miércoles, 29 de enero de 2014
He llorado tantos pedazos del alma que la raíz de mi espíritu debe estar seca.
Ninguna muerte ha sido más fuerte, ningún desierto más desolado, ningún vacío más hueco y sin embargo, de este paraje tan árido despunta una breve esperanza.
A veces me encuentro en los afluentes de mi soledad, a veces, si pierdo el miedo, puedo llegar a conectar con el corazón de la Tierra.
Sola con el alma mía, con este frío deseo de cosas inexistentes. Vuelvo a la órbita de la realidad y me encuentro deshabitada... sin los amigos que tanto espero, sin el contacto del mundo y libre de promesas. Esto es un luto, un lienzo en blanco en mi presente listo para llenarse de otros colores, de los colores de lo incierto que tanto me confunde y sin embargo, está presente todo el tiempo. Soy un hoyo negro en el espacio listo para succionar la vida y la muerte.
Soñé que corríamos por las sombras de un bosque denso e interminable. Corríamos a encontrarnos en un punto iluminado, donde un rayo de sol penetraba el follaje. Nos mirábamos distantes y sonreíamos. Respirábamos hondo, tomábamos impulso... pero había tantas fuerzas intentando separarnos, que en el instante que lográbamos abrazarnos, explotaba el mundo entero a nuestro alrededor.
Me siento inválida del alma, lastimada, maltrecha. Siento que moví montañas por explorar un valle que no era calmo y apacible como prometía, que en realidad era venenosa su agua y helada su sombra. Me siento sola, perdida, con el dolor en carne viva de haber sacrificado el amor por el poema, la verdad por el misterio, la construcción por el breve placer de la demolición...
El tiempo alejada de ti es fatuo, indivisible, inconmensurable;
una roca que perdura en su inmensidad sin que el agua pueda arrastrarla o desvanecerla.
El tiempo si ti se llama ahora eternidad-llaga-muerte lenta que se siente en el confín de los huesos y es sin embargo, larga y densa, arropada de música y suspiros, del dolor madre de todos los dolores, de la sed que no sacian las lagunas y las lágrimas recrean.
Mi vida es como un jardín, cambiante con las estaciones. Se moja y florece, se seca y muere todo deseo e ilusión hasta el retorno de la primavera.
Tengo todo lo que necesito y cohabito con múltiples seres que me cambian, me alimentan, me embellecen, me merman, se alimentan de mí y dan mucho a cambio o no dan nada, pero a todos los amo de diferentes maneras.
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