maleficio, porque fueron los nombres de Anas trágicas, condenadas, incomprendidas, Anas que murieron jóvenes; flores frágiles arrancadas de raíz.

    Veo entonces a la mujer que corre cruzando la calle, feliz, emocionada, un poco divertida de pensar que el peligro quedó atrás y no puede ver que el metrobús a toda velocidad la espera más adelante.

  La situación me recuerda una tarde curiosa en que intentaba explorar las creencias de mi amante, quien gustaba de consultar el oráculo del I Ching  y como Edward Bloom, se me ocurrió divertido preguntar cómo iba a morir. La respuesta fue muy extensa y ambigua, como todos los oráculos, y aunque me apena aceptarlo, muchas veces la tengo en cuenta, por supuesto, medio borrada y a conveniencia pero decía algo así: En el mejor momento de mi vida, cuando haya conquistado el éxito voy a sortear un gran peligro y cuando sienta que lo he superado por completo, miraré hacia atrás, quizás regodeándome por un momento y entonces... sucederá mi muerte. 
    Siempre pensé que sería un accidente de auto o una enfermedad como el cáncer, pero claro que esa descripción puede adaptarse a cualquier cosa. Puede ser incluso una muerte metafórica o literal. Puedo mirar hacia atrás como un recuerdo, como un remordimiento o simplemente mirar el retrovisor.... puede ser fácilmente cualquier cosa y de hecho, miro hacia atrás todo el tiempo. 
    Soy de naturaleza nostálgica y me fascina encontrar en el pasado la felicidad. A veces pienso positivo y encuentro que esta predicción me promete un clímax, y eso significa que hay algo más intenso y bello aún por vivir; pero cuando se apodera de mí el duende pesimista, temo conocer mayor felicidad o éxito del que poseo porque me acercaría inevitablemente al odioso final. De un modo inconsciente me ha hecho sentir enorme ansiedad sobre los momentos intensos y conmovedores de mi vida, me obliga a debatir internamente entre buscar o no ese clímax y rehuír al gran éxito... 
    Pero si los oráculos fueran verdad, como en la tragedia de Edipo, busque o no, huya o no, pasará lo que tenga que pasar.

    Este semestre tuve una experiencia conmovedora como maestra. Tuve el mejor grupo que alguien pueda desear. Hicimos en jueves temáticos travestismo, héroes, pijamas, halloween... hicieron juegos de mesa y composiciones de trabajo final. Los hice y me hicieron abrazar nuestro potencial, pude a través de ellos emocionarme nuevamente por mi labor, por mi vida. Los amo y los voy a extrañar intensamente. La última clase me dejó el sabor de “nunca será mejor que esto” y hasta ese instante recordé que terminaron su ciclo conmigo y no volverán a ser mi grupo... Me abrazaron, me dijeron que mi clase era su clase favorita y fui tan feliz, que juré en ese instante me caería un rayo y terminaría con mi vida, porque ¿qué chingados sigue de eso?
    Hace unos seis meses, cuando comenzaba mi crisis de ansiedad generalizada vi la serie Merlí y me daba paz, me hacía saber que ese es el tipo de docente que he buscado ser siempre... alguien que trascienda el aula y provoque curiosidad no sólo por una materia, sino por la vida. Cuando estaba viendo el final, me dio tal ansiedad que casi me desmayo. “Eso que quiero hacer lleva a la muerte”, sentí, a dejar de ser una vida para pasar a ser un símbolo en la vida de otros... un poco como es Meri Blunno para mí, quien no lo supo, pero me llevó a encontrar la llave del candado en mi mente. 
    Con lo que aprendí, con esa curiosidad renovada, pude escapar de la casa de mi padre, entender que tenía derecho a dejarlo y estar en desacuerdo. Me salvó la vida en cierto sentido y ni siquiera al final pude agradecerle, pero si le dije que la amaba... el caso es que Meri para mí es una santa, es un símbolo de fuerza, de lucha, de libertad, de poder femenino, pero también de su costo. Pocas veces es sólo una mujer bella, de carácter endemoniado, madre de mi amigo, sensual, sexual, con sus errores, humana... La mártir y hermosa Santa Meri será siempre en mí luz, la llama.
    Pero no me partió un rayo. Sigo viva hoy y no sé para qué, para seguirla cagando me imagino... pero “you have to loose to know how to win” o algo así dice Steven Tyler y "dream on".

    En fin. Ya es de mañana y hablando con mi madre sobre el accidente que presenciamos, dice que todos tenemos nuestra raya, mejor morir rápido que lento y me mostró una bella tarjeta que obsequiaron mis padres como detalle cuando nací y dice: ¿Para qué vine al mundo? Ustedes son el motivo. ¿Cuál es mi misión? Entre ustedes la encontraré. En verdad creo que más allá de nuestros fines y sueños egoístas, venimos para el servicio de otros. Mi misión... no tengo ni puta idea.
    Anoche fui a comprar un vestido para el show de Año Nuevo en el que voy a cantar un repertorio estilo Nueva Orleans. (¡Este evento me tiene súper emocionada! Primero, porque voy a cantar un género distinto a lo clásico y la expectativa me refresca, me encanta poder expresarme mucho más libremente, de forma más juguetona y segundo, porque el pianista que me invitó es Lalo Ibarra y es invidente. 
    Parece absurdo, pero el hecho de que sea invidente me llena de una felicidad profunda, porque por primera vez en toda mi carrera, sé que si me invita es porque verdaderamente le gusta mi voz, porque es puro oído y cómo me vea carece de importancia. 
    En lugar del vestido encontré una blusa con flequillos que parecía perfecta y llena de emoción caminaba de vuelta a casa de mi madre, cuando el cansancio de los pies nos desvió hacia una cafetería.     El sonido de las sirenas (que siempre me recuerda a la canción de Pearl Jam) atravesó mi ingenua felicidad por un instante y vi por insurgentes el metrobús con el vidrio estrellado. 
    Un choque pensé, cuando más adelante en el mismo carril me topé con la imagen de algo, que fuera alguien alguna vez... en un charco de sangre y tal como hiciera en la película de dos noches atrás, dije “¡Ay No!” Ente sollozos y me tapé los ojos. 
    Mi mamá me protegió como si fuera una niña. Me abrazó y me señaló al otro lado de la calle un arbolito de navidad 🎄 “mira las lucesitas, no voltees hacia allá”. Lloré y recé por el cuerpo, por el conductor del metrobús que se veía muy angustiado, o al menos el tipo que vi dentro del metrobús se veía angustiado... no se si era el chofer, porque afortunadamente no vi cuando pasó, pero temí por mi, por mi ansiedad. Me pregunté, como dijo mi psiquiatra la última vez que platicamos: "¿qué es realmente lo que no quieres ver cuando te cubres los ojos?¨ Y las respuestas desbordaron mi cabeza. Traté de no entrar en pánico, de dejarlo pasar y pude. 
    Me tomé un chocolate caliente con rosca de reyes, platiqué con Bobby y seguí un poco como si nada, hasta que apoyé la cabeza en la cama y como sabes, tu mente completa los pedazos faltantes de una imagen y la recrea a veces peor de lo que fue... con filtros que cambian de tono la sangre, saturando su color escarlata o ensombreciéndolo hasta que puedas ver reflejado en él el brillo de las lucesitas del árbol de  navidad y quise saber qué pasó en realidad. Busqué en las noticias y los hechos son: mujer de casi 40 años cruzó corriendo la calle y parecía librarse de los coches y no vio el metrobús que la atropelló.
Ayer crucé por ahí al menos tres veces. Tengo casi 40 años... 
    En mi sueño estoy vestida para bailar charlestón y corro emocionada para abrazar a Mike, se agita mi respiración, soy feliz, escucho Dixieland a lo lejos... es otra vida, es esta vida mezclada con la otra. Estoy apunto de llegar y pasa el metrobús atropellándome en otro cuerpo, con otras ilusiones, alguien que corre divertida y la ve cerca... se detiene, mira hacia atrás para regodearse un instante y luego no la ve más. Om mani padme hum. Requiem Aeternam.
    Muero y al morir trasciendo todos mis amores... en esta vida no tuve alumnos, tuve hijos; no tuve amigos, tuve hermanos... si te conocí  y no te odié, te amaba. Si te odié fue porque te amaba también, pero no obtuve de ti esa calidez recíproca.
    Si hoy me lleva el metrobús en mi último viaje quiero decir que no te amé menos por amar a alguien más, que lo que vivimos siempre fue especial para mi... como dije, soy naturalmente nostálgica y recuerdo en un altar cada momento que tuve la gracia de compartir contigo. Mis lunares son como tatuajes que representan los instantes que pudimos tener juntos, que sí tuvimos o tendremos en el laberinto de mi mente. Te amo de forma imperfecta, de forma egoísta, abstracta. Claro, no entiendo todo de ti y lo lamento. Te amo y está más presente en mí Ágape que Eros, aunque los siento convivir tantas veces como espinas del mismo zarzal.
    Me encantaría tener suficientes vidas para conocer y comprender a fondo a los seres que amo, para compartir con ellos el resto de mi vida sin sentir que por ello abandono a todos los demás. A veces quisiera partirme en pedazos y darle un cacho de carne y sangre de mí a todos los que amo... más que como símbolo religioso, como símbolo de una parte de mi vida (que en el fondo pienso, era la verdadera intención de Jesús).
    ¿Qué es lo que no quiero ver entre fragmentos del accidente, las luces del árbol y el charlestón? Que sólo tengo una vida y que tengo que elegir (me pesa elegir) y por ende, descartar todo el resto de las opciones y me voy a morir innegablemente sintiendo que no viví lo suficiente, con sueños por cumplir. Dejaré atrás gente por la que no pude entregar mi vida... y es frustrante. ¡Fuck!
    Es la 1 de la tarde y no sé si lo que no quiero ver es que sí quiero ver, es que sí tengo un poco de ese morbo que juzgo, que si no veo, imagino de todos modos. 
    No quiero ver que es terrible, pero en el fondo no me importa tanto. 
    Mírame, puedo seguir viva sin importar que Paul ya no está, sigoadelante sin Dexter y Choncha y Pablo y Liz y mi mamá y Mariana y Jimena, Fátima, Emmanuel, Mike y mi papá... unos más vivos que otros, pero igual me hacen falta; igual los vivo como si la distancia fuera una pequeña muerte y cada despedida es como un pequeño asesinato para mi.
    No quiero pensar más por ahora, dar tantas vueltas me tortura. Quiero Charlestón, bailar, dejarme ir, lucesitas del árbol de navidad, cantar, un Año Nuevo renovado, más flow y menos límites, más acción y menos ansiedad. Quisiera aprender a vivir más cerca y con menos apego, poder amar y seguir conectada a la distancia... sin que cada adiós sea el símbolo de un asesinato o un suicidio.